Testimonio & Valores

Sobornar en defensa propia

María Marta Preziosa

Creéme que me cortaron las piernas.

Diego Armando Maradona, 1994

La hipotética situación en la que un empresario se encuentra frente al dilema de sobornar a un funcionario público para salvar su empresa, siempre vuelve. No sé si a Ud. le pasa, pero ya me empiezo a aburrir. El argumento más utilizado para justificar ese soborno suele ser salvar la fuente de trabajo.

Le confieso que ese sabor repetido en el aula y el olor provocativo de la pregunta me hacen retroceder 63 casilleros. Paciencia. Será la hora de garabatear sobre el tema y ser yo quien haga las preguntas provocadoras.

Le propongo seis.

La primera pregunta es acerca de las causas de este dilema. ¿Por qué llegaste a esta situación de “tener que salvar” la empresa? ¿por el entorno macroeconómico? ¿el mercado internacional? O quizás …¿por no adaptar tu oferta a la demanda? ¿por malas decisiones de negocio? En principio, todo capitalista sabe que los negocios comportan un riesgo.

La segunda pregunta es ¿siempre te importó el empleo de tu gente?, ¿o solamente ahora cuando te encontrás en este dilema? Cortita y al pie. Vos sabrás.

La tercera más que una pregunta es una distinción. La extorsión me pone en un lugar más pasivo que el soborno. El extorsionador me violenta y me exige algo. En cambio, quien soborna busca obtener algo que no le corresponde por derecho moral.[1]

Discépolo diría: “Todo es igual, nada es mejor”. Attenti Enrique. No, no es lo mismo. La voluntariedad es distinta.

Cuarta pregunta y vamos un poco más profundo.

¿Suponés que tu empresa tiene una especie de derecho a seguir existiendo que justifica la comisión del soborno? Las empresas ¿tienen derecho a una vida in aeternum? Hablo de derechos, no de tus deseos. ¿Acaso el capitalismo no implica que, si una empresa no logra ser eficiente en la satisfacción de la demanda, lo natural es que desaparezca?

Quinto. La psicología meritocrática del que trabaja y se esfuerza mucho. Soy quien tiene la mejor empresa y la mejor oferta. Me merezco ganar. Tengo que ganar. No puedo no ganar. Pregunta. ¿Existe un derecho a ganar?

Sexta y última. Cortita y al corazón. ¿Quién soy yo para que este revés no me pueda pasar a mí?

Sobornar implica pagar para obtener algo que no es tuyo, que no te pertenece o no te corresponde.

I´m sorry. Life is not fair. ¿Por qué lo iba ser el capitalismo?

 

[1] Eduardo Schmidt, 1993.

Sobre el autor

María Marta Preziosa

María Marta Preziosa

Dra. en Filosofía por la Universidad de Navarra. MBA por IDEA. Programa de Investigación y Docencia en Ética y Empresa. Facultad de Ciencias Económicas, Pontificia Universidad Católica Argentina

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2 comentarios

  • Excelente Maria Marta. La verdad qué hay mucha gente que nunca le dio un peso a nadie de manera irregular, ni al policía que les viene a hacer la infracción por que estaban evidentemente mal estacionados.

    ¿Héroes? No, lo que debiera ser un ciudadano común, que no es tan común. Gracias por hacernos notar que eso es lo común y no lo otro.