ACDE Hoy

La diversidad de los socios que fundaron ACDE

Escrito por Daniel Martini

“Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad de actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo” (1 Cor 12, 4-7).

 

“En lo esencial, unidad; en lo opinable, libertad; en todo, caridad”. La frase atribuida a San Agustín resume perfectamente el tránsito desde los principios universales que son columnas que sostienen el edificio de toda la Doctrina Social de la Iglesia (el Bien Común, el Destino universal de los bienes, la subsidiaridad, la participación y la solidaridad) a la forma contingente en que cada fiel laico discierne, bajo criterio de prudencia, su aplicación a los casos particulares.

No debe por eso extrañar que, siendo ACDE creada para ayudar a discernir “cuál es el deber de los empresarios en el campo social a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia”, una de las características que sobresalen del grupo de sus fundadores es precisamente, la diversidad de dones, carismas y expresiones.

Diversidad de orígenes

La primera Comisión Directiva de ACDE decidió reconocer condición de fundadores a un total de 67 socios de ACDE. Había, sin embargo, un núcleo duro integrado por los más cercanos al fundador, Enrique Shaw y los primeros motores de la iniciativa.

Con riesgo de alguna exclusión, puede presentarse este grupo como el de los que integraron la primera comisión directiva: Hernando Campos Menéndez, Carlos Saturnino Llorente, Francisco Muro de Nadal, Miguel Alfredo Nougués, Jorge Perez Companc, Basilio Serrano, Julio Steverlinck y Fernando Tornquist.

Sara Shaw dice que la dificultad de aquellos primeros años era que ACDE nació en tiempos de persecución religiosa y que muchos empresarios tenían miedo de participar, por lo que era difícil sumar socios.

Así es que el núcleo duro empieza a sumar a muy cercanos: amigos, familiares (Julio Steverlinck llevó, por ejemplo, a sus hijos y Carlos Saturnino Llorente, a su padre) y también es evidente que los empresarios de grandes grupos llevaban consigo a sus principales ejecutivos. Por ejemplo, Jorge Trucco Aguinaga presenta e incorpora a sus ejecutivos de Sasetru, José Vallarino y Juan Vidal Roselló; Francisco Muro de Nadal a su Gerente General, Mario Luparia y Carlos Perez Companc a su mano derecha en el nacimiento grupo petrolero, Juan Bustos Fernández, entre otros casos.

La Acción Católica Argentina, como seguidamente veremos, fue la principal fuente de la convocatoria de hombres y también se consideró la condición de ex alumnos de los colegios católicos como el San José, Champagnat, del Salvador, de La Salle, entre otros.

Diversidad de compromiso

El libro de socios de ACDE permite constatar que más de la mitad de los fundadores, encarnaron el sueño de Enrique Shaw y lo llevaron en su vida hasta la muerte: el último en partir a la Casa del Padre fue Jorge Steverlynck, que falleció en marzo de 2018. Sin embargo, unos 30 -casi la mitad- dejaron de ser socios en las primeras décadas de la institución, sea por renuncia o por haber sido dados de baja.

Diversidad de miradas eclesiales

Que ACDE nace de los Hombres de la Acción Católica es un hecho que imposible de negar. En la reunión del Consejo Superior de los Hombres de Acción Católica del 4/11/1952, el día después del encuentro fundacional en la casa de Enrique Shaw, Miguel Alfredo Nougués (presidente de la AHAC), anuncia con beneplácito que “los hombres de Acción Católica han fundado una asociación de empresarios católicos”. Y mirando la lista de socios fundadores, quedan pocas dudas que la mayoría de ellos eran Hombres de Acción Católica. Empezando por el propio Enrique Shaw, siguiendo por los grandes dirigentes de la época como Luis Arrighi, Miguel Nougués, Lucas Ayarragaray, Basilio Serrano, Carlos Perez Companc y sin pasar por alto que el padre Moledo alma mater de ACDE durante la primera mitad de la vida de la Institución, era también el asesor nacional de la Acción Católica.

Sin embargo, las actas de la Acción Católica y las revistas de la institución no permiten corroborar que haya existido una decisión institucional fundacional y un seguimiento de su desarrollo explícito, como si es notorio que ocurrió con otras asociaciones como la Liga de Padres y la Liga de Madres de Familia. ACDE, pareció nacer como una prolongación del compromiso temporal personal de los miembros y dirigentes de la Institución.

En todo caso, el debate sobre la vinculación con la AC debió ser intenso porque en la Conferencia donde reseñó el nacimiento de ACDE en el Congreso de UNIAPAC de Lima en 1959, Enrique Shaw afirmaba que una de las dificultades de los comienzos de ACDE fue “que algunos querían vincularla estrechamente a la Acción Católica y a otros les parecía que por razones de fondo o por razones de táctica no convenía que fuera así”.

Diversidad de notoriedad

Entre los socios fundadores de ACDE estaban varios de los empresarios más importantes de la Argentina de 1952 y muchos protagonistas centrales de los años siguientes: los hermanos Perez Companc; los tres socios cuyos apellidos dieron origen al nombre de SASETRU (Salimei, Seitún y Trucco) que fue la firma privada más grande y notable de la Argentina en los años ´60; Jorge Peire, del Trust Joyero; Manuel Escasany, de la joyería homónima; Julio Steverlynck y sus hijos, de la Algodonera Flandria; los hermanos Muro de Nadal, propietarios de la sastrería más importante de Buenos Aires o más cercano en el tiempo, Carlos Dietl que presidió, por muchos años, la Cámara Empresaria Argentina y la Bolsa de Comercio.

Pero sobre las dos terceras partes de los socios fundadores es poco lo que hoy podemos saber. Como en un iceberg, la mayor parte de sus historias permanece oculta y menos de la mitad de los fundadores cruzó el ancho mar de la notoriedad, a través de los últimos 70 años.

Diversidad de miradas políticas

Para la elaboración de esta nota, Sara Shaw compartió una carta que, en 1949, Manuel Vicente Ordóñez (cofundador en 1954 del Partido Demócrata Cristiano en Argentina) le escribió a Enrique Shaw lamentando su negativa a integrarse en el movimiento fundacional del partido político pues manifestaba su voluntad de dedicarse por completo a la constitución de la “Liga católica de dirigentes de empresa” (sic). Los argumentos de Ordóñez eran muy correctos, pero en Shaw había una cierta consagración al propósito de crear una asociación que no podía estar relacionado con un partido político, por más “cristiano” que se proclamara.

Muy en sintonía con lo que el Magisterio define sobre la Doctrina Social Iglesia (nadie puede arrogarse que un partido, un político, un plan económico, un plan de gobierno sea “católico” y que, por ende, los otros dejen de serlo).

Ello, sin embargo, no impidió ni el fundador obstruyó que los socios fundadores fueran activos protagonistas de la vida política y económica en el “tercer cuarto” del siglo XX. Varios protagonizaron activamente la vida pública y lo hicieron siguiendo los avatares del convulsionado tiempo histórico que les tocó vivir en Argentina. Algunos adhirieron a la revolución de 1943 y fueron candidatos y funcionarios del primer peronismo. Casi todos pasaron a la oposición más firme cuando se desató la persecución religiosa en 1955. El nacimiento de la Democracia Cristiana en 1954 pareció ofrecerle a todos un vehículo de participación y muchos fueron fundadores, militantes, dirigentes y candidatos del partido.

Quizás el ejemplo más paradigmático haya sido que dos socios fundadores de ACDE, Lucas Ayarragaray y Basilio Serrano fueron candidatos a presidente por listas separadas en las elecciones de 1958 que, finalmente, consagraron a Arturo Frondizi. Algunos fueron funcionarios del gobierno militar de Onganía en los años ‘60 y otros se integraron con la Democracia Cristiana al FREJULI, para el regreso de Perón en 1973. Algunos fueron dirigentes de la CGE, en los tiempos de José Ber Gelbard. Federico Videla Escalada, uno de los administrativistas más notables del derecho argentino, fue designado juez de la Corte Suprema de Justicia por el gobierno militar de 1976, pero renunció al cargo a poco de haber asumido. Basilio Serrano, en tanto, fue uno de los políticos de la Multipartidaria que trabajó por el regreso de la Democracia entre 1981 y 1983.

Diversidad de miradas económicas

El socio Jorge Salimei, dueño de Sasetru, fue el primer ministro de Economía y Trabajo del gobierno de Onganía. Su plan económico estuvo signado por una política gradualista -a través de acuerdos de precios- para el control de la inflación y un marcado intervencionismo estatal, expresado en el control de cambios. Rápidamente, encontró oposición en la Unión Industrial Argentina que impulsaba la liberalización de la economía y la inversión extranjera. El presidente de la UIA, entre 1967 y 1970, fue su consocio de ACDE, Elbio Coelho Cranwell.

Los socios Max y Rafael Bunge eran los hijos del ya fallecido Alejandro Bunge, cuya prédica sobre el apoyo y protección del Estado para lograr la industrialización del país, su desarrollo y la independencia económica estuvo en la base de la economía del primer gobierno peronista. Bunge fundó la Revista de Economía Argentina que fue dirigida a su muerte por Max y a cuyo abrigo crecieron discípulos como Raúl Prebisch.

El socio Lucas Ayarragaray, en tanto, planteaba en la revista Primera Plana que su política económica -si llegaba a ser presidente- estaría basada “en la libre iniciativa privada y en la función supletoria del Estado; una severa adecuación de los gastos e inversiones públicas a nuestras posibilidades; la creación de concesiones positivas jurídico-económicas para la inversión de capitales extranjeros”.

No había, en ACDE, una sola mirada en lo político y en lo económico.

Conclusiones

Diversos orígenes y diverso compromiso con la Asociación. Distintas miradas sobre la Iglesia, la política y la economía. Diversa notoriedad. Nada de eso afectaba la unidad que no era uniformidad ya que, como consigna el Acta de Constitución de ACDE, la Asociación no tiene más ambición “que esforzarse en la difusión y la vida de la Doctrina Social de la Iglesia” y porque “nada importa tanto a los Fundadores, como dar testimonio que para el hombre y los problemas contemporáneos hay un Camino, una Verdad y una Vida enseñados en el Evangelio”.

Y ya sabemos que la Doctrina Social de la Iglesia no genera soluciones técnicas, partidos políticos o planes económicos católicos, sino que pretender iluminar el trayecto que va desde los principios universales a las acciones contingentes que corresponden al discernimiento en conciencia de los fieles laicos.

Sobre el autor

Daniel Martini

Director ejecutivo de la Asociación de Distribuidores de Gas (ADIGAS). Socio de ACDE desde hace 25 años, dirigente de la Acción Católica Argentina y ex Director del Departamento de Laicos de la CEA.

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