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A propósito de la visita del Papa León XIV

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Hay acontecimientos que, con el paso del tiempo, se vuelven parte de la identidad de una institución. Para ACDE, el encuentro de san Juan Pablo II con los empresarios argentinos en el Luna Park durante su visita de 1987 es, sin duda, uno de ellos. Quiénes lo vivieron conservan un recuerdo imborrable; quienes llegamos después lo recibimos como parte de una historia que también sentimos propia.

Tal vez por eso, ante la próxima visita de León XIV a la Argentina, resulta inevitable que aparezcan recuerdos, comparaciones y hasta cierta añoranza por aquel momento de exclusiva y hasta diría íntima comunión con el sucesor de Pedro. Es comprensible. Un Papa que dedica un encuentro exclusivo al mundo empresario y ACDE, con un rol protagónico central en él. Las instituciones también tienen memoria.

Pero una cosa es tener memoria y otra muy distinta vivir de la nostalgia.

Pensando en estos días recordé algo mucho más doméstico. Mis abuelos hablaban del Congreso Eucarístico Internacional de 1934 como de uno de esos acontecimientos irrepetibles que habían marcado una generación. Muchas décadas después, para algunos de nosotros, aquel Luna Park de 1987 ocupa, quizás, un lugar parecido. Son hitos que permanecen porque expresaron de una manera excepcional la fe y la vida de la Iglesia en un determinado momento histórico.

El riesgo aparece cuando pretendemos repetirlos.

La Argentina de 2026 no es la Argentina de 1987. Tampoco la Iglesia es la misma. Ni ACDE es la misma. Han cambiado las formas de participar, las sensibilidades sociales, el vínculo de las personas con las instituciones e incluso el modo de ejercer el liderazgo. La propia visita de León XIV de tres días, tendrá características diferentes de aquella extensa recorrida de Juan Pablo II por nuestro país a lo largo de una semana. Compararlas como si una debiera reproducir a la otra probablemente nos impediría descubrir qué tiene Dios para decirnos en este tiempo.

Francisco insistió mucho sobre esta tentación cuando advertía que no debemos «mirar hacia atrás con nostalgia, quedándonos estancados». La memoria cristiana, explicaba, no está destinada a inmovilizarnos sino a despertar gratitud y permitirnos acoger el presente como gracia.

Me parece una clave para vivir la visita de León XIV.

Recordar aquel Luna Park debería ayudarnos a agradecer, no a añorar reconstruirlo. Honrar a quienes hicieron posible aquel encuentro no significa intentar ocupar hoy los mismos lugares que ellos ocuparon entonces. Una tradición está verdaderamente viva cuando es capaz de inspirar respuestas nuevas frente a realidades nuevas.

Quizás nuestra primera disposición frente a la visita del Papa León debería ser, precisamente, la de recibirla como un regalo. Somos nosotros los primeros Bienvenidos. “Bienvenidos todos. Vayan y anuncien” es el lema elegido y nos debe interpelar en primera persona.

Tenemos una historia importante dentro de la Iglesia argentina y una misión específica en el mundo empresario. Esa historia nos da responsabilidad, pero no necesariamente para ocupar espacios sino para iniciar procesos, como le gustaba decir al Papa Francisco.

Ante un acontecimiento excepcional existe siempre la tentación de discutir lugares, precedencias, invitaciones, fotografías o cercanías. Es humano. Pero tal vez esta visita nos ofrezca justamente la oportunidad de recorrer el camino inverso: ensanchar la mesa y estar entre los argentinos que reciben al Papa como los que servimos.

Sentirnos Bienvenidos en primera persona, hacer que todos se sientan bienvenidos, promover la figura de nuestro querido fundador Enrique Shaw y hacer que la visita sea punto de partida para un gran movimiento evangelizador del mundo del trabajo en Argentina: “vayamos y anunciemos”.

Que podamos seguir caminando junto con otras organizaciones, movimientos, comunidades, empresarios, trabajadores, jóvenes y personas que quizás nunca participaron de nuestras actividades.

Caminar con otros no disminuye nuestra identidad. La fortalece. Porque obliga a recordar para qué existimos. ACDE no nació para ocupar sillas cercanas al poder —religioso, político o económico— sino para ayudar a que hombres y mujeres de empresa puedan vivir su vocación cristiana y poner su capacidad de conducción al servicio del bien común.

“Que se promueva la Doctrina Social de la Iglesia, tal como la enseñan los Romanos Pontífices” dice nuestra acta fundacional. Esa misión estaba vigente en 1987, cuando el Papa era san Juan Pablo II y continúa vigente hoy, cuando -casi cuarenta años después- nos visita el Papa León.

Por eso, quizás la mejor manera de ser fieles al Luna Park no sea intentar repetirlo sino leer el tiempo que nos toca vivir, comprender lo que la Iglesia nos pide y ponernos a su disposición y al servicio.

Ojalá podamos recibir a León XIV con esa actitud: abriendo procesos y no ocupando espacios, agradecidos por nuestra historia, plenamente encarnados en nuestro presente y abiertos a las “cosas nuevas”, las “rerum novarum” que tendrán esta visita como punto de partida.

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