Sobre la filosofía profunda de Shaw frente a la ley de la selva actual.
1.Enrique Shaw y la sangre obrera en sus venas en la Argentina industrial del pasado
Enrique Shaw, orgulloso de dejar este plano “con sangre obrera recorriendo sus venas”, supo cómo nadie aunar la fe cristina con la vocación emprendedora. Ahora bien, el contexto histórico de su ejemplar carrera fue el de la Argentina industrial pujante de 1940 a 1975. Destaquemos tres cuestiones:
a) Que un “país de clase media” de dimensiones poblacionales como la de Argentina es posible si hay industria, mercado interno y salario real todos pujantes, con lo cual Perú no puede ser un modelo.
b) Que los países prósperos tienen importantes regulaciones y no puede cualquiera “hacer lo que quiera”,
c) Que debe haber compromiso empresario en lo tocante a empleabilidad y bienestar de los trabajadores.
2.Desarrollo industrial, clase media, valores e integración social
Hablar sin mucho rigor de “ciudadanía” o “gente” es asumir implícitamente la existencia de mínimas condiciones de dignidad características del individuo de “clase media”. No obstante, en la realidad de las mayorías, la persona rodeada o abrumada por pobreza, violencia y/o marginalidad, de modo edulcorado catalogada como “vulnerable”, está lejos de percibirse “ciudadano con derechos”. De hecho, hoy el nivel de endeudamiento familiar para pagar gastos corrientes es crítico y se vive en la urgencia del día a día, testimonio de lo cual dieron incluso algunos panelistas (“la incertidumbre es total”, “vivimos con problemas de caja”) en el maravilloso encuentro anual de ACDE el pasado 10 de junio de 2026. La población no puede esperar 45 años para “tener el nivel de vida de Irlanda” como dijo el primer mandatario hace dos años.
Ha sido la industria nacional la que generó el “efecto derrame” para un pujante mercado interno -claramente como las automotrices que generaban autopartistas de pequeña escala- que posibilitaba el bienestar material de la mayoría de la población. Con gran desigualdad no puede pues haber integración social y unidad moral en las familias, los barrios y el país en su conjunto.
Por todo ello Enrique Shaw abogaba en los hechos por una empresa como “comunidad organizada”, económica y moral, pero sin populismos ni demagogia de ningún tipo. Hoy en cambio en una Argentina muy dividida parecemos atrapados entre dos clichés: “liberarnos de los gorilas” y “la gente prefiere el dólar”. En la Argentina industrial, la “célula económica” de la sociedad, tal como la de la moral es la familia, era la pyme metalmecánica, de pocos empleados (“el tallercito”), que desde 1976 en adelante fue perdiendo aceleradamente su peso y significado hasta estar ya casi completamente desdibujada.
3.Desregulación económica y desprotección social: ¿un “mal necesario”?
Sobre la base de un ajuste sin fin, una estabilización de la inflación y la moneda (mantenidas con mayor endeudamiento, es decir corriendo la basura bajo la alfombra), con consecuencias recesivas, se plantea que la desregulación económica y la desprotección social son males necesarios para un mejor futuro a largo plazo. Surgen no obstante muchas dudas respecto de esta “nueva” propuesta de tintes fiscalistas.
Ante todo, en el plano discursivo el gobierno actual se propone -una vez más- “refundar” la Argentina, como si toda nuestra historia hubiera sido un “gran error populista” desde Yrigoyen en adelante, excluyendo en la volada todo valor solidario y reivindicando un utilitarismo a ultranza, que el mismo Adam Smith condenaba en sus últimos escritos en 1790. Se vendió así con éxito un proyecto “de largo alcance” a contramano del capitalismo global en donde la incertidumbre es total y ningún país -salvo China, un capitalismo con un Estado omnipresente en muchos sentidos totalitario y policial- proyecta a largo plazo.
La “revolución liberal” fue un buen producto de marketing, pero en los hechos económicos y en las proyecciones dista mucho de traer mejoras. Tomamos dos notas de personas y periódicos afines al cambio de rumbo planteado en 2024. Alejandro Díaz, CEO de Amcham, en una nota de mediados de abril de 2026 donde manifiesta que por primera vez desde 2011 se está yendo en el camino correcto indica que:
– No habrá inversiones significativas en los próximos años y no habrá ninguna mejora en 18 meses.
– Que esas inversiones solo afectarán a cuatro sectores dejando afuera a más de veinte, y que esos cuatro sectores no traccionan el consumo y el empleo.
– Que aumentará la vulnerabilidad social (pobreza, marginalidad) en los próximos años.
Esto implica que no habrá “efecto derrame” sobre la gran mayoría de la población que vive en áreas urbanas (AMBA, Rosario y Gran Rosario, La Plata y Gran La Plata, Córdoba y Gran Córdoba) y que su situación incluso empeorará.
Asimismo, en una nota del diario La Prensa, de Florencio Aldrey, verdadero emprendedor marplatense, se expresa algo muy similar e indica además desde el ámbito empresario que solo un 3% aumentará sus dotes de personal mientras 17% lo piensa reducir.
Por último, el RIGI y el “super RIGI” permiten que las inversiones en sectores mineros terminen conformando un verdadero saqueo de recursos sin contrapartida en términos de ingresos para el Estado y/o de empleo estable en cantidad y de calidad, beneficiando incluso en términos impositivos a proveedores que traigan todo del exterior frente a la producción nacional.
Concluimos con unos planteos “shawianos” para intentar salir de esta grieta “aperturismo/ proteccionismo”: ¿No sería mejor incluir a sectores mercado-internistas y exportadores, aunque ello implique tal vez “pagar más caro e importar un poco menos” y evitar que una desprotección total no termine dejando un páramo socio-económico imposible de revertir? Difícil.

