Para empezar a ser ACDE Luz: así cerramos la convivencia del Grupo G+ en la mañana del sábado 19 de septiembr. Al proponer realizar una primer compartida sobre los cinco temas que nos plantea este año la agenda de ACDE LUZ con Agustina Paz, lo hicimos inspirados en el camino que nos dejó Enrique Shaw.
Primero la identidad, después la misión
La invitación a ser misioneros en Cristo es salir en la búsqueda de las personas. Es portar una luz y, a veces, llegar a ver cómo se refleja en la cara del otro cuando le llega. Por eso la identidad precede a la misión: como Enrique Shaw, nuestra misión nace en Cristo. Más que nuestras obras, Dios quiere nuestro corazón, y de ese corazón entregado nace el fruto en el quehacer empresario.
Por eso, todo comienza sabiéndonos protagonistas de nuestra vida, pues debemos prepararnos y fortalecernos internamente para dar nuevo significado a mi momento vital, dejando que la evolución de mi contexto y mi propósito personal se encuentren, pues si no comienzo por cuidar de mi mismo, no podré hacerlo con los demás
La mañana de la convivencia nos fue preparando para poder dejarme iluminar y generar mis conversaciones interiores, y a partir de esa alegría personal, poder sentirme portador de la luz y comenzar esa misión.
Y al hablar de destinatarios, siempre son personas consideradas desde sus cinco dimensiones: espiritual, emocional, profesional o vocacional, social y comunitaria, y material, pues el desarrollo auténtico “no se reduce al simple crecimiento económico”: debe promover a todo hombre y a todo el hombre (Populorum progressio 14).
Y una empresa tiene un enorme efecto multiplicador, porque sus familias, proveedores y redes forman un terreno fértil, que nos invita a animarnos. E iniciamos así la compartida de los temas de la agenda:
1. Preparando mi próximo partido
La pregunta de fondo es qué espera la vida de mí. Como decía Viktor Frankl, el hombre no inventa el sentido de su vida: lo descubre, y es un proceso continuo. Somos parte de un sistema, en el cual se gestionan y tensionan mi organización o negocio con su contexto, y mi grupo humano directo es impactado por ese juego de tensiones, en dialogo con mi propia armonía interior (mis expectativas, potencial, prioridades, historia, propósito, valores y fe). Y esto pasa en un continuo de desestabilización periódica, con lo que ¡de nuevo a buscar el equilibrio!
Y como todo está en permanente movimiento, ¿Por qué no tomar la resignificación de mi momento vital como una disciplina permanente, amable, creativa, en la cual yo procure sacar mi mejor versión, la posible?
¿En qué momento de la vida se dan estas conversaciones?: en toda la vida adulta, desde el primer empleo hasta el post retiro.
Al compartirlo quedó una palabra: agradecer. Partiendo de la sonrisa y el saludo, ayudar a otros a soltar la carga y mirar lo bueno, re-aprender a agradecer y disfrutar el nuevo significado que tienen por delante, escuchando y conversando para recombinarnos con creatividad.
2. Liderar en la incertidumbre
La incertidumbre es nuestra nueva cotidianeidad. Agus Paz nos invitó a entender lo que alguien llamó un “mundo turrón”, con texturas y colores que no terminamos de definir, y una inteligencia artificial que acelera la complejidad. Hablamos de ser faro, pero hoy quizás sea más gráfico ser linterna, que acompaña de a poco a quienes vienen detrás y nos miran.
¡Tomemos sin temor la linterna, aprendamos y empecemos a enfocar como líderes de nuestras organizaciones, los que nos van siguiendo, como esa linterna que nos va acompañando de a poco y vienen todos atrás nuestro y nos están mirando!
Fue concenso durante la jornada el desafío de dejar de “controlar todo”, y ese perfil de liderazgo es hoy pasado. Liderar así no es controlarlo todo, sino hacer buenas preguntas a personas distintas de uno, porque mi capacidad de entender por mi solo esta complejidad es limitada. La Iglesia lo ancla en la certeza bautismal de ser sacerdote, profeta y rey: liderar es decidir e iluminar, gobernando los propios apegos para servir en libertad. Los destinatarios son quienes nos confiaron su conducción y quienes vienen detrás: equipos, socios, sucesores, empleados y sus familias.
3. Emprendedores, organizaciones y ecosistemas
Al incorporar la IA, las empresas revisan hoy su tamaño al ver el impacto en ciertas tareas cognitivas. En paralelo, el empleo freelance y emprendedor se multiplicó por siete en veinte años. Entre founders, solopreneurs y companies of one, surgió una pregunta: ¿el emprendedor solitario está realmente solo o es un agente clave dentro de una red? Si el activo que teje el entramado ya no es el poder sino la confianza, ¿cómo somos constructores de confianza?
Gestionemos con creatividad las tensiones: ¿No es momento de que las grandes empresas, exitosas en un mundo que ya cambió, aporten flexibilidad y humildad para dar oportunidad a los nuevos actores? Y a los emprendedores, acostumbrados a gestionar solos y a vincularse por redes ¿no debiéramos invitarlos a descubrir cuánto suma la mirada de un par: una gran idea puede mejorar si otros la escuchan? En ambos lados, la humildad de despojarse de la pretensión de saberlo todo, y valorar a las personas no solo por lo que producen, sino por lo que aportan desde sus valores. Dejar de decir para estar dispuestos a recibir.
Y recordamos que esto exige la “tierra fértil” trabajada antes: dejarnos sorprender, confiar, reconocernos vulnerables, pedir ayuda. Magnifica Humanitas lo respalda: la verdad del Evangelio no se impone desde arriba, crece en el entretejido de vidas y culturas, y acoge la diversidad en lugar de temerle. La Iglesia considera compañeros de camino a todos aquellos que buscan sinceramente «la verdad, la bondad y la belleza», considerándolos «preciosos aliados» en la defensa de la dignidad de cada persona y en la custodia de la creación.
4. Empleabilidad futura de las personas
Nos interpela a todos, primero a nosotros. ¿Qué capacidades necesitamos desarrollar, nosotros y nuestros equipos? ¿Estamos teniendo las conversaciones difíciles? Quizás no podamos garantizar puestos, pero sí trabajar la empleabilidad: dejar a cada persona mejor preparada y más atractiva para el mercado, sea como empleado o como emprendedor. Las capacidades en juego no son solo técnicas, sino socioemocionales. “Si evitamos esas conversaciones porque nos incomodan, no usamos nuestro tiempo, sino el tiempo de cambio del otro”
La encíclica pide gestionar la transformación de manera proactiva: que la IA y la automatización vengan acompañadas de medidas verificables de protección del empleo y recualificación, y que la dignidad del trabajo forme parte de los indicadores de éxito.
Entendimos la importancia de partir de ser conscientes de la vulnerabilidad de las personas. El punto de partida de cada persona es donde realmente está, no donde querríamos que estuviera, y cada conversación es distinta: ¿quién es el otro, ¿cuál es la esencia, cuál es su propósito, de dónde parte?, todo como parte de una conversación honesta y contenedora, pues en tiempos de vulnerabilidad, hablar de Cristo da tranquilidad, porque quien escucha sabe que tiene enfrente a alguien sensible a su situación. Esas conversaciones difíciles, se dijo, deberían tener prioridad, empezando por las de casa.
5. Cristo me llama a misionar
El mundo de la empresa y del trabajo es campo de misión. Como los destinatarios son muy distintos, cabe hablar como San Pablo a los gentiles: reconociéndolos donde están, en un lenguaje que entiendan, gradual pero fiel al anuncio. Aparecida nos invita a una misión sin fronteras que incluye plenamente el mundo del trabajo.
Nos cuesta hablar de Jesús o de Dios, pero comencemos. La confianza se gana cuidando la dignidad, ofreciendo buenas condiciones, acompañando el desarrollo profesional y, sobre todo, escuchando: hoy la gente está inquieta, y que la escuchen es un acto generoso. Las conversaciones sobre la fe pueden nacer de un “¿qué hiciste el fin de semana?” con respuesta “me fui a un retiro”, o de un gesto en la oficina que, tras veinte años, revela que dos colegas rezaban sin saberlo.
La clave es que el destinatario es quien da sentido y orden a la misión, y siguiendo el camino de San Pablo, atentos a “revestirnos del amor, que es el vínculo de la perfección”. El propuso “no tomar como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.”

