Debo ser un buen profesional para ser un mejor apóstol”. (1)
Tu exuberancia, tu sentido del humor, tu honestidad y la fe que has provocado en mí significaron mucho más para mí que todo lo que he leído en Harvard”. (2)
Carta de un compañero de Harvard a Enrique.
Enrique Shaw y Santa Teresita
Es difícil leer a Enrique y pensar que uno puede estar a su altura. Lo mismo me ocurrió con Santa Teresita. Imagino que es algo común para la mayoría de quienes se zambullen en las aguas insondables de la vida de cualquier santo. Podríamos considerarlos superhéroes y heroínas que realmente vivieron. En estos relatos la magnitud de sus logros los precede y se hace difícil verlos como simples personas, que nada sabían de ser santos. Personas que entregaron sus vidas a Dios, superaron inclemencias y temieron, dudaron, sufrieron, se perdieron y volvieron a encontrarse, como tantos otros, sin saber que un día serían llamados santos. Quizás alguno pudo llegar a intuirlo. Santa Teresita lo pidió cada día de su vida, ella quería ser santa. Y contra todo pronóstico, o no, lo logró. Hoy es habitual pensar en ella como Doctora de la Iglesia.
Si por un instante volvemos en el tiempo, y nos situamos en Francia, más precisamente en un sencillo monasterio de Lisieux, donde incontables mujeres han dedicado su vida a Dios a través de los años, y nos encontramos con una joven novicia llamada Teresa, más allá de su amabilidad, de la que mucho se preocupó por desarrollar, no podríamos tener ningún indicio que nos alertara de que nos encontramos frente a una de las futuras santas que llegaría incluso a ser nombrada “doctora de la Iglesia”. Apenas lograríamos recordarla luego de nuestra visita. Ella logró llegar a Jesús a través de sus pequeños actos, que ocultaban el mayor de todos los actos: Su profundo amor y entrega a Jesús. Su deseo ardiente de entregar su vida a Dios, dispuesta incluso a despojarse de ella para poder acceder al cielo. Y ya lo dijo Jesús: “quien pierda su vida la ganará” …
Me gusta imaginar un encuentro entre Enrique y Teresita, una conversación de dos almas elegidas para amar, que comprendieron que el mejor modo de amar a Dios y a Jesús es amando, cuidando y poniéndose al servicio del prójimo.
Dios quiera que cada uno de nosotros podamos aprender de ellos.
Referencias:
1). Enrique Shaw el Apóstol de los empresarios – pag.85 – Edit: Catarsis – Nunzia Locatelli/ Cintia Suárez
2). Enrique Shaw el Apóstol de los empresarios – pag.87 – Edit: Catarsis – Nunzia Locatelli/ Cintia Suárez

