Hay una frase que se repite entre educadores, empresarios y funcionarios que trabajan el territorio, y que resume mejor que cualquier estadística el desafío que tenemos por delante: hay pobreza simbólica en quienes han internalizado el “yo no puedo”. Ese “no puedo” no nace solo; se construye, capa por capa, cuando un chico de ocho años no comprende lo que lee, cuando una escuela no tiene conexión a internet, cuando el talento está en todos lados, pero las oportunidades no.
Y, sin embargo, ahí mismo está la buena noticia: si el “no puedo” se construye, también se puede desarmar.
La salida es juntos
En la última Jornada de Sustentabilidad de ACDE escuché historias que confirman algo que muchos intuimos, pero pocas veces ponemos en palabras: la educación dejó de ser un asunto exclusivo de la escuela y del Ministerio. Es una responsabilidad compartida entre el gobierno, la comunidad, la empresa y la familia. La salida es juntos, o no es.
Cuando la empresa se anima a formar
Me quedó grabado el caso de ACINDAR en Villa Constitución. Cuando la industria llegó a una zona agrícola sin gente capacitada, la respuesta no fue esperar que “el sistema” formara talento. Fue crear una fundación propia para capacitar y entrenar. Lo mismo cuenta Arbusta, que trabaja el primer empleo en contextos vulnerables, porque no alcanza con enseñar habilidades técnicas, ahí es donde los jóvenes aprenden en equipo, se animan a innovar y a equivocarse, es donde florece el verdadero liderazgo. La learning agility – la capacidad de aprender haciendo, de adaptarse – resulta hoy más decisiva que cualquier conocimiento técnico aislado.
¿El futuro depende del código postal?
También resonó fuerte una pregunta de UTEC: ¿el futuro de un chico está determinado por su código postal? La respuesta que propone Vaca Muerta, con la industria metida literalmente en el aula, es que no tiene por qué serlo si estamos dispuestos a mantener la articulación viva entre el mundo productivo y el educativo, y a que ese aprendizaje permee más allá de una sola industria o región.
Lo básico no es lo mínimo
Porque no nos equivoquemos, sin una base sólida, sin comprensión lectora, sin matemática, no hay lógica, no hay educación financiera, y tampoco hay forma real de entender ni de usar la inteligencia artificial que ya está transformando el trabajo. Lo básico no es lo mínimo, es lo que sostiene todo lo demás.

