Cuando vivimos la pandemia del COVID19, trabajando para sostener operaciones empresariales y vínculos personales, en un contexto que cambiaba varias veces en el día, comenzamos a darnos cuenta de que habíamos cruzado una línea. Negocios, organizaciones y personas se relacionaron distinto desde allí, se rompieron asimetrías y todo a partir de allí se transformó en reconfiguración continua, inestable y acelerada, emergiendo nuevos disruptores desde el blend de tendencias sociales y tecnológicas emergentes.
Al tomar el desafío de escribir ¿Hay Futuro!, Liderando desde la Incertidumbre, el libro que publicamos en mayo con TEMAS Grupo Editorial, quise que fuera una respuesta propositiva a la incertidumbre que recorre por igual a organizaciones y personas, porque nunca estuvieron tan ligados a similares riesgos y oportunidades ambos, pues en un escenario de incertidumbre constante y obsolescencia acelerada de negocios y skills personales, el liderazgo empresarial estará condicionado a la inversión en las meta competencias de las personas que las componen, y eso le da a las personas empleabilidad.
Ante la aparición de la carta encíclica Magnifica humanitas del Santo Padre León XIV sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, quise compartir algunos aspectos de la misma que nos ayuden en este camino, como son fragmentos, referenciamos la numeración donde puede encontrarse el texto completo de la carta encíclica.
- Contexto
Partimos de un contexto de incertidumbre y con características inéditas, tanto por el poder que la humanidad tiene sobre si misma, por la velocidad que la iniciativa privada le brinda a su evolución y por la vulnerabilidad a la que expone conjuntamente a organizaciones y personas, pues obliga a escribir reglas nuevas e inéditas.
- “Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma». Las nuevas tecnologías abren un horizonte que se extiende en direcciones que, aunque intuibles, aún no podemos prever por completo. Esto hace que sea más complejo evaluar su impacto y sus efectos a largo plazo sobre la dignidad de las personas y el bien común”. (4 CEMH)
- “En el pasado, eran principalmente los estados los que impulsaban y orientaban la innovación. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente “privadoˮ, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común.” (5 CEMH)
- “Precisamente por eso se imponen en nuestra conciencia preguntas decisivas, que ya no pueden eludirse: ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos? “ (6 CEMH)
2 – Criterios que nos guían
En el camino de desarrollar la empleabilidad, resultan particularmente esclarecedores cuatro aspectos que podemos asumir como criterios guías para el camino.
- Pongamos al ser humano como centro:
- “Absolutizar una sola dimensión del ser humano es siempre erróneo. Así, la inteligencia, si se absolutiza, termina por velar otras dimensiones esenciales de la vida: el afecto, la voluntad, la entrega y la relación” (111 CEMH)
- “La calidad de una civilización se mide no por el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer, por la capacidad de reconocer un rostro en el otro y no una función. La capacidad de saber cuidarnos los unos a los otros es una dimensión importante de nuestro ser humano. Esta capacidad se aprende y se perfecciona con la experiencia”. (111 CEMH)
- “Todo lo que representa un “límite —incapacidad, enfermedad, ancianidad, sufrimiento, vulnerabilidad— tiende a ser leído principalmente como un defecto que hay que corregir, más que como un espacio en el que el ser humano madura y se abre a la relación. En cambio, debemos recordar que el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite”. (116 CEMH)
- “Como explicaba el Papa Francisco, «llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero». (…) Para un algoritmo, el error es algo que hay que corregir; para una persona, puede ser el inicio de un cambio profundo” (126 CEMH)
- La amabilidad como lenguaje. ““Edificar en el bien significa aceptar los límites y la fragilidad de la humanidad sin considerarlos un error que haya que corregir.” (11 CEMH). “Requiere un lenguaje evangélico. Evitemos las palabras que humillan o enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos. No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles. Más bien, indiquemos criterios de discernimiento (…) y traduzcámoslos en prácticas (…).” (13 CEMH)
- Gestionemos las tensiones. “la verdad del Evangelio no se impone desde lo alto, sino que crece con el tiempo, en el entretejido concreto de las vidas, las comunidades y las culturas. Es una verdad que no teme a la diversidad, sino que la acoge y la ordena; que no elimina los conflictos, sino que los transfigura; que recompone lo que la historia tiende a dispersar”. (24 CEMH)
- Adoptemos la colaboración como camino. “Hoy, reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad.” (10 CEMH). “Las tensiones y las diferencias no deben intimidar; pueden convertirse en energías creativas cuando están orientadas por una responsabilidad compartida.” (12 CEMH).
3 – Un camino de discernimiento comunitario
No pidamos claridad antes de comenzar, pues el camino sugerido es el del discernimiento comunitario, el que se irá aclarando al andar, como resultado de las buenas conversaciones.
- “La Doctrina social de la Iglesia se muestra en su faceta más auténtica: no es un manual de principios y normas que hay que aplicar, sino un camino de discernimiento comunitario. Nace del encuentro entre la verdad eterna del Evangelio y las preguntas de la historia, se deja interpelar por los signos de los tiempos; se nutre de la contribución de las ciencias, las culturas y las experiencias humanas” (26 CEMH).
- “La Iglesia considera compañeros de camino a todos aquellos que buscan sinceramente «la verdad, la bondad y la belleza», considerándolos «preciosos aliados» en la defensa de la dignidad de cada persona y en la custodia de la creación. (22 CEMH)
- Las innovaciones tecnológicas —incluida la inteligencia artificial— no son neutrales; (…) han de ser examinadas con una pregunta decisiva: ¿contribuyen realmente a hacer crecer a las personas y a los pueblos en humanidad y fraternidad, en el respeto a la Casa común y a las generaciones futuras?” (83 CEMH)
- “Trabajar juntos en pos del bien de todos significa tener un proyecto compartido”. (61 CEMH)
4 – Empleabilidad en tiempos de IA
La Carta Encíclica nos advierte a tener en cuenta distintos aspectos concretos en la aplicación de la IA en relación a la empleabilidad. Y resulta particularmente claro lo expresado en el 154, donde insta a anticiparnos en la transformación del talento para brindarle empleabilidad futura.
- “Cuidar el riesgo de la “des especialización” de la persona, diseñando sistemas centrados en la persona y no sólo en el rendimiento”. (148 CEMH).
- “No basta con reaccionar cuando desaparecen los puestos de trabajo, sino que es necesario gestionar la transformación de forma proactiva. Una forma viable consiste, en primer lugar, en establecer criterios sociales para la innovación: toda introducción de automatización y de IA debería ir acompañada de medidas verificables de protección del empleo, de recualificación y de participación de los trabajadores, para que la tecnología se oriente a liberar tiempo y capacidades humanas, no a generar exclusión.
En segundo lugar, es necesario que políticas activas hagan accesibles a todos la formación continua y las transiciones profesionales, sin descargar sobre los individuos todo el coste de la adaptación a las transformaciones.
Por último, se necesita una responsabilidad empresarial que incluya la calidad y la dignidad del trabajo entre los indicadores de éxito” (154 CEMH).
- “La Doctrina social de la Iglesia propone una responsabilidad compartida. Pide que estos procesos sean gestionados con visión de futuro: por instituciones capaces de regular sin asfixiar y de proteger sin suplantar; por empresas que reconozcan en el trabajo y en la dignidad un criterio de éxito; por organismos intermedios y comunidades educativas que reconstruyan la confianza y los vínculos; por ciudadanos que cultiven la responsabilidad, la sobriedad, el discernimiento y el sentido de la verdad. “(154 CEMH).
5 – Conclusión: somos nosotros
Las primeras preguntas son las que van dirigidas a nosotros mismos. Como empresarios, líderes, consultores, protagonistas y trabajadores en general, los tiempos inmediatos pondrán nuestro coraje a prueba. Y aquellas personas que tenemos “mayores opciones” debemos asumir riesgos y desafíos. Son momentos “founder”, pues si nuestra creatividad se pone al servicio de “crear valor nuevo”, ese valor requerirá empleabilidad.
Por el contrario, si todo nuestro saber se concentra en como reemplazar lo que llamamos “tarea de bajo valor”, podremos ser afines a los objetivos de una sustentabilidad de corto plazo de negocios, pero eso ni se acerca a los mínimos esperables de nuestras capacidades.
Nunca mejor dicho: “somos nosotros”, los que decidimos.
Para acompañarnos en esta tarea, tomo un ultimo punto de la carta encíclica para compartirles, mientras me hago a mi mismo las preguntas
- “Interrogarnos sobre esta alternativa de progreso y sobre nuestro modo de interpretarlo y vivirlo significa siempre, a fin de cuentas, examinar también nuestro corazón. De hecho, el modo en el que pensamos y estructuramos las relaciones, el trabajo y las instituciones, manifiesta nuestros valores fundamentales y, en definitiva, nace de lo que tenemos en el corazón. Es un amor que nos guía: aquello que amamos realmente, como individuos y como sociedad, orienta nuestra vida y nuestras acciones” (128 CEMH).

