La Resolución Técnica N.º 60 y su diálogo con el humanismo cristiano plantea en Argentina una auspiciosa novedad profesional.
La aprobación de la Resolución Técnica N.º 60 (RT 60) por parte de la Federación Argentina de Consejos Profesionales de Ciencias Económicas (FACPCE) en septiembre de 2025 constituye un paso relevante en la evolución de la normativa profesional vinculada a la sostenibilidad en la Argentina. Su entrada en vigencia, prevista para los ejercicios económicos iniciados a partir del 1º de enero de 2027, sin perjuicio de su adopción anticipada por quienes así lo decidan, marca el cierre de una etapa inaugurada por su predecesora, la Resolución Técnica N.º 36 (RT 36). Al mismo tiempo, supone la apertura de un nuevo enfoque en la forma de concebir, preparar y comunicar la información no financiera de las organizaciones.
Ahora bien, la relevancia de la RT 60 no se agota en su contenido estrictamente técnico. Por el contrario, la norma emerge en un contexto global signado por la crisis climática, la profundización de las desigualdades sociales, la pérdida de confianza en las instituciones y una creciente exigencia de transparencia por parte de la sociedad. En este escenario, la sostenibilidad deja de ser una cuestión marginal para convertirse en un eje central del debate económico y ético contemporáneo. En consecuencia, resulta pertinente interpretar la RT 60 no solo como una actualización normativa, sino también como una oportunidad para repensar el sentido de la actividad empresaria y del ejercicio profesional a la luz del humanismo cristiano.
Para comprender este giro, resulta necesario recuperar el recorrido normativo previo. En este sentido, la RT 36, emitida en 2012 bajo la denominación de Balance Social, respondió a una etapa inicial del desarrollo de la información no financiera en la Argentina. En su momento, representó un avance significativo al reconocer la necesidad de transparentar los impactos sociales y ambientales de las organizaciones. Sin embargo, durante más de una década, dicha norma no fue objeto de modificaciones sustanciales, lo que derivó en un progresivo desfase frente a los avances internacionales en materia de sostenibilidad, particularmente en lo referido a la integración de la información ambiental, social y de gobernanza (ASG) con la estrategia y el desempeño económico-financiero de las organizaciones.
Frente a este escenario, la RT 60 surge precisamente como respuesta a dicha brecha normativa. Uno de sus aportes centrales es el abandono de la noción restringida de balance social y la adopción del concepto más amplio de información sobre sostenibilidad. Este cambio conceptual resulta profundo, en tanto implica reconocer que la sostenibilidad no constituye un apéndice de la información contable tradicional, sino una dimensión transversal que atraviesa el modelo de negocio, la gestión de riesgos, la estrategia organizacional y la relación con los distintos grupos de interés.
En coherencia con este enfoque, la RT 60 admite como marcos aceptables para la preparación de información sobre sostenibilidad a los Estándares GRI (Global Reporting Initiative) y a las Normas NIIF de Revelaciones sobre Sostenibilidad (NIIF-S). Esta decisión alinea la normativa argentina con las mejores prácticas internacionales y permite articular dos enfoques complementarios: por un lado, el enfoque de impactos sobre la sociedad y el ambiente, propio de los GRI; por otro, el enfoque de riesgos y oportunidades financieras, característico de las NIIF-S. La interoperabilidad entre ambos marcos habilita una comprensión más integral de la sostenibilidad y refuerza el principio de doble materialidad, cada vez más presente en el debate global.
En continuidad con esta lógica integradora, otro rasgo distintivo de la RT 60 es la flexibilidad que introduce en la presentación de la información. En efecto, la norma admite tanto informes completos como divulgaciones parciales, siempre que se elaboren conforme a los marcos aceptables definidos. Esta opción reconoce la diversidad de realidades organizacionales existentes en el país y facilita una adopción progresiva, evitando imponer exigencias uniformes que podrían derivar en prácticas meramente formales o declarativas, alejadas del espíritu sustantivo de la sostenibilidad.
Asimismo, entre las modificaciones más significativas respecto de la RT 36 se destaca la supresión del Estado de Valor Económico Generado y Distribuido (EVEGD). La RT 60 considera que la información económico-financiera ya se encuentra adecuadamente reflejada en los estados contables tradicionales y que los estándares internacionales actualmente vigentes permiten divulgar información económica relevante de manera integrada, sin necesidad de recurrir a un estado específico. Este cambio refleja una evolución en la concepción de la sostenibilidad, que deja de centrarse en la mera agregación de estados para orientarse hacia la coherencia, la consistencia y la integración de la información.
Sin embargo, más allá de estos cambios técnicos, la RT 60 plantea una pregunta de fondo que trasciende el plano normativo: ¿Para qué se informa sobre sostenibilidad? Desde el humanismo cristiano, la respuesta remite inevitablemente a la centralidad de la persona humana y al bien común. Desde León XIII, con la encíclica Rerum novarum (1891), la Doctrina Social de la Iglesia ha sostenido que la economía debe estar al servicio del ser humano y no a la inversa. Esta enseñanza atraviesa más de un siglo de reflexión social cristiana y conserva plena vigencia en el contexto actual.
En esta misma línea, el papa Francisco retoma y actualiza dicha tradición, proyectándola hacia los desafíos contemporáneos. En Laudato si’ (2015), advierte que la crisis ecológica es inseparable de la crisis social y que no existen soluciones puramente técnicas para problemas que son, en esencia, éticos y culturales. Desde esta perspectiva, la información sobre sostenibilidad no puede reducirse a un ejercicio de comunicación institucional, sino que debe reflejar procesos reales de revisión crítica del modelo de desarrollo, de las prácticas productivas y de las relaciones laborales y comunitarias.
Esta preocupación ha tenido, además, una expresión concreta en el ámbito internacional a través de las Conferencias de las Partes (COP) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). La última conferencia celebrada fue la COP 30, realizada en 2025 en Belém, Brasil; y señalada como un espacio clave para profundizar los compromisos climáticos globales. En este marco, el papa León XIV ha manifestado su apoyo al Acuerdo de París y ha reafirmado la responsabilidad ética de los Estados, las empresas y la sociedad civil frente al calentamiento global, dando continuidad al magisterio de Francisco. Asimismo, se ha anunciado que la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP 31, se celebrará del 9 al 20 de noviembre de 2026 en Antalya, Turquía.
En este contexto global, la RT 60, al exigir que la información sobre sostenibilidad contemple aspectos como impactos, riesgos, oportunidades, estrategias, métricas y objetivos, puede contribuir de manera concreta a este cambio de enfoque. Informar de este modo implica asumir responsabilidades, reconocer límites y explicitar las consecuencias de las decisiones empresarias. En otros términos, supone un llamado a la coherencia entre lo que se proclama y lo que efectivamente se hace, entre el discurso y la práctica.
La figura de Enrique Shaw ofrece, en este sentido, un ejemplo especialmente significativo de dicha coherencia. Empresario argentino y referente del pensamiento social cristiano, Shaw concebía la empresa como una comunidad de personas orientada al servicio del bien común. Para él, la rentabilidad no constituía un fin absoluto, sino una condición necesaria para sostener un proyecto empresarial que respetara la dignidad del trabajo, promoviera relaciones justas y asumiera responsabilidades frente a la sociedad. Esta concepción dialoga de manera natural con el espíritu de la RT 60, en tanto promueve una visión integral de la organización y de sus impactos.
Desde esta perspectiva, la sostenibilidad no se agota en el cumplimiento de estándares ni en la elaboración de informes, sino que se expresa en decisiones concretas: en la forma de organizar el trabajo, de relacionarse con los proveedores, de cuidar el ambiente y de contribuir al desarrollo de las comunidades. Por lo tanto, la RT 60 puede constituirse en una herramienta valiosa para visibilizar estas prácticas, siempre que se la entienda como un medio y no como un fin en sí mismo.
En este aspecto, el desafío no se limita al ámbito empresarial o profesional, sino que alcanza de manera directa a la academia. El tratamiento de la RT 60 en la formación universitaria, en la producción de conocimiento y en las actividades de extensión no puede agotarse en un enfoque meramente métrico o técnico. Cuando la sostenibilidad se enseña solo como un conjunto de indicadores, formatos o exigencias normativas, se corre el riesgo de vaciarla de su sentido más profundo.
Por el contrario, la universidad está llamada a convertirse en un laboratorio de humanidad, donde la normativa profesional sea objeto de análisis crítico, reflexión ética y compromiso social. En esta clave, abordar la RT 60 implica formar profesionales capaces de comprender que detrás de cada dato, cada riesgo y cada impacto informado hay personas, comunidades y territorios concretos. De este modo, la información sobre sostenibilidad deja de ser un ejercicio instrumental para convertirse en una práctica orientada al bien común y coherente con la dignidad de la persona.
Finalmente, resulta significativo que la RT 60 no establezca la obligatoriedad de preparar información sobre sostenibilidad. La norma se limita a definir criterios técnicos de preparación, dejando la decisión de su adopción a los organismos reguladores o a la voluntad de las propias organizaciones. Esta opción refuerza la idea de que la sostenibilidad auténtica no puede imponerse exclusivamente por norma, sino que requiere convicciones éticas profundas, liderazgo responsable y una cultura organizacional orientada al bien común.
A modo de conclusión, la Resolución Técnica N.º 60 representa mucho más que una actualización normativa. Constituye una invitación a repensar el rol de la contabilidad, del ejercicio profesional y de la empresa en la sociedad contemporánea. En diálogo con el humanismo cristiano, esta nueva normativa puede convertirse en una herramienta al servicio de una economía más humana, más justa y más solidaria, donde informar sobre sostenibilidad sea una expresión concreta del compromiso con la dignidad de la persona, la justicia social y el cuidado de la creación. En este marco, la academia asume una responsabilidad insoslayable: enseñar, investigar y proyectar esta normativa desde un enfoque humanístico, formando profesionales capaces de comprender que la sostenibilidad no se agota en métricas e indicadores, sino que remite, en última instancia, a decisiones éticas que impactan en la vida de las personas y en el bien común.

