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La gracia del Encuentro

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Una mirada testimonial sobre el 29° Encuentro Anual ACDE – Lo esencial, aquí y ahora

Los pasados martes 9 y miércoles 10 de junio vivimos nuestro Ecuentro Anual y, desde la comisión de ACDE Mujer, fue una verdadera gracia. Reencontrarnos como equipo, volver a abrazarnos con algunas a quienes hacía mucho no veíamos, compartir con nuevas socias y regalarnos ese momento de estar todas juntas nos llenó el corazón de alegría y gratitud. Y, como no podía faltar, también tuvimos nuestra foto: un pequeño gran recuerdo de la belleza de sabernos unidas, acompañadas y sostenidas en este camino. Fue, verdaderamente, un momento de mucha alegría.

Desde el Programa Consejeros, este año caminé junto a Delfi, mi aconsejada, y fue una alegría inmensa poder compartir también este encuentro con ella. Las dos nos vimos profundamente tocadas por la charla de Eduardo “Coco” Oderigo sobre Los Espartanos. Su testimonio nos recordó que, cuando una persona se anima a decir “sí” a Dios con valentía, amor y compromiso, ese sí puede convertirse en un instrumento de transformación para la vida de muchos. Y eso fue lo que más resonó en nosotras: la certeza de que Dios obra en lo pequeño, en los gestos concretos, en las manos tendidas y en los corazones dispuestos a servir.

El miércoles tuve, además, el regalo inmenso de poder participar junto a mis tres hijos: Agustina, Valentín y Santiago. Los tres trabajan junto con mi esposo y conmigo en nuestra PYME, un laboratorio de cosmética, y compartir este encuentro en familia fue para mí una verdadera bendición. En nuestro trabajo buscamos cada día construir un espacio donde Dios esté primero, donde el esfuerzo cotidiano tenga sentido y donde el servicio al prójimo sea parte del modo en que vivimos y trabajamos. Muchas de las charlas nos confirmaron ese anhelo profundo y nos alentaron a seguir caminando con fe, esperanza y compromiso.

Ver a mis hijos entusiasmados, con ideas nuevas para desplegar en nuestra empresa y con el deseo de transformar también la vida de otros, fue para mí un regalo inmenso. Como madre, doy gracias a Dios por poder ver en ellos esa alegría del hacer que se vuelve servicio, entrega y esperanza. Verdaderamente, ACDE tiene mucho para ofrecer a nuestros jóvenes, y verlos recibir tanto de este encuentro fue para mí motivo de profunda gratitud.

Por eso quiero agradecer profundamente a todos los que hicieron posible este encuentro: a quienes lo organizaron, a todo el equipo de ACDE y a la inspiración siempre viva de Enrique Shaw, beato y fundador de esta hermosa asociación. Me voy con el corazón lleno, agradecida a Dios por todo lo recibido y con la certeza de que, cuando Él está en el centro, todo florece. Que sepamos seguir respondiendo a Su llamada, para que nuestro trabajo, nuestras familias y nuestra vida sean instrumentos de Su amor y semilla de esperanza para los demás.

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