Zwolinski, Matt y Tomasi, John. Los individualistas. Una historia de las ideas libertarias de izquierda y de derecha. Siglo Veintiuno Editores. Buenos Aires. 2026.
Los libertarios y el libertarismo no son fenómenos o personajes casuales del universo político. Asoman como parte de un movimiento estelar de la política y de la economía a comienzos del siglo XXI.
El libro “Los individualistas”, publicado por dos autores con presencia libertaria en Estados Unidos como Matt Zwolinski, profesor de filosofía en la Universidad de San Diego, y John Tomasi, profesor de ciencia política en la Universidad de Brown, ofrecen un compendio muy claro del movimiento político, económico y cultural del momento. Ambos tienen la virtud de tomar distancia para tener una mirada analítica, académica y muy aguda de esta corriente de pensamiento.
Para tener una visión adecuada del fenómeno – y es válido para muchas cosas en la vida – es necesario desprenderse de ciertos prejuicios y estereotipos, o al menos de dar cuenta de los mismos.
Para comenzar, el libertarismo parte de dos axiomas: una visión escéptica hacia toda autoridad política, por un lado, y un respeto irrestricto hacia la propiedad privada y del individualismo, por otro. A partir de allí se abre un gran abanico de desarrollos teóricos y acciones concretas.
El libertarismo es un movimiento heterogéneo, fragmentado e inconexo. No tiene una doctrina fija o unificada. Está compuesto de grupúsculos que algunas veces se tocan como los engranajes de una maquinaria, pero que en otras tantas entran en conflicto. Tiene una fisonomía más cercana a los grupos de cultos evangelistas o a los círculos propios del trotskismo.
Los referentes intelectuales libertarios son muchos: Friedrich von Hayek, Ludwig von Mises, Ayn Rand, Robert Nozick, Murray Rothbard, James Buchanan, Gordon Tullock, Herbert Spencer, Lysander Spooner, Edmund Burke, Benjamin Tucker, por citar algunos de una lista extensa. Estos, cuando han coexistido, muchas veces no han podido llevar una convivencia agradable, como fue el caso de Rand y Rothbard. Quien parte de un molde cerrado para intentar comprender al libertarismo va a obtener un diagnóstico poco fidedigno.
Según la geografía, hay un libertarismo europeo, que nace a mitad del siglo XIX como oposición a los emergentes movimientos socialistas, y otro estadounidense, cuyo propósito fue la abolición de la esclavitud. Asimismo, hay libertarios de derecha, como los que se consolidan luego de la caía de la Unión Soviética en los 1990s, y los de izquierda, como fue el caso de Rothbard.
Retornando a sus dos axiomas, los diferentes grupos libertarios pueden reaccionar de modo opuesto frente a un mismo fenómeno. Un ejemplo que consideran los autores es que, ante una represión policial contra una manifestación con ribetes agresivos, para unos libertarios puede ser condenable por tratarse de un exceso por parte del Estado contra el derecho individual de la libertad de expresión, mientras que otros pueden aplaudirla, ya que ese tipo de movilizaciones puede afectar el derecho a la inviolabilidad de la propiedad privada.
Asimismo, es curioso que el libertarismo coincide en algunos aspectos con el jacobinismo de la Revolución Francesa: la moral se funde con las leyes económicas y con la acción política. No es raro que Maquiavelo no figure en las esculturas del frontispicio libertario ya que el florentino es el gran divisor de aguas entre moral y política. Por otro lado, los libertarios tienen un parentesco con Karl Marx al tener tanto el libertarismo como el marxismo una meta final cual es la abolición del Estado. En el libro hay citada una frase de Friedrich von Hayek donde afirma que “… una dictadura puede ser un sistema necesario durante un período de transición… Personalmente, prefiero un dictador liberal a un gobierno democrático carente de liberalismo”. No hay que ser muy lúcido en relacionar esta cita con la dictadura del proletariado que antecedería al paraíso apolítico comunista.
Otro prejuicio es que el libertarismo es pro empresa o anti trabajador. Nada más alejado de sus supuestos. El libertarismo está para defender la propiedad privada, no los intereses empresarios. Para libertarios radicalizados como Rothbard toda propiedad del Estado es de por sí ilegitima. Por lo tanto, si una empresa recibe estímulos o subsidios de parte del Estado, así como si tiene contratos con una agencia estatal, debieran distribuir los ingresos y su propiedad entre los trabajadores. El Estado es ilegítimo per sé ya que se funda en la violencia. Aquí también cabe establecer un vínculo con la denominada “acumulación originaria” del capítulo 24 de “El capital” de Karl Marx.
Para finalizar, si esta reseña ha generado cierta incomodidad con algunos supuestos que flotan por el espacio público acerca de los libertarios y el libertarismo, es un buen indicador de que el libro es altamente recomendable para tomar decisiones hoy en día.

