Necesitamos volver a la pregunta sobre la buena sociedad, es decir, cuando una sociedad es buena para los que a ella la configuran con sus interacciones cotidianas.
Lo que mueve cualquier acción política son los valores del decisor político, elector y gobernante, porque como sostiene Leo Strauss toda acción política está encaminada a la conservación o al cambio. Cuando deseamos conservar tratamos de evitar el cambio hacia lo peor; cuando deseamos cambiar, tratamos de actualizar algo mejor. Toda acción política, pues, está dirigida por nuestro pensamiento sobre lo mejor y lo peor[1] Los valores son siempre los que tensan la acción política, y cada vez que se los hace realidad en la acción, facilitan la repetición de la misma acción, de modo que el problema del que roba no es que ha robado, sino que, en la continuidad de su conducta valorante, se ha hecho ladrón, una parte de esa sociedad.
Hace poco Santiago Bilinkis afirmaba que “La IA no tiene valores. Es una caja de Pandora”, y no es cierto, todo acto humano, aun en sueños, tiene valores. Vivimos con la caja de Pandora abierta, desde que pensamos que el valor era la última palabra “sobre lo mejor y lo peor”, y no es así. El valor expresa el sentido de la acción propiamente humana, pero si -siguiendo la expresión de Strauss-, tomamos conciencia que lo mejor nos hace más libres y lo peor nos hace menos libres, podemos agregar a la palabra valor, la palabra bueno (bien).
Lo mejor de la práctica del violín, nos hace virtuosos del violín y capaces de ejecutar partituras cada vez más complejas con mayor satisfacción emocional, que incluye el placer corporal, y hace mejor nuestra vida.
Lo peor en el descontrol de nuestro carácter, nos hace viciosos del mal genio, cada vez menos capaces de superar pequeñas contradicciones, sumidos en la frustración, el cortisol baja las defensas del organismo, produce inflamación gastrointestinal, aumenta la presión arterial, hace difícil conciliar el sueño, y produce un ciclo vicioso, que deriva en un declive mental, falta de memoria y de concentración, y peor humor, que hace peor nuestra vida.
Strauss, luego de su camino por Kant, Cassirer, y Jacobi -en su paso por los filósofos árabes y judíos medievales-, redescubre la vinculación entre la dimensión dinámica y la estructural de la antropología. La naturaleza humana incluye el efecto de los hábitos -Judith Butler -que también participa del redescubrimiento de Aristóteles en la Universidad de Chicago-, dirá el carácter performativo (dinámico) como segunda naturaleza, de modo que cuando hago me hago (estructural).
[1] Strauss, Leo, “Qué es la filosofía política”, Guadarrama, Madrid, 1970, capítulo I, página 11. Leo Strauss (Kirchhain, Hesse, Alemania, 20 de septiembre de 1899 – Annapolis, Maryland, Estados Unidos, 18 de octubre de 1973) fue un filósofo político -nacido en una familia judía, que llegó a los Estados Unidos en 1938 huyendo de la persecución nacionalsocialista-, impulsor del redescubrimiento de Paltón y Aristóteles en la Universidad de Chicago.

