Marco Rubio, el Secretario de Estado norteamericano, dio un discurso memorable en la Conferencia de Seguridad de Múnich que sirve como clave para entender la posición geopolítica de los Estados Unidos, sin la distracción que a veces generan las estridencias de Donald Trump.
La historia a veces nos hace guiños. Durante más de dos años, sir Winston Churchill desplegó todos sus recursos de persuasión para que los Estados Unidos se unieran a los Aliados y enfrentaran a Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Después de mucho dudar, y tras la matanza de Pearl Harbor, que encendió la ira de los norteamericanos, el presidente Franklin D. Roosevelt finalmente dio el paso en diciembre de 1941, cuando estuvo seguro de que la opinión pública de su país no se opondría. La participación de Estados Unidos terminaría siendo decisiva en el resultado de la guerra.
Hoy, más de ochenta años más tarde, se invierte el ciclo y es Estados Unidos el que intenta persuadir a Europa de que pelee por su propia supervivencia. Palabras más, palabras menos, Marco Rubio lo dijo así en Múnich: no te des por vencida, no te avergüences de tu historia ni de tu cultura. No reniegues de tus orígenes grecorromanos y judeocristianos. No permitas que tu identidad quede sepultada por una oleada migratoria sin control. No sientas vergüenza por tu prosperidad. No renuncies al futuro. Esta vez, el enemigo no es un genocida ni una potencia extranjera: es la culpa enfermiza que infecta las conciencias de los europeos que no se animan a defender su estilo de vida.
Un posible desglose de las palabras de Rubio (una pieza de oratoria magistral) dice así:
Un error de diagnóstico. Tras la caída del muro de Berlín, nos equivocamos: vaticinamos el fin de la historia, pensando que sólo proliferarían las democracias liberales y que “los lazos creados por el comercio y los negocios sustituirían a la nacionalidad; que el orden mundial basado en normas (…) sustituiría al interés nacional; y que finalmente viviríamos en un mundo sin fronteras en el que todos seríamos ciudadanos del mundo”. Fuimos ingenuos.
Qué hicimos entonces. Muchos países depositaron su estrategia de defensa exterior en organismos internacionales y alimentaron internamente enormes estados de bienestar. Y, “para apaciguar a una secta climática, nos impusimos políticas energéticas que están empobreciendo a nuestra población”, mientras que nuestros competidores juegan con otras reglas. Además, “abrimos nuestras puertas a una ola de migración masiva sin precedentes que amenaza la cohesión de nuestras sociedades, la continuidad de nuestra cultura y el futuro de nuestro pueblo”. O sea, cavamos nuestra propia tumba.
Un recordatorio de quiénes somos. “Formamos parte de una misma civilización: la civilización occidental. Estamos unidos por los lazos más profundos que pueden compartir las naciones, forjados por siglos de historia común, fe cristiana, cultura, patrimonio, lengua, ascendencia y los sacrificios que nuestros antepasados hicieron juntos por la civilización común que hemos heredado”. Por eso, porque somos lo mismo, queremos que Europa sobreviva.
Qué defendemos. La seguridad —el tema principal de esta conferencia— no se reduce a cuánto gastamos en defensa. La pregunta fundamental que hay que responder es “qué es exactamente lo que defendemos, porque los ejércitos no luchan por abstracciones. (…) Los ejércitos luchan por un modo de vida. Y eso es lo que defendemos: una gran civilización que tiene todas las razones para estar orgullosa de su historia, confiada en su futuro y que aspira a ser siempre dueña de su propio destino económico y político”. Este es el nudo del problema.
Cuál es la propuesta. Trabajemos juntos para reindustrializar nuestras economías con cadenas de suministros entre países amigos. Protejamos los recursos estratégicos. Tengamos políticas migratorias abiertas, pero que prioricen el bienestar de nuestros ciudadanos. Cooperemos en materia tecnológica para conquistar nuevas fronteras. Invirtamos en seguridad militar para que la soberanía de nuestros países esté protegida frente a los ataques externos. Y todo esto, hagámoslo juntos.
Trump no hubiera podido decir todo esto: no es su estilo. Rubio puede. Defiende las mismas ideas conservadoras y pragmáticas de su Presidente, pero sin arrogancia, con educación. El tiempo dirá, pero quizá hayamos presenciado un discurso que quedará en los libros de historia, por lo que dijo y por quién lo dijo.
Ilustración: gentileza GM+AI

