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Qué pensamos: la vuelta a las trincheras

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Hoy le toca el turno analizar cómo piensa la gente común: tarea pretenciosa, aunque no del todo imposible si se toman como referencia los resultados de un estudio global de opinión pública.

No hay misterios: preferimos las noticias que confirman nuestros prejuicios, las primeras impresiones nos condicionan, tendemos a valorar más lo que podemos recordar fácilmente, le creemos más a la gente atractiva, preferimos evitar pérdidas antes que lograr ganancias equivalentes, prestamos más atención a nuestros éxitos que a nuestros fracasos, reconocemos los sesgos en los demás con facilidad y casi nunca los vemos en nosotros mismos… Así es como el ser humano llegó hasta acá, ahorrando energía cognitiva.

La novedad de estos tiempos es que, según el Edelman Trust Barometer 2026 , nos volvimos más “insulares” que nunca: confiamos cada vez menos en los que son distintos a nosotros. Miramos con sospecha a quienes viven según valores diferentes de los nuestros, se informan con fuentes que no son las nuestras, proponen soluciones a los problemas sociales con un enfoque que nos resulta ajeno. Como si camináramos de noche por un barrio peligroso, nos cruzamos de vereda cuando vemos venir a alguien que no parece de nuestra tribu. “El otro” se nos está volviendo hostil.

Acá, algunos de los hallazgos que deja la última edición de la ya tradicional encuesta de Edelman que abarca a 34 mil personas en 28 países, incluida la Argentina:

Futuro. Algo venimos haciendo mal: solo el 32% de la gente, a nivel global, cree que la próxima generación va a estar mejor que la actual. Miedo a no tener trabajo, a que lo que ganen no alcance para vivir, a que el mundo se vuelva un lugar cada vez más inseguro. En la Argentina, el número es algo más alentador: el 45% cree que la próxima generación va a vivir mejor que la actual. Cuidado: somos también la historia que nos contamos.

Conflictos. El 66% de los encuestados a nivel global tiene miedo de perder su trabajo como consecuencia de las políticas tarifarias y los conflictos internacionales. Cuando se hizo la encuesta —entre octubre y noviembre de 2025—Trump ya había pateado el tablero en materia de comercio internacional pero no se había desatado aún la madre de todas las batallas en Medio Oriente. Se puede especular que hoy la preocupación sería aun mayor. Alarmante.

* Guerra ideológica. En promedio, el 65% de la población global tiene miedo de que otros países difundan información falsa en los medios locales para generar divisiones internas (como si necesitáramos eso para pelearnos entre nosotros). Y los argentinos compartimos esa paranoia en un 53%. O sea, la mayoría piensa que está expuesta a un riesgo real de hackeo informativo por parte de algún enemigo. Hollywood se está quedando corto.

* Sesgo. Lo confesamos: sólo el 39% de la población mundial dice exponerse a fuentes de información con un perfil ideológico diferente del propio. No queremos que nos hagan cambiar de opinión. En la Argentina estamos un poco peor que el promedio global. Un escaso 36% dice hacerlo, y con un agravante: esa cifra está 10 puntos por debajo de la del año pasado. Se acentúa la polarización.

* Vuelta a la aldea. Si en algún momento nos gustó ser ciudadanos del mundo, ya no más. Nos volvimos insulares, aldeanos: cayó el 11% la confianza en los medios globales y el 6% en los líderes con proyección internacional. Aumentó, en cambio, el 11% en la confianza en mis vecinos, amigos y familia, también el 11% en los colegas del trabajo y el 9% en el CEO de mi compañía. Confío en los que conozco de primera mano: los demás, mejor que estén lejos.

Así está el patio: temerosos, desconfiamos de quienes no forman parte de nuestro círculo íntimo. Hiperconectados por la tecnología, tomamos distancia emocional de todo aquel que no sea parte de la propia tribu. Un desafío para políticos, marcas y organizaciones. Y una tarea compleja para comunicadores y profesionales de los asuntos públicos. A río revuelto, ganancia de pescadores.

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