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Qué te dice León XIV a vos que estás en el mundo de la empresa

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Lo primero que te dice es que la tecnología no es un simple instrumento, algo útil para escalar tu negocio. La tecnología digital tiene estatus político, tiene poder de gobierno aunque no tiene derecho a gobernar. Su concentración en pocos actores privados distorsiona el poder, tiende a la colonización, a la esclavitud, a la extracción y provoca una asimetría epistémica (por que sabe mucho de todos) e influye en nuestra mentalidad y decisiones.

Si tenés algún rol en la economía digital (auditar, diseñar, crear, desarrollar, financiar, gestionar, implementar, innovar, invertir, producir o tan solo utilizar) tenés responsabilidad compartida.

En este marco y en un imaginario mano a mano o cara a cara con León XIV en su Encíclica Magnifica humanitas te está diciendo esto:

 

Sobre tu vocación

Vos tenés la vocación de construir  y de innovar, de generar riqueza y mejorar la vida de todos. Recordá que la parte esencial de tu servicio a la sociedad es el empleo “digno y de valor”. De este modo, humanamente, participas del acto divino de creación.

Sé un arquitecto sabio que construye el bien en el mundo. Ofrecé tu voz y tus manos, entrá en las obras de la historia, no tengas miedo de ensuciarte para levantar lo que se ha derrumbado y proteger lo que está expuesto.

 

Sobre tus decisiones en la empresa

Pensá qué estas construyendo. Que tu modelo de negocio no explote las fragilidades y las  debilidades humanas. Que la tecnología no se vuelva criterio: cuando se vuelve criterio, termina por establecer qué vale y qué puede descartarse.

Tus decisiones técnicas y económicas necesitan discernimiento espiritual. La Encíclica no es un manual, pero sí un camino de discernimiento.

No te quedes en declaraciones puramente formales sobre la dignidad.

Gestiona de forma proactiva la transformación digital, planifica responsablemente, evalúa el impacto humano y social, incluye a los más frágiles, alfabetiza digitalmente.

Establecé criterios sociales para la innovación. Generá medidas verificables de protección del empleo, medidas de recalificación de empleados, de  formación continua y acompañá a las personas en el costo de las transformaciones. Tus KPI son la calidad y dignidad del trabajo. Buscás la eficiencia, sí, pero no sacrifiques el valor de cada persona homogeneizando, uniformando o eliminando la diversidad. No pretendas un lenguaje único.

Actuá con transparencia y responsabilidad al usar datos y algoritmos para decidir sobre tus clientes o tus empleados. Las personas no son perfiles. Que tus decisiones sean comprensibles, que se puedan cuestionar y sean sometidas a control

Adoptá criterios claros de verificación ética preventiva o due dilligence. Exigí transparencia en la cadena de suministro. Tené en cuenta la cadena oculta de explotación detrás de la inteligencia artificial y su impacto ambiental

Que tu prioridad sea la protección de los trabajadores y el impacto social de tu negocio. Que la tecnología ayude las personas y no al revés, que reemplace lo peligroso o lo repetitivo, que nos libere de tiempo y que no ahogue la innovación

No te apures, no aceleres. No adoptes la tecnología de forma rápida y acrítica. Prevení, protegé, promové  la dignidad humana.

Si eres un empresario tecnológico ejercés -de hecho- un poder sobre las condiciones de la vida común de las personas, entonces no actúes de modo opaco, ni unilateral. Si eres un empresario de plataformas y medios de comunicación estás influyendo en el imaginario colectivo de muchos y en cómo se ve la realidad. Si dispones de poderosos recursos técnicos, económicos y humanos estás influyendo en los cambios culturales, en el pensamiento y el sentido de la vida de muchos. Que todo ese poder no sea carente de verdad.

 

Sobre vos

Sé consciente de los límites. La técnica no nos salva, ni nos salvará. Tené cuidado con el orgullo y la autosuficiencia. No te liberes de tu fragilidad

Iniciá un proceso de construcción del bien y dejá que madure, que crezca con el tiempo en el entretejido concreto de las vidas, de la comunidad y de tu  cultura. No lo impongas. Que tu deseo de bien se traduzca de forma concreta : limitá la fuerza, detené Babel, defendé a los vulnerables. Aceptá que tu deseo de bien tendrá resistencias y contratiempos.

Elegí hoy -y no en el futuro- en qué proyecto trabajar y con qué estilo para custodiar y valorar la magnífica humanidad.

Buscá construir una empresa justa, da un testimonio creíble y sé fiel en lo cotidiano. Eso mantiene viva la esperanza e indica una dirección.

Para finalizar y recordar a Enrique Shaw, cito textualmente el párrafo 211 de la Encíclica Magnifica humanitas:

“Incluso en las noches más oscuras, el Señor suscita hombres y mujeres capaces de no resignarse y de perseverar en el bien: personas que protegen a los frágiles y abren caminos de reconciliación. La memoria de los santos y de los justos, de los constructores de paz a menudo olvidados, muestra que la gracia no elimina el conflicto con un gesto mágico, sino que genera una resistencia activa al mal y una creatividad sorprendente en el bien. Los cristianos ven las tinieblas y las llaman por su nombre, pero no se quedan paralizados contemplándolas: conocen la luz y saben que las tinieblas no la recibieron y no pueden vencerla (cf. Jn 1,5). Por eso, sirven al bien incluso donde el dolor parece tener la última palabra, sostenidos por una esperanza teologal que da a la realidad un horizonte y una dirección.

** Exposición realizada en el Foro Virtual de ACE UNIAPAC Latam el 4 de junio de 2026

 

 

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