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Riesgos y oportunidades que trae la guerra

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La guerra en Oriente Medio, a catorce mil kilómetros de distancia, seguramente tendrá efectos en la Argentina. Es rol de los directores de Asuntos Públicos poner un ojo ahí y recomendar decisiones de negocios acertadas, que tengan en cuenta la geopolítica.

 

El aleteo de una mariposa en el Estrecho de Ormuz podría ser la causa de un vendaval en estas pampas. Dejando aparte la tragedia humanitaria que toda guerra trae consigo, el conflicto de Oriente Medio es un monstruo de dos caras: el aumento del precio del petróleo y el gas nos beneficia porque poco a poco nos vamos integrando al selecto club de los que producen y exportan y, al mismo tiempo, nos perjudica porque casi inevitablemente los combustibles subirán también en la Argentina, alimentando una vez más la todavía rebelde inflación.

Está claro que la pregunta no es si la guerra va a afectar a nuestra economía —en un mundo hiperconectado, es una obviedad— sino quiénes van a ser los beneficiados y quiénes los perjudicados. Desde hace un tiempo, la geopolítica dejó de ser tema de interés exclusivo de los eruditos, para convertirse en un factor clave que determina tanto si una empresa de logística en el Gran Buenos Aires puede renovar su flota de camiones como si a una petrolera le conviene duplicar su inversión en la Cuenca Neuquina.

Así las cosas, lo que quizá termine siendo la Tercera Guerra Mundial podría generar, al menos por ahora, una serie de efectos en la Argentina:

 

En última instancia, la guerra, que separa a trazos gruesos a amigos de enemigos, es también una oportunidad para los países que saben pararse con habilidad y pragmatismo en el lugar correcto. Con la brújula bien calibrada, quizá seamos capaces de atraer inversiones en infraestructura que nos pongan en el camino de ser el “búnker energético” que necesita Occidente. Eso sería, por fin, ponernos en el camino de hacer grande a la Argentina otra vez.

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