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Saber retirarse a tiempo

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A pesar de la impericia de la AFA para organizar una despedida a la altura de Messi, el 10 se fue por la puerta grande, como se merecía. Leo, que en muchos sentidos “nos hizo mejores”, entregó la semana pasada su última lección: la de despedirse con humildad, antes de que la decadencia lo alcance.

 

Messi lo hizo casi todo bien. Hasta supo retirarse a tiempo, cuando todavía podía frotar la lámpara y lucirse en una cancha. Como el gran Cincinato, que prefirió volver a ocuparse de su campo cuando Roma entera lo aclamaba. O como Carlos V, que se retiró a un monasterio cuando su imperio estaba todavía en su esplendor. O como George Washington, que rechazó buscar un tercer mandato presidencial en un momento en que su pueblo lo consideraba casi un rey, legando a Occidente, para siempre, el principio democrático de alternancia en el poder.

Son historias que contrastan con las de quienes permanecen aferrados a lo que fueron y se arriesgan a que los años o el destino se vuelvan crueles. Como les sucedió a Julio César o a Napoleón, en la historia grande. O a leyendas del deporte como Mohammed Ali o Michael Schumacher, que en sus últimos años parecían una sombra de sí mismos. O al antes indiscutido Cristiano Ronaldo, hoy confinado a la liga saudí o a veces al banco de suplentes de la selección portuguesa. Todos ellos merecían finales épicos, a la altura de quienes fueron.

La despedida de Messi puede servir como pretexto para que otros, en la política, el deporte o el mundo empresarial —y salvando las distancias—, sepamos retirarnos a tiempo. Acá, algunos aspectos que pueden servirnos como referencia:

La despedida de Messi es el pretexto, como lo son todas las cosas que ocurren en las vidas de los demás: son referencias, llamadores, espejos. Historias que encierran lecciones. Cada quien elige si las deja pasar o les saca algún provecho. ¡Gracias de nuevo, Leo!

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