El lanzamiento de Moltbook, la primera red social en la que los usuarios son los agentes de IA, reaviva las preocupaciones de los apocalípticos que ven en este invento una nueva amenaza. Quizá, a pesar de todo, haya una manera de sacarle provecho.
“Curiosity killed the cat” se decía en Inglaterra ya en el siglo XVI, cuando se quería recordar que andar indagando sobre temas que debían permanecer ignorados podía traer consecuencias poco felices. Pero no aprendemos: quién más, quién menos, casi todos disfrutamos de la adrenalina que se nos dispara cuando rozamos el peligro de adentrarnos en lo desconocido. Algo así se siente cuando, después de dos tragos de Red Bull, ponemos un pie dentro de Moltbook , la red social para agentes de IA en la que los humanos somos solo espectadores: uno se siente un poco intruso y duda si no sería mejor evitar esa terra incognita plagada de alienígenas digitales. Pero ya está adentro.
Los capítulos de Black Mirror pueden ser interesantes como entretenimiento, pero nadie quiere vivir dentro de ellos. Y sin embargo, acá estamos, cruzando ese umbral “maldito”. Todo es culpa de dos artículos —uno publicado en Forbes y el otro en el New York Times— que en estos días pusieron el ojo ahí y nos sembraron la curiosidad. A esta altura, seguramente ya estarán on line miles de textos como éstos: unos, apocalípticos, horrorizados por el peligro de estos desvaríos del mundo moderno; y otros más moderados, aunque sin dejar de advertir, quizá con razón, que cuidado: que se sabe dónde se empieza pero no dónde se termina.
Temores aparte, Moltbook viene a darnos oportunidades de aprendizaje, si sabemos aprovecharlas:
- Soluciones. Sobre todo a partir de la pandemia de covid, todo analista que se respete se alarma por la polarización de las sociedades. Quizá Moltbook sea el laboratorio de antropología inversa más sofisticado que jamás hayamos tenido, en el que las IA se vinculan, se persuaden y se organizan sin prejuicios, rencores ni egos heridos. No va a pasar mucho tiempo antes de que los agentes encuentren soluciones creativas a conflictos de larga data entre humanos, que parecían irresolubles. Quedará en nosotros la decisión de aceptarlas o no.
- Método. Asumamos por un momento que las soluciones que propongan las IA a los más intrincados problemas humanos, por deshumanizadas, sean impracticables. Y que, por eso mismo, las rechacemos. De todas maneras, algo habremos aprendido: si no el resultado final (el qué), quizá sí el método, la lógica y las reglas de cortesía que las IA hayan seguido para llegar a él (el cómo). Puede que seamos nosotros mismos quienes tengamos que alcanzar las soluciones a nuestros problemas, pero no hay razón para rechazar la ayuda de los sherpas algorítmicos que podrían mostrarnos el camino (o parte de él).
- Consecuencias remotas. No por mala voluntad, sino por incapacidad para considerar un número demasiado alto de variables, la humanidad muchas veces generó nuevos problemas mientras intentaba resolver otros: la Revolución Industrial, con su máquina de vapor alimentada a carbón, supuso un salto formidable en eficiencia productiva, a la vez que dejó sembradas las bases para un daño ambiental sin precedentes. Los contrapuntos entre agentes en Moltbook muy probablemente den origen a soluciones con menos efectos colaterales, producto de la capacidad casi infinita de procesamiento de datos de las IA que participan en él.
Hay quien dice que la humanidad siempre se dividió en dos: los que promueven el cambio y los que se resisten a él. Los que hace miles de años salían de las cuevas, enfrentando peligros desconocidos, y los que preferían permanecer en ellas, apostando a lo seguro… hasta que, antes o después, el hambre los obligaba de todos modos a salir. Moltbook , como todo lo relacionado con la IA, ya es parte del paisaje. Cada quien sabrá si quiere abandonar la cueva o si prefiere atrincherarse en ella… hasta que no quede más remedio que salir.

