El 2026 es particularmente significativo porque se celebran los 800 años de la muerte de San Francisco, ocurrida el 3 de octubre de 1226.
Francisco de Asís, hombre revolucionario y santo, supo dialogar, hablar de paz y de respeto por la creación y con una fuerza y una modernidad hoy profundamente necesarias. Un santo que se convirtió en símbolo universal de reconciliación y esperanza, capaz de ayudarnos al respeto y a la fraternidad: valores que el octavo centenario busca redescubrir y transmitir. Sus gestos y sus palabras nos inspiran y nos autorizan a reclamar a los poderosos que hagan todo esfuerzo posible para transformar el miedo en confianza, la violencia en paz.
El 800º aniversario es una ocasión para entrar en la vida del santo que muere desnudo sobre la tierra desnuda.
Sabemos por fuentes y estudios franciscanos que Francisco, percibiendo la muerte inminente, pidió ser conducido a la amada Porciúncula. Allí pidió que le quitaran la áspera túnica de saco y que lo «depositaran desnudo sobre la tierra desnuda». Queriendo conformarse en todo con Cristo Crucificado, que había permanecido colgado desnudo en la cruz, levantó como siempre el rostro al cielo, totalmente concentrado con el espíritu en aquella gloria, y dijo a los hermanos: “yo he cumplido con mi deber; Cristo les enseñe a ustedes a cumplir con el suyo”.
En aquellos dramáticos instantes Francisco se dirige a sus frailes, reunidos a su alrededor. Los exhorta y habla largamente sobre la paciencia y sobre la observancia de la Señora Pobreza, recomendando, más que cualquier otra regla, el Santo Evangelio.
Entre sus gestos se encuentra también una elección valiente: ir como peregrino y testigo de paz a Tierra Santa, permaneciendo allí hasta 1220, antes de regresar a Italia. Fue a Tierra Santa mientras ardía la quinta cruzada y parecía que el único lenguaje posible era el de las armas. Esto también nos lo documenta una magnífica obra de Beato Angélico: Francisco ante el Sultán (Lindenau Museum Altenburg-Alemania).
Francisco de Asís atraviesa las líneas de guerra y supera la lógica del choque de civilizaciones en curso, siguiendo simplemente la inspiración divina que lo lleva a creer en la posibilidad de un encuentro fraterno con toda criatura. Es gracias a su encuentro con el Sultán Malek el Kamel y a su prolongada permanencia en Tierra Santa, que Francisco podrá luego elaborar su idea y madurar su vocación.
San Francisco visto por Dante
Dante era un admirador de San Francisco y siguió siempre, como laico, sus principios.
El santo de Asís es el único personaje de la Divina Comedia que tiene un canto entero dedicado, el undécimo del Paraíso.
Dante admira a San Francisco y lo define como “faro de la humanidad”, enviado por la Providencia a sostener una Iglesia vacilante. El poeta no encuentra concretamente el espíritu de Francisco, pero ilustra la “Regla” de vida aplicada a la Orden de los Frailes Menores fundada por él. La “Regla” puede sintetizarse en tres palabras: pobreza, humildad, amor fraterno, llevando una vida alejada de comodidades y bienestar.
Dante respiró desde la primera adolescencia el aire de los franciscanos, de quienes recibió sus primeros enfoques formativos, que luego aplicó siempre como laico y como político, aun entre una multitud de contrastes y de acontecimientos para él dolorosísimos.
En un terceto, con versos memorables, dotados de extrema fuerza expresiva, sintética y poética, Dante logra encerrar conceptos filosóficos y teológicos complejos en muy pocos versos y expresa admirablemente su amor por Francisco.
Però chi d’esso loco fa parole,
non dica Ascesi, ché direbbe corto,
ma Oriente, se proprio dir vuole.
Quien hable de ese lugar no lo llame “Asís”, porque diría poca cosa, sino “Oriente”, si quiere nombrarlo con propiedad.
En este terceto hay tres palabras clave: Ascesi, corto y Oriente.
Ascesi es la forma toscana antigua de decir Asís, es el nombre geográfico; el nombre Ascesi está ligado a “ascender”, subir. Sin embargo, no indica la verdadera realidad de ese lugar, por eso es corto, insuficiente; corto porque no especifica quién es el que asciende.
Quien asciende es el sol: si allí nació el sol, debería llamarse Oriente. El verbo “ascender” está en relación con Francisco‑Sol, que nace desde Oriente.
Papa Francisco
El Espíritu de Asís fue impulsado por el Papa Francisco, que eligió llamarse como San Francisco de Asís, “el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y protege la creación, ese mismo mundo con el que no tenemos una relación tan buena”.
Citando nuevamente a Dante (Par. XXII -151): “l’aiuola che ci fa tanto feroci”, la tierra‑mundo que desencadena fatalmente los instintos violentos de los hombres y de la cual uno termina sintiéndose distante.
En su última aparición, en el día de Pascua de 2025, durante la bendición Urbi et Orbi, el Papa Francisco, con su último y sentido mensaje a los fieles, invocó la paz y recordó las muchas guerras que afligen al mundo. Y que continúan afligiéndolo.
¿Cómo actuar?
Para nosotros, todo esto puede resumirse en tres preguntas: ¿qué puedo saber? ¿qué debo hacer? ¿qué me es lícito esperar?
- Enfoque en la oración compartida por la paz.
- Enfoque en la fraternidad: la conciencia y convicción de que somos hermanos y compartimos una ‘casa común’, priorizando los valores compartidos sobre las diferencias.
- Servicio conjunto a los necesitados, la ecología integral y el compromiso social.
- Diálogo interreligioso: promover la amistad y la convivencia diaria con personas de otras tradiciones religiosas.
- Encuentro e intercambio: fomentar la apertura, salir de la ‘zona de confort’, comprender al otro.

