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Se caía de Maduro

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La intervención militar norteamericana que derrocó a Nicolás Maduro constituye un hito clave en la historia latinoamericana reciente. Trump, con su sinceridad brutal, parece haber entendido la sensibilidad de estos tiempos.

La historia se está escribiendo en estos días. En la madrugada del 3 de enero, una intervención militar digna de Hollywood, con aviones, helicópteros y fuerzas de elite estadounidenses, terminó con la dictadura de Nicolás Maduro, que llevaba casi 13 años ininterrumpidos de tropelías. Horas después, el ex presidente venezolano y su mujer, Cilia Flores, comparecían ante un tribunal de New York, acusados formalmente de conspirar para ejercer el narcoterrorismo e importar cocaína a los Estados Unidos, entre otras lindezas. Trump confesó, sin embargo, que sus motivaciones eran otras: defender los intereses económicos norteamericanos vinculados al petróleo. Claro como el agua.

Como era de esperar, el estilo bravucón de Donald, que ordenó la extracción de Maduro sin pedir permiso ni mucho menos perdón, generó opiniones contrapuestas. Mientras la mayoría de los venezolanos que sufrieron la dictadura en carne propia celebran las agallas de Trump, otros actores políticos del resto del mundo se han mostrado ambiguos: que sí, que Chávez y su sucesor no eran un dechado de virtudes democráticas, pero que cuidado porque el derecho internacional no prevé estas cosas, que no está bueno como antecedente y que la soberanía de los países es muy importante. Old school.

Cada quien opina no ya lo que quiere, sino lo que puede. Acá, una propuesta de tres claves de interpretación que simplifica al extremo lo que está pasando, por si a alguien le sirve:

Como dice un académico español sin pelos en la lengua, el mundo no se volvió más brutal con Trump: simplemente ahora es un poco menos hipócrita. Donald sabe que hay una nueva sensibilidad que valora eso. Y se aprovecha.

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