“Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense.
Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres.
El Señor está cerca. No se angustien por nada y en cualquier
circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas
de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios.
Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar,
Tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de
Ustedes en Cristo Jesús.” (Flp. 4, 4-7)
Vivimos en un mundo transido de conflictos y luchas, como si nuestro ADN fuera la lucha de imponernos unos a otros a cualquier precio.
Nos cuesta detenernos, encontrarnos y contemplar la belleza de la creación. Todo pasa muy rápido sin que podamos procesar y admirar lo que vemos y sentimos. La prisa y exigencias productivas nos absorben, mientras lo trascendente y la belleza de lo cotidiano parecen dimensiones de ciencia ficción, ajenas a la realidad de todos los días, desintegradas de nuestra vida, incomprensibles y diría que prácticamente olvidadas.
Mientras, voy caminando por mi vida de luces y sombras, el mundo cotidiano me presenta tenuemente, en cuenta gotas, la imagen de un Jesús acartonado, desteñido y lejano. Como si perteneciera a un mundo que ya pasó, como si su resurrección hubiera perdido toda su potencia y capacidad de maravillarnos y movilizarnos.
Sin embargo y a pesar de ello, siento la necesidad de expresar y cantar la bondad de vivir en la esperanza, por haber sido encontrado, mirado, rescatado y resucitado de las tinieblas y mis noches oscuras, amado y abrazado por un Dios cercano, que me amó sin límites y comparte mi condición humana, frágil y muchas veces gris.
Me ha conmovido, como respuesta a este hombre frágil que habita en mí, la frase del Evangelio, en la que Jesús me llama a anunciar la esperanza de un hombre nuevo:
“Jesús resucitado se apareció a los once y les dijo: «Vayan por todo el mundo, anuncien la buena noticia a toda la creación … arrojarán a los demonios en mi nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán».” (Mc 16, 15-20).
Me sobrecoge y desafía al llamarme Jesús a anunciar la buena noticia a toda la creación, y no sólo a los hombres, sino también a todo lo creado.
¡Alegrémonos y anunciemos a todo lo animado e inanimado la “buena nueva”!
¡Que se alegren los planetas, las estrellas y galaxias lejanas y cercanas, los agujeros negros, quarks, átomos, electrones, protones y neutrones y los misterios del universo, por la danza festiva que nos envuelve!
¡Anunciemos la “buena noticia” de esos hombres silenciosos y anónimos, que se levantan todas las mañanas con nueva esperanza y esfuerzo, para trabajar con dignidad, llevando el pan a la mesa de sus hogares! ¡Gracias por la “buena noticia” que se expresa en las tareas y logros alcanzados!
Alabemos la “buena nueva” que nos trae Jesús con su vida y resurrección, invitándonos a la esperanza de una vida luminosa, en la que comencemos a pregustar “… lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman.” (1 Cor, 2,9).
Gracias Señor por la “buena noticia” de todo lo creado, la vida resucitadora que lleva ínsita la actividad laboral, que nos llama a transformar la materia y las relaciones humanas con nuestro esfuerzo e inventiva, para gestar nuevos productos y servicios, darle sentido a nuestra vida y también paliar el hambre y desesperanza de tanta gente.
Te alabamos Padre por el espíritu de “estar resucitados” y la luz que ilumina nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, impregnando la vida con un nuevo horizonte.
Alegrémonos por los primeros brotes verdes de los sembrados, que, al elevarse al cielo, nos invitan a alabar agradecidos en oración, la bondad de Dios. ¡Gracias por su verdor y vitalidad, que nos llaman a festejar la vida!
Seamos portadores de la “buena nueva” en aquellos que ven a Jesús en el pobre y desvalido que pasa a nuestro lado y se detienen para auxiliarlo, postergando sus intereses, necesidades y urgencias.
¡Alegrémonos por tantas personas que anuncian la “buena nueva” con sus servicios en los hospitales y centros médicos, sanando y reconfortando las enfermedades, tomando las serpientes del dolor en sus manos y posibilitando que su veneno mortal no haga daño!
¡Llenémonos de alegría y gozo por los cultivos que van creciendo a su ritmo y llenan de nutrientes y frutos la naturaleza; y las cosechas que coronan el esfuerzo de los hombres y nos llaman a dar gracias por la creación!
¡Que la “buena noticia” del pan vivo bajado del cielo, nos lleva a multiplicar los panes y peces, para que no haya más hambre en el mundo!
¡Celebremos y gocemos por los avances en la conquista del espacio, los logros obtenidos en la misión espacial Artemis II que llevó a 4 astronautas alrededor de la luna! ¡Cuánto trabajo en equipo de miles de personas y generaciones que, trabajando en equipo a lo largo de los años, hicieron posible esta misión que nos enorgullece como humanidad!
¡Demos gracias a Dios por la “buena nueva” de descubrir la belleza de la naturaleza, los mares, lagos y ríos, montañas y bosques, animales y peces y las flores que, con sus colores y aromas, nos llaman a cantar de gozo!
¡Que todos se alegren, que haya fiesta, danzas y música para celebrar la “buena noticia!”!
Anunciémosla en los amaneceres y atardeceres, en la luz mágica que nos conmueve y nos acerca al misterio insondable de Dios.
Te alabamos Señor, por la “buena noticia” que, con valentía y honestidad, muchos periodistas dan a conocer todos los días, haciendo honor al principio de que “la verdad nos hará libres”, a pesar del riesgo de ser insultados y calumniados por quienes viven en la oscuridad del poder y las sombras.
Busquemos impregnarnos de una nueva forma de ver el mundo, para encontrar la presencia divina en lo escondido, insignificante, inútil y frágil, al igual que en lo grandioso y majestuoso que nos conmueve.
Gracias Señor por la “buena noticia” de quienes acompañan a los ancianos, los desvalidos, discapacitados y necesitados de ayuda y compañía, llevando la alegría y el cariño del cobijo.
¡Alegrémonos Señor por el “buen anuncio” que nos traen los amigos, con su cariño y compañía, compartiendo la aventura de vivir, sosteniendo nuestras dificultades y tristezas y celebrando gozosos las alegrías!
¡Alabemos la “buena nueva” de quienes expulsan los demonios del odio y la discriminación, la guerra, la venganza, y al artero seductor, que quiere llevarnos por el camino de las adicciones y la droga, y de aquellos que destratan y desprecian a los demás!
¡Dancemos llenos de gozo y entusiasmo por aquellos que destruyen el veneno ponzoñoso y destructivo del bullying cobarde, cruel y dañino, de quienes se esconden en el anonimato y la masa, para menospreciar a otras personas!
Alabemos el ingenio y creatividad de quienes desarrollan nuevos productos, medicamentos, fertilizantes, servicios, aleaciones de metales, nano conductores, robots inteligentes capaces de operar con precisión milimétrica, que crean nuevos softwares y procesadores de datos, ¡Gracias por cientos de nuevos inventos que se generan a diario!
¿Acaso no sería un cántico a la “buena nueva” hacer posible que los productos elaborados con tanto esfuerzo lleguen a la mayor cantidad de personas en el mundo?
¡Saltemos llenos de alegría por la “buena noticia” que anuncian todos los artistas del mundo, los músicos con sus canciones y melodías, llevándonos a soñar y conmovernos, adentrándonos en la belleza y el goce de lo maravilloso; por los artistas plásticos que expresan en sus pinturas lo inconmensurable de la creación, y los poetas, ¡que con su prosa y letras nos acercan nuevas lenguas y abren nuestro corazón!
¡Que haya fiesta por la fertilidad de tantos padres y madres, que traen al mundo la alegría de una nueva vida, y por quienes adoptan niños, llevándoles la “buena nueva” a quienes quizás se sentían abandonados sin calor de hogar!
Dancemos, cantemos y celebremos con palmas en la mano y festejos la “buena noticia” que nos traen los abuelos, jugando y alegrando con sus historias y canciones maravillosas, la vida de nuestros nietos.
Guardemos en nuestro corazón -como María- las palabras de Dios que recibimos de tantas personas, que nos cobijan del frío de la intemperie.
Alabemos con alegría a quienes llevan la “buena noticia” de acompañar a los tristes y a quienes están presos y privados de su libertad, cumpliendo sus condenas en ambientes que, muchas veces, son sórdidos y destructivos.
Gracias Señor por quienes anuncian la “buena nueva” de la paz, derribando los muros de división en las comunidades y extendiendo las manos para aliviar las divisiones y discriminaciones.
¡Que las empresas salten de alegría y gratitud por la “buena noticia” de haber “llenado sus graneros” con ganancias, por el trabajo colectivo y productivo de tantas mentes y espíritus brillantes!
Anunciemos la “buena noticia” por la magia de la inteligencia artificial, que nos permite trabajar de manera más eficiente y rápida.
Que te alabemos Señor por anunciar la “buena nueva” a través de la oración de tantos monjes y religiosos que, en el silencio del claustro y sus celdas, salmodian a diario, llevando al seno del Padre nuestras necesidades y preocupaciones. ¡Gracias Señor!
Cantemos y dancemos llenos de gozo por la “buena nueva” de quienes invierten su capital en proyectos productivos, asumiendo riesgos y apostando al desarrollo de nuevos bienes y servicios, haciendo honor a los talentos recibidos como buenos administradores del Reino de los Cielos.
Anunciemos la “buena noticia” de hablar nuevas lenguas en todos los ámbitos, respetando, escuchando y comunicándonos con más apertura y humildad, abriendo nuestro corazón a nuevos puntos de vista y dejando de lado un lenguaje agresivo y autoritario.
Y que esta alabanza Señor, nos acerque y permita extender las manos en un abrazo lleno de gozo y alegría, por la buena noticia de que es posible construir un mundo nuevo y resucitado de las tinieblas, como el que María guardaba en su corazón.

