Hace poco, mi amiga C.A. me recomendó leer “Esferas I”, el comienzo de los tres tomos del filósofo alemán contemporáneo Peter Sloterdijk (2003). Ella piensa y escribe sobre filosofía del espacio, pero me parecieron interesantes sus comentarios sobre este autor para aplicarlo a las empresas y organizaciones en general. Sin embargo, la lectura de unas primeras páginas del texto -no creo que lo termine- me condujeron hacia otro lado.
Una de las ideas-fuerza de Sloterdijk (2003) es que el ser humano de hoy se hace humano en esferas. La primera esfera es claramente el vientre materno y la familia. Sin embargo, en su vida adulta y social sigue intentando construir esferas para sentirse protegido. En su estilo de lenguaje lleno de imágenes (eso me gustó mucho de su escritura filosófica) Sloterdijk dice que el hombre actual es “un arquitecto de alojamientos simbólicos”. Es decir, el hombre intenta construir lugares compartidos o ámbitos relativamente cómodos para la vida en común y solidaria. El hombre intenta que esos espacios tengan un horizonte de significados o de valores comunes; a este horizonte de la esfera Sloterdijk lo llama el “cielo semiótico” (“sema” en griego es “significado”). La necesidad de construir una atmósfera esférica protectora dice Sloterdijk, emerge de la experiencia de caos o de vacío o de indiferencia y frio del mundo exterior. Construimos, dice, “semiesferas”. Si bien el concepto suena abstracto, son los espacios de los que participamos todos los días: la familia, el barrio, el lugar de trabajo, un grupo de amigos, una organización, un club, una red, un colectivo en el que nos sentimos cómodos por compartir valores.
Decía mas arriba, que la lectura de Esferas I me sacó de mi intención original. Buscaba ver qué se puede decir sobre las empresas como esferas y terminé preguntándome si Jesús, que usó tantas imágenes en sus palabras, había usado alguna vez la idea de esfera o algo parecido.
Lo primero que pensé es en la vid y los sarmientos (Juan 15, 1-8). La vid no es nada esférica sino que es una planta trepadora (vitis vinífera) que al ser podada por el viñador de más frutos que la parra. La vid produce más sarmientos y entonces, más uvas. Otra imagen que recordé es aquella situación en la que a Jesús aclara que su madre y sus hermanos son todos los que cumplen la voluntad de Dios (Mt. 12:48 y Mc. 3:33). La “esfera” familiar ya no es tal, sino que se ha extendido. Otra imagen, que nos ofrece San Pablo, es la imagen del cuerpo: Cristo es la cabeza y nosotros su cuerpo (1 Cor.12) y cada uno de nosotros está donde El-que-nos-une nos ha ubicado. Y la última imagen que vino a mi memoria es la imagen de Jesús resucitado (Jn. 20, 19 y 26) entrando al lugar cerrado donde estaban reunidos los discípulos luego de su muerte (¿la esfera del cenáculo?); Él pacifica sus miedos y los hace salir.
Solo quería compartirte esta derivación de la lectura de Sloterdijk: Jesús no parece proponernos construir esferas protectoras. Sino que nos pide estar unidos a Él -quien con su Padre y el Espíritu Santo son los que podan, unen y hacen crecer.
¿Cómo lo ves vos?
*Sloterdijk, P. (2003). Esferas I: Burbujas. Microsferología. Ediciones Siruela.

