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La IA y la persona: factor de producción y factor humano

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Abordaremos la Inteligencia Artificial en relación al fundamento económico de base según el cual el ser humano es primordialmente “mano de obra”, considerando implicancias y consecuencias de ello.

 

1 Competencia entre humanos y competencia entre humanos y máquinas

Desde hace un cuarto de milenio, empresas compiten entre sí por porciones de mercado y trabajadores compiten entre sí por acceder a un puesto de trabajo. Quien quede afuera, deberá probar suerte en otro lado como empresario, emprendedor o trabajador. Asimismo, desde el inicio del capitalismo el humano compite con la máquina y llegó a rebelarse contra la tecnología como hicieron los ludditas rompiendo máquinas en Gran Bretaña a inicios del siglo XIX.

Ahora bien, hace unas décadas comenzó claramente una competencia entre humanos y máquinas en relación al cerebro: en 1997 la súper computadora Deep Blue venció al imbatible ajedrecista Gary Kasparov. El desarrollo de la IA tiene pues un final anunciado: en términos generales del proceso muchas labores de “pensar” y/o “creativas” serán absorbidas por la IA y dichos trabajadores no podrán “reinventarse”; simplemente quedarán afuera y no podrán reubicarse en tareas más sencillas o manuales donde ya haya otros trabajadores, robots o algoritmos.

 

2 IA, capitalismo y vínculos humanos: factor de producción y factor humano

En el capitalismo, la contabilidad de cualquier empresa considera los “factores de producción”, siendo el humano uno de ellos. La eficiencia final del conglomerado de dichos factores es lo que define  – entre otras cosas- la posibilidad de expandirse o al menos mantenerse como agente económico individual acaparando una cuota del mercado del bien o servicio que ofrezca.Desde  la Revolución Industrial se desplaza mano de obra por aumento de la productividad , reduciendo el “factor humano” en la unidad de producción. Los rubros que iniciaron el proceso fueron el agro y la industria: de fábricas grandes con muchos obreros se pasó a fábricas más grandes – o muchas más de menor tamaño – con mucha menos mano de obra. Ahora bien, desde hace 30 años el desplazamiento de mano de obra se da al interior del  sector servicios que es el que más empleo da. Mediante sistemas de informatización y automatización en procesos de comunicación, administración, recepción, atención al cliente, compra-venta y muchos otros, se eliminaron puestos de trabajo. Y no pareciera que la “agenda 2030” vaya  a solucionar el problema[i].

Así, la IA es hoy al sector servicios lo que la automatización tecnológica y la robotización fue a la industria y al agro ( con drones y tractores sin cabina) pero con una diferencia sustancial: expulsa mano de obra que en este caso ya no tendrá otro sector al cual migrar. El hijo del obrero industrial pasó a ser empleado de tipo A, y  a lo largo de unas generaciones los hijos de empleados tipo A migraron para ser empleados del tipo Z, con ritmos de trabajo cada vez más intensivos. Así, la IA ya sustituye – y lo hará aún más –  al empleado tipo Z que no podrá “reinventarse”: no tendrá trabajo. Por ello, y aunque en parte “se oculten” o no proliferen como hace una década informes que proyectaban desempleo masivo[ii], la ONU y el Foro Económico Mundial promueven un sistema global de asistencia universal mínima.

Finalmente, traeremos dos ejemplos “extra productivos” para mostrar cómo la previa objetivación del humano como “factor” permite que la IA sea expulsor de humanos: la medicina y los vínculos afectivos.

Primero, en la medicina alopática tradicional la labor médica fue despersonalizándose, siendo muchas veces el profesional de la salud un “recetador” que responde con tal o cual medicamento a tal o cual problema. De este modo, y sumado a la expansión de las consultas virtuales, no es muy alocado pensar que para afecciones más sencillas con primeras respuestas más estandarizables, una IA “atienda pacientes” y sustituya mano de obra en el rubro salud.

Por último, y como algo que abordaremos en otro artículo, la IA 8 ya juega un rol como “acompañante humano”, sea el chat gpt con el cual muchos adolescentes consultan sobre problemas personales o en un paroxismo de deshumanización, la producción y venta de “robots sexuales”.

El común denominador de estos dos casos es el vínculo social utilitario en el cual el humano es un “factor” que nos debe servir o solucionar problemas,  sea médico o “acompañante no humano”.

 

3 El problema de la IA es el utilitarismo: ser más humanos y menos “factores”

Desde una mirada cristiana, creyendo que innovación no necesariamente significa avance o mejora, podríamos poner reparos a la hora de considerar “inteligencia” a lo que no provenga de un ser vivo, planteando  “estrategias de resistencia moral” a la IA. En primer lugar, cobremos consciencia de que nos estamos automatizando como “scrolleadores 24-7”[iii]. Y, en segundo lugar, intentemos lo más posible evitar nuestro utilitarismo que nos sugiere el “¿ y para qué sirve tal persona ?”.  Es mejor tener como compañero de trabajo a un humano en lugar de un robot y a un médico que nos palpe en lugar de una imagen animada recetándonos medicamentos, aunque “perdamos más tiempo”…

Inversión y empleo (2025-30): ¿proyección o esperanza?

https://elpais.com/retina/2017/08/10/tendencias/1502362809_488733.html

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