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Lula está de volta

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El batacazo de Lula en Brasil deja varias lecciones. Ni la derecha arrasa en América Latina, ni los oficialismos, jaqueados por el malestar social, están necesariamente condenados a la derrota.

Miramos la realidad según nos conviene. El progresismo vernáculo interpreta el triunfo de Lula en Brasil como la confirmación de que por fin le está llegando el ocaso a la derecha latinoamericana y de que podríamos estar a las puertas de una nueva primavera de las izquierdas. Los liberales, en cambio, miran otra cosa: se cortó finalmente la racha de derrotas oficialistas en la región. Queda a la vista que un presidente puede ser reelegido, aun con una economía poco dinámica y a pesar del descontento de muchos de sus conciudadanos. Si lo logró Lula, podría lograrlo también Milei. Quién sabe.

Los datos son los que son. Lula perdió por dos puntos en primera vuelta y ganó por más de tres en segunda: un batacazo. Al día siguiente, el índice de referencia de la bolsa de San Pablo cayó un 14%, la cotización de las acciones de empresas brasileñas en Wall Street se desplomó un 22% y el real se devaluó el 8% frente al dólar. Según los analistas, el mercado daba por descontado que se venía una etapa de mayor orden fiscal y ahora tuvo que corregir esa expectativa. Con estos movimientos, el hecho es que hoy los brasileños son más pobres que hace una semana.

Mencionemos algunas obviedades que nos deja el triunfo de Lula, por lo que tienen de universales y porque de algún modo podrían replicarse en nuestras latitudes:

Así estamos en la Argentina: el Merval cayó después del triunfo de Lula y las acciones de las empresas argentinas en Wall Street se desplomaron. Brasil nos arrastra. También —digamos todo— se aviva la esperanza de que algunas inversiones que hubieran ido a nuestro vecino gigante si ganaba Bolsonaro, terminen acá. O de que nuestro rol geopolítico se revalorice de cara a los Estados Unidos, ya que el proyecto del Brasil bolsonarista quedó frustrado. Todo, a un año de nuestras propias elecciones. Meu Deus, qué estresse!

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