Actualidad y coyuntura

Lula está de volta

Escrito por Juan Luis Iramain
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El batacazo de Lula en Brasil deja varias lecciones. Ni la derecha arrasa en América Latina, ni los oficialismos, jaqueados por el malestar social, están necesariamente condenados a la derrota.

Miramos la realidad según nos conviene. El progresismo vernáculo interpreta el triunfo de Lula en Brasil como la confirmación de que por fin le está llegando el ocaso a la derecha latinoamericana y de que podríamos estar a las puertas de una nueva primavera de las izquierdas. Los liberales, en cambio, miran otra cosa: se cortó finalmente la racha de derrotas oficialistas en la región. Queda a la vista que un presidente puede ser reelegido, aun con una economía poco dinámica y a pesar del descontento de muchos de sus conciudadanos. Si lo logró Lula, podría lograrlo también Milei. Quién sabe.

Los datos son los que son. Lula perdió por dos puntos en primera vuelta y ganó por más de tres en segunda: un batacazo. Al día siguiente, el índice de referencia de la bolsa de San Pablo cayó un 14%, la cotización de las acciones de empresas brasileñas en Wall Street se desplomó un 22% y el real se devaluó el 8% frente al dólar. Según los analistas, el mercado daba por descontado que se venía una etapa de mayor orden fiscal y ahora tuvo que corregir esa expectativa. Con estos movimientos, el hecho es que hoy los brasileños son más pobres que hace una semana.

Mencionemos algunas obviedades que nos deja el triunfo de Lula, por lo que tienen de universales y porque de algún modo podrían replicarse en nuestras latitudes:

  • No está muerto quien pelea. “No te des por vencido, ni aun vencido; no te sientas esclavo, ni aun esclavo; trémulo de pavor, piénsate bravo, y arremete feroz, ya mal herido”. Así lo decía Almafuerte, y así lo viven todos los que pelean hasta el final, como el incansable Lula. Aunque la derrota parezca inevitable, hasta el último minuto no está todo perdido. Les aplica a todos.
  • Toda regla tiene su excepción. La tendencia, hasta hoy monolítica, era que en Brasil ningún vencido en primera vuelta podía ganar en segunda. Ya no es más así. En la Argentina, la regla dice que, por alguna razón misteriosa, los oficialismos sacan siempre el mismo porcentaje de votos que lo que marca el índice de confianza del consumidor de la Universidad Di Tella. Eso, hasta que alguna vez no suceda.
  • La política es una ciencia social, no exacta. Quienes apoyaron a otros candidatos de derecha en primera vuelta, no necesariamente iban a votar a Bolsonaro en el ballotage, por mucho que el sentido común y los analistas lo supusieran. Los votos no se suman ni se restan como si la libertad no existiera.
  • El factor miedo. Después del triunfo de Bolsonaro en primera vuelta, llegó el susto: la perspectiva de que podría ganar, activó algún temor ancestral y millones de los que se habían quedado en sus casas el 4 de octubre, corrieron a votar por Lula el 25. No será ni la primera ni la última vez.
  • La arrogancia mata. Después de su performance sobresaliente en primera vuelta, Bolsonaro creyó que tenía ganada la elección: empezó a repartir ministerios, al tiempo que ejecutaba su prematuro paseo triunfal. Evidentemente a los brasileños les cayó mal, y se la cobraron. No supo ejercitar el difícil arte de tenerse confianza sin perder la humildad.

Así estamos en la Argentina: el Merval cayó después del triunfo de Lula y las acciones de las empresas argentinas en Wall Street se desplomaron. Brasil nos arrastra. También —digamos todo— se aviva la esperanza de que algunas inversiones que hubieran ido a nuestro vecino gigante si ganaba Bolsonaro, terminen acá. O de que nuestro rol geopolítico se revalorice de cara a los Estados Unidos, ya que el proyecto del Brasil bolsonarista quedó frustrado. Todo, a un año de nuestras propias elecciones. Meu Deus, qué estresse!

Sobre el autor

Juan Luis Iramain

Doctor en Comunicación (U.Austral). Socio Director de INFOMEDIA.

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