Hace un tiempo me senté a tomar un té con Nehemías y me contó de un pueblo cuyas murallas habían sido dañadas y sus portales quemados. Sus pobladores estaban sujetos a los ataques de vándalos y depredadores. Suponían que Dios los había abandonado, sentían soledad y miedo. Estaban tan marcados por la desesperanza que habían aceptado su tragedia. Años más tarde ese pueblo construyó una Nación.
Le pedí a Nehemías que no se fuera sin contarme cómo lo hicieron. Entonces me dijo: “solo necesitaban del ejemplo de un líder que les dejara un modelo a seguir” y me regaló su libro de gobernanza.
Dar Gracias por lo alcanzado y por el porvenir es un acto sanador. Así lo hicieron en aquel pueblo terminada la reconstrucción, agradecieron a Dios y también dieron gracias por el porvenir.
El Tedeum es un himno de Acción de Gracias a Dios, en Argentina lo hemos adoptado y adaptado para las celebraciones del 25 de mayo y el 9 de julio. En este último 9 de julio, Mons. Jorge García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires, nos invitó a reflexionar desde la parábola del “buen samaritano”.
Quisiera compartir contigo, mi querido lector, algunas inquietudes que me surgieron luego de escuchar y posteriormente leer el discurso del Arzobispo.
No quiero que me abandones aquí porque supones que lo que sigue será aburrido, pero qué imaginarías si te dijera que habló de Messi, sí lo hizo, aunque al final del discurso para citar una frase atribuida a Messi. Me preguntarás: ¿qué podría decir de interesante un jugador de fútbol?
No puedo negar que la cita me sorprendió, en cierto modo para bien y en otro no tanto. Antes de transcribirla, es necesario que te comente algo más del discurso para que puedas comprender ese final y mis temores.
Creo que conoces la parábola del buen samaritano. Un hombre es asaltado en un camino peligroso y es arrojado al costado del camino muy golpeado y herido. Jesús usa este relato para ayudar a comprender que la compasión debe estar en todas las acciones del ser humano. Así también en quienes asumen la responsabilidad de gobernar y en quienes asumen la gestión de administración.
En uno de mis encuentros con Nehemías, vino acompañado de un amigo, Enrique Shaw, empresario argentino, quien nos contó de un pueblo que había perdido su objetivo y olvidado a los verdaderos líderes. También nos habló del amor que tenía por su familia y que él creía que la gobernanza de una empresa se basaba en la dignidad humana y la trascendencia espiritual.
Después de ese té compartido entendí por qué Nehemías y Enrique eran tan buenos amigos. También al irse me dejó un libro, era la encíclica Magnifica humanitas.
Enrique Shaw, como Nehemías, hablan de la Doctrina Social de la Iglesia puesta en práctica, con los avatares propios de la vida. Es a través de la encíclica Magnifica humanitas que el Papa León XIV se enfoca principalmente en el desafío de las “cosas nuevas” para lo cual ordena los conceptos de dicha doctrina. Lo singular de esta es que toda su trama fue tejida a partir del relato bíblico de Nehemías.
Cada uno elige las palabras con las que construye su mensaje para transmitirlo con eficacia. El Arzobispo lo hace, manteniendo la forma de todos los Tedeum que recuerdo desde los años ’80, pero él se toma la licencia al final para citar a Messi. ¿Un jugador de fútbol?
Una de las preocupaciones fundamentales de nuestro tiempo es la educación y el impacto de los Medios en las personas, tanto para formarlas como para deformarlas. El Arzobispo advierte de aquellos que fragmentan los discursos para saquear frases y vaciarlas de su concepción original: Pueden ser tomadas frases aisladas para…, dijo.
Y aquí mi primer temor, porque de alguna forma él también fragmentó a Messi, mostrando de él solo una parte de quién es. Es un jugador de una cancha que excede los límites de un estadio. Messi, además de un excelente jugador del fútbol profesional, es un buen hijo, esposo y padre y además empresario y filántropo. Un ejemplo de vida para los niños y jóvenes de Argentina.
El sacerdote siguió su camino. La parábola da una estocada al sacerdote y resalta la compasión del comerciante (empresario), pues reconoce en él el gesto de ser el único capaz de asistir. Debe ser muy doloroso para un sacerdote, para quien su vocación se afirma desde la compasión, verse citado así.
Entonces me intriga si usar el ingenio, el esfuerzo y la riqueza propia para desarrollar negocios y empresas no es ser el Buen Samaritano. No en cualquier caso, porque el levita, como el sacerdote, no se detuvo. Entonces ¿por qué no resaltar a aquellos argentinos que son ejemplo real de gobernanza y por sobre todo incorporan a ella la compasión?
En esta distinción, Mons. García Cuerva fue preciso en objetar a quienes esclavizan al pueblo argentino a través del delito, el narcotráfico, la corrupción y también quienes se favorecen del “fruto del árbol prohibido”.
Pero, sin el ejemplo de los “santos”, sin reconocerlos públicamente, ¿cómo se enseña que la compasión y la generosidad son posibles de desarrollar en la vida?
Ahora sí, ya estás preparado para leer el último párrafo del discurso:
¡Y vaya si lo sabemos hacer! Estos días, movilizados por los colores de la selección nacional, se nos enciende el alma, nos unimos en un abrazo con todos, construimos un sueño colectivo, y valoramos que el trabajo sea en equipo; sigamos con la camiseta puesta, y con pasión, hagamos realidad el mensaje que Lionel Messi publicó alguna vez en sus redes sociales: “demostramos una vez más que los argentinos cuando luchamos juntos y unidos somos capaces de conseguir lo que nos propongamos. El mérito es de este grupo, que está por encima de las individualidades, ¡que es la fuerza de todos peleando por un mismo sueño que también es el de todos los argentinos…lo logramos!”
El libro de gobernanza que me dejó Nehemías nos impulsa a recon
ocer a quienes gobiernan bien sus empresas y proyectos. Así podemos comprender que la frase citada de Messi no es casual, responde a una persona íntegra, que comprende el contenido completo de la palabra familia y por ende de la palabra Nación, porque ambas palabras contienen los mismos principios primordiales.
La persona humana necesita encontrar en la familia todo aquello que le permite planificarse a lo largo de la vida, a ser un samaritano, a ser una persona que no solo “sana y cuida” sino también inspira a otros a continuar su obra, como lo hizo el “dueño del albergue” y así a colaborar con el desarrollo humano. Y desde esa concepción de familia se modelarán las empresas, las religiones y las naciones. Así lo hizo Jesús: primero, la familia.
Vivimos un tiempo de modernidad disonante, que va vaciando de contenido las palabras, por ello es importante una voz que le hable a nuestra alma y a nuestra razón. Sin olvidar de reconocer públicamente a aquellos que son ejemplo de liderazgo para nuestros niños y jóvenes. Por ello, las voces que llenan de contenido las palabras no deben ser ocultadas, para permitir que se proyecten e inspiren a la humanidad más allá de su vida.
Si no le ponemos nombre al amor de Dios en la tierra, ¿a quién se aferrarán los niños y los jóvenes?

