Hay series que incomodan porque dicen verdades. Envidiosa (Netflix) es una de ellas. Las tres temporadas creadas por Adrián Suar y dirigidas por Gabriel Medina, Fernanda Heredia y Daniel Barone nos susurran una sensación persistente de estar llegando tarde, de mirar al costado y pensar que los demás avanzan mejor, más rápido o “como debería ser”.
Vicky, la protagonista de esta historia (con una interpretación inolvidable de Griselda Siciliani), no es una villana. Es una mujer atravesada por comparaciones, mandatos y expectativas ajenas. Y por eso mismo, funciona como un espejo perfecto del mundo laboral actual, donde el liderazgo muchas veces se construye más desde la ansiedad que desde el propósito.
1. Compararse es natural. Convertirlo en rutina, no.
Vicky mide su valor en función de quién se casa, quién compra un departamento o quién “avanza primero”. En el trabajo pasa lo mismo: promociones, visibilidad y cercanía con el poder. Compararnos puede darnos información, pero cuando se vuelve hábito nos quita foco. Ningún liderazgo sólido se construye mirando todo el tiempo la carrera del otro.
2. No todo lo que parece éxito lo es.
Las vidas que Vicky idealiza, cuando se miran de cerca, también están llenas de conflictos, renuncias y silencios incómodos. En el mundo corporativo sucede igual: hay roles que brillan por fuera y pesan por dentro. Liderar también es tomar decisiones propias, no basadas en fantasías ajenas.
3. La envidia desenfocada te deja quieto. La ambición clara te pone en movimiento.
Vicky se queda atrapada en lo que otros tienen. Los líderes efectivos hacen otra cosa: convierten esa incomodidad en acción. Aprenden, piden feedback, buscan proyectos desafiantes, construyen reputación. La diferencia no es la emoción, es qué se hace con ella.
Les comparto un datazo: la motivación representa el 40% del éxito de los proyectos en equipo según Harvard Business Review. Pero a veces los directivos no saben cómo motivar eficazmente a los colaboradores. ¿La clave? Entender por qué ocurre la falta de inspiración y pensar estrategias para que vuelva a surgir.
4. Cada carrera tiene su propio ritmo.
Mientras algunas personas avanzan rápido, otras sienten que se quedan atrás. En las organizaciones, los tiempos no son iguales para todos. Y eso no los vuelve incorrectos. Liderar también es respetar los propios procesos sin vivirlos como un fracaso personal.
Las transformaciones positivas no necesariamente vienen en forma de ascenso o cambio de trabajo: existe más de una forma de progresar en lo laboral. Upskilling, coaching de carrera y cambios de roles internos ayudan a las personas a sentirse valoradas, comprometidas y lograr más chances de que se queden en las organizaciones.

5. La inseguridad no se resuelve con títulos.
Aunque Vicky consigue validaciones externas, el vacío vuelve. En liderazgo pasa lo mismo: el cargo puede ordenar, pero no reemplaza la seguridad interna ni la claridad de propósito. Sin eso, ningún ascenso alcanza.
Datazo: de acuerdo con el LinkedIn Learning Workplace Learning Report, el aprendizaje constante tiene mayor impacto en la empleabilidad que el reconocimiento externo. 9 de cada 10 expertos en aprendizaje y desarrollo están de acuerdo con una idea: el aprendizaje continuo es más importante que nunca para el éxito laboral. Entonces, las organizaciones deben usar las oportunidades de aprendizaje como una estrategia para retener el talento.
6. La envidia bien leída es información valiosa.
Cuando Vicky se obsesiona con ciertas personas, en realidad está mostrando qué desea: estabilidad, reconocimiento, sentirse elegida. En el trabajo, esas emociones suelen señalar qué dimensión profesional queremos desarrollar. Escucharlas (sin negarlas ni actuar impulsivamente) puede ser un gran punto de partida.
7. Decidir desde el enojo suele empeorar el escenario.
Varias veces en la serie, Vicky habla o actúa desde la herida: una conversación impulsiva, un mensaje dicho de más, una reacción que busca alivio inmediato pero deja consecuencias duraderas. El enojo, la frustración o la comparación activan respuestas rápidas… pero rara vez estratégicas, con un costo alto.
En las empresas, las decisiones tomadas desde el enojo suelen dañar vínculos, credibilidad y oportunidades. Liderar también es saber pausar: identificar qué nos pasa, dar espacio para procesarlo y recién entonces elegir cómo actuar, para que las emociones no decidan por nosotros.
8. No copies vidas: diseñá la tuya.
Vicky intenta encajar en modelos ajenos de éxito. Los líderes más valiosos hacen lo contrario: construyen su propio estilo, su propia narrativa profesional y su propia definición de logro. No hay una sola forma correcta de liderar, y es importante darte tiempo para encontrar la tuya.
9. La validación externa es frágil.
Likes, aprobación social, miradas ajenas duran poco, tanto en la serie como en el mundo corporativo. El aprendizaje constante, el impacto real y la coherencia personal sostienen mucho más que cualquier aplauso pasajero.
El propósito define nuestra razón de ser y el impacto positivo que tenemos en el mundo. En las compañías da forma a estrategias, inspira a las personas, involucra a partners, clientes y comunidades, define nuestras elecciones en momentos críticos y está entrelazado con la cultura corporativa. Según McKinsey & Company, tener ese propósito claro es el primer paso para pasar del “por qué hacemos lo hacemos” al “cómo hacemos lo que hacemos”.
10. Liderar es cambiar la pregunta.
Vicky muchas veces se pregunta: “¿Por qué ella sí y yo no?”
El liderazgo propone otra: “¿Qué quiero construir yo, con mis decisiones, mi talento y mi tiempo?”
Envidiosa nos habla más que de celos. Habla de identidad, de deseo y de una necesidad muy humana: sentir que vamos por el camino correcto. Y quizás el mayor aprendizaje sea este: el liderazgo empieza cuando dejamos de compararnos y empezamos a elegir con intención.
