“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” Romanos, 12:2
Lo que sigue continúa lo expuesto en “¿ Dónde encontrar o cómo “insertar” valores en la actual sociedad consumista y adictiva?”[1], abordando el naturalizado “scrolleo” en relación a conductas y valores.
1.El “Scrolleo” como conducta adictiva naturalizada
Si el Doc Emmeth Brown hubiera viajado de 1985 a 2026 y visto a la población de niños, jóvenes y adultos “scrolleando” a toda hora y en todo lugar, seguramente volvería horrorizado y plantearía a Marty Mc Fly la posibilidad de impedir tal “zombificación” aunque implicara una grave ruptura espacio-temporal.
El teléfono celular, al inicio de la década del 90 símbolo de status y a finales de la misma muy accesible, comenzó como herramienta para brindar más posibilidades de comunicación y terminó siendo en los hechos condición de existencia social y adicción cual cigarrillo que domina fumador. Forzando apenas la nota, diríase que el llamado “scrolleo” refleja desde hace lustros la vida del humano como ser que vive en las tinieblas de una dependencia adictiva constante. Dominado por su herramienta, el individuo hoy no podría imaginarse uno o más días “sin conexión” – y sin “multitasking”, pues perdió la capacidad de concentrarse por más de un minuto- , siquiera pocos minutos. Haga lo que haga, su mano tiende instintivamente a buscar el aparato para agarrarlo y tocarlo, mirarlo, para lo que sea, por las dudas, muchas veces para nada. Tener que apagar el celular lo siente como una inhibición que le provoca malestar, como si le apagaran una parte de su vida. “Hablá que te escucho” dice una persona a otra sin mirarla a la cara mientras toca y observa la pantalla de su aparato: imagen clara de que vivimos en un mundo distópico de tintes apocalípticos difícil de superar.
Desde ya lo expuesto no es algo aislado, forma parte de la lógica del capitalismo que necesita al individuo aislado, acelerado, estresado, siempre insatisfecho y “scrolleando”para mover la “rueda del consumo”. Empujando un poco más el razonamiento, hay que ver pues hasta qué punto este modus vivendi de adicto en las tinieblas de la pantalla es compatible con una vida basada en valores cristianos.
2.Bienestar y desarrollo humano: manejar nuestros tiempos en una era de (in)comunicación adictiva
La raíz del problema de un mundo sin rumbo adicto al “scrolleo” es en parte una cuestión conceptual y moral respecto de cómo consideramos y definimos de modo consciente “progreso y bienestar”. Nadie mentalmente sano consideraría que el desarrollo humano de la persona se asocie a vivir pensando en amasar fortunas, pero pocos consideran hoy en día asociar el bienestar con conductas no adictivas.
Creemos pues al contrario que el desarrollo humano genuino debe sustentarse en formas de vida no adictivas y que la llamada “paz interior”, independientemente de cómo la definamos o con qué la conformemos, no encuentra lugar en la vida de un ser 24-7 dependiente de un posible mensaje.
A ojos de todo el mundo, quien no usa teléfono celular es alguien “atrasado” e indicaría ausencia de “progreso”. Sin embargo, nunca como en esta “era de la comunicación” hay tanta gente solitaria y con importantes problemas de ansiedad y estrés, que se angustia porque “los ghostean”, sin contar los casos de ataques de pánico en adolescentes cuando se les corta internet o pierden el celular.
Al contrario, pues, creemos que el bienestar y la dicha comienzan por ser soberanos de nuestro propio tiempo. “Vivir a demanda” conectado full time, es todo lo contrario. Todos están para todos, pero nadie está para sí mismo. Y es muy difícil que un adicto, absorbida su mente por el objeto de deseo externo (un posible mensaje) tenga la fuerza para buscar a Dios dentro suyo.
3.¿Protegerse del “progreso” como punto de partida de una vida sana y con valores?
Krishnamurti actualizó la cita de Romanos afirmando que “no es sano adaptarse a sociedad profundamente enferma”. Sin dudas, si nuestro concepto de “progreso “naturaliza el “combo” de scrolleo y dependencia adictiva 24-7 del teléfono celular, paremos la pelota. Es algo necesario, humano y cristiano. Resistir la híper adaptación y decir sabiamente NO puede ser muy provechoso y “productivo” para nuestra salud física, mental y espiritual. Dejar la pantalla sin culpa es un esfuerzo que vale la pena. Amén.
