Hace unos días tuve la oportunidad de presenciar el segundo panel de la Jornada de la Comisión de Sustentabilidad de ACDE: “Construir oportunidades para transformar la educación”. Iba con la expectativa de escuchar diagnósticos sobre el mercado laboral, pero me llevé algo mucho más profundo: una lección sobre articulación humana, empatía y la urgencia de actuar en el territorio.
Bajo la calidez y la guía de Patricia Sclocco, compartieron escenario Arturo Acevedo (Fundación Acindar), Paula Cardenau (Arbusta) y Bautista Pino (Red de Innovación Local). Escucharlos no solo me dejó datos, sino preguntas incómodas y aprendizajes muy concretos sobre lo que significa educar hoy.
Aquí les comparto las tres grandes enseñanzas que me guardo de esa mañana:
- La sustentabilidad no es asistencialismo, es abrir cancha
Escuchar a Arturo Acevedo repasar los más de 60 años de la Fundación Acindar me hizo entender que la responsabilidad empresarial no es un concepto moderno ni una moda corporativa; es compromiso con la comunidad donde echás raíces. Cuando Acindar llegó a Villa Constitución, se encontró con que no había mano de obra capacitada para operar la planta. En lugar de buscar afuera, decidieron formar a la gente del lugar.
Hoy, a través de programas como Ingeniemos o del apoyo escolar que redujo la repitencia a un cuarto en escuelas locales, la lección que nos deja Arturo es clara: la empresa no puede ser una isla próspera en medio de una comunidad con carencias. Involucrarse con las escuelas técnicas y poner el know-how al servicio del entorno es una obligación moral y estratégica.
- El talento está en todos lados, las oportunidades no
Si hubo una intervención que me resonó fuerte fue la de Paula Cardenau. Desde Arbusta, Paula nos mostró cómo la tecnología puede ser un puente real de inclusión. En su empresa contratan a jóvenes sin experiencia previa de contextos muy vulnerables para prestar servicios digitales de alto valor.
Paula usó una frase que me quedó grabada: el valor de la agilidad para aprender (Learning Agility). En un mundo donde la Inteligencia Artificial hace que los conocimientos técnicos queden obsoletos en meses, lo crucial no es cuánto sabés hoy, sino qué tan capaz sos de adaptarte y aprender haciendo (learn by doing). Pero, además, nos dejó un desafío colectivo: si la IA va a automatizar las tareas más sencillas, ¿cómo vamos a rediseñar ese “primer escalón” para que los chicos más jóvenes sigan teniendo su primera oportunidad laboral?
- Romper la barrera del “yo no puedo”
Bautista Pino trajo al panel la realidad del territorio con una sensibilidad muy necesaria. Habló de una pobreza de la que no siempre se habla en los números del INDEC: la pobreza simbólica o subjetiva. Es esa grieta invisible que se produce cuando un pibe de 14 o 15 años internaliza la idea de que no va a poder.
Ahí es donde Bautista revalorizó la educación no formal, el club de barrio, la parroquia, el apoyo escolar, el municipio. Frente a una escuela formal que a veces tarda en reaccionar o no llega, es esa red comunitaria en la “última milla” la que le devuelve la dignidad y la esperanza a un joven. La gran enseñanza de su mirada fue que ninguna transformación educativa es posible si no reconstruimos primero el tejido social desde lo local.
Me fui del evento convencido de que frente al salto tecnológico de la IA no hay espacio para la lentitud ni para la resignación. Como nos decía la mesa en su cierre: no da lo mismo si este camino lo hacemos solos o con los demás.
Transformar la educación no es un expediente que le corresponde solo al Estado o a las escuelas; es una tarea que nos interpela a todos desde nuestro metro cuadrado. Nos exige a las empresas, a los profesionales y a la sociedad civil tener el coraje de innovar, tejer redes en la comunidad y, sobre todo, humanizar cada espacio que nos toque liderar.
