Reflexionar y actuar para defender a la persona humana hoy.
En el contexto de la visita de León XIV a algunos países de la región, resulta muy motivador realizar una lectura y meditación de su Encíclica Magnífica humanitas, sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial. Y no podría haber sido más oportuno el Papa, porque si bien la Encíclica se apoya e inspira en la considerada iniciadora de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), la encíclica Rerum novarum de León XIII (1891), no hay duda que los tiempos se han acelerado sobremanera en comparación. (y como veremos, este último punto pasa a ser también, tematizado por el importante documento.)
Es quizá conveniente manifestar, desde un inicio, que nos resulta un desafío escribir sobre este documento debido a que nos ha parecido tan relevante su contenido, las orientaciones que propone, así como logrado su estilo de redacción. ¿Qué decir, más que recomendar su lectura? Por eso, este artículo propone presentar simplemente un recorrido más bien descriptivo que, en lugar de aventurarse en interpretaciones, o explicaciones, intenta ser meditativo, dando lugar, a través de abundantes citas, a la propia voz del autor, en la esperanza que pueda estimular a una lectura más completa del propio documento.
Introducción y la DSI
La encíclica comienza con la introducción, que contiene un llamado al diálogo “con todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo”, que el Papa respaldó con el evento de presentación del documento el 25 de mayo de este año, en el que expusieron varios laicos y prelados del Vaticano, así como contó con la presencia de Christopher Olah, uno de los fundadores de Anthropic, empresa desarrolladora de la IA Claude.
León XIV hace en su introducción un llamado, que es una de las claves del documento, y figura en el propio subtítulo, a “Permanecer siendo humanos” en una época en que “se ha hecho cada vez más evidente cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando nuestro mundo.” Estos cambios no afectan la realidad humana indirectamente, sino que se entretejen con nuestra vida cotidiana, influyen en nues-tras decisiones y en la cultura que nos rodea. Por ello: “15. …tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor. El verdadero progreso nace siempre de un corazón abierto al otro, de una inteligencia dispuesta a escuchar, de una voluntad que busca lo que une más que lo que separa.”
En la misma Introducción se nos explicita otro principio interpretativo, la contraposición de imágenes bíblicas entre la historia de la Torre de Babel y la reconstrucción de los muros de Jerusalén debida al profeta Nehemías. En palabras del propio León XIV, que desarrolla esto en los parágrafos 7 al 10, podemos como síntesis citar lo siguiente: “10. Evitemos el ‘síndrome de Babel’: la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único –incluso digital– capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos. Este es el riesgo de la deshumanización –construir el futuro excluyendo a Dios y reduciendo al otro a un medio–, una tentación antigua y siempre nueva… Elijamos, en cambio, el ‘camino de Nehemías’, que pone de relieve el valor del trabajo compartido para hacer que la ciudad de Dios sea un lugar seguro… Hoy, reconstruir significa …edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad.
En concreto el Papa propone en los p.11-14 cuatro puntos para “Edificar en el bien”. Esto “…exige, ante todo, edificar sobre la roca de la relación con Dios… 12. …aceptar los límites y la fragilidad de la humanidad sin considerarlos un error que haya que corregir… 13. …exige una corresponsabilidad valiente. Ninguna mano, por sí sola, basta para sostener el peso de los desafíos que atraviesa el mundo; y ninguna es tan débil como para no poder ofrecer su contribución… 14. Por último… requiere un lenguaje evangélico. Evitemos las palabras que humillan o enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos…”
Luego se despliegan los capítulos I y II, dedicados a realizar una recapitulación de la Doctrina Social de la Iglesia en dos dimensiones, en la primera, una lectura histórica, y, en la segunda, repasando y revisitando los principios fundamentales. Se trata de una relectura valiosa por la apretada síntesis de los más importantes documentos y principios, junto con la dilucidación de lo esencial de cada uno, y presentando una interpretación adecuada al tiempo presente. A propósito de esto último el Papa en el p.17 sostiene que la DSI tiene un “carácter dinámico”. Es decir “…En cada época, de hecho, las res novae [los asuntos nuevos] instan a esta enseñanza [DSI] a medirse con las preguntas de la historia a la luz de la Verdad revelada. Por eso, también la IA debe entenderse no como un apéndice temático, o como una emergencia que hay que gestionar, sino como una transformación que interpela desde dentro las categorías de la Doctrina social y exige un mayor desarrollo de la misma, en fidelidad al Evangelio.”
Dado que, por la extensión y alcance de este artículo, no podremos desarrollar en detalle los temas de esos dos capítulos, nos limitaremos a citar en este campo el p.109, en el que realiza una aplicación de varios de los principios de la DSI al tema de la tecnología y la I.A.: “Los principios de la Doctrina social nos ayudan a leer esta nueva realidad. En un mundo donde pocos sujetos concentran datos, capital informático y capacidad normativa, hablar de bien común significa desenmascarar esta nueva asimetría epistémica, económica y política, nombrando los nuevos monopolios de la IA. Hablar de destino universal de los bienes significa encontrar modos de asegurar el acceso universal a las tecnologías y a la formación. Hablar de subsidiariedad exige proteger la capacidad de las comunidades de decidir y corregir, sin relegar su intervención a una vigilancia posterior, una vez que los estándares hayan sido establecidos en otro sitio.”[1]
[1] Las bastardillas son nuestras.
