Testimonio & Valores

Kolbe, un santo cercano

Por Hilda Cela Salomone y María Silvia Ylarri *

Hoy la Iglesia celebra a San Maximiliano Kolbe: sacerdote polaco, franciscano, escritor, misionero, fundador de un movimiento de laicos y de dos ciudades dedicadas totalmente a la Virgen María, mártir de la caridad, patrono de las familias, de los periodistas y de “nuestros difíciles tiempos”, como lo llamó San Juan Pablo II.

Una experiencia profunda con la Madre de Dios en su infancia marcó su vida. La Virgen se le apareció mostrándole dos coronas: una roja, significando el martirio; y una blanca, simbolizando la pureza. Le preguntó cuál quería y él eligió las dos… eligió todo. Y así fue su vida: vivió la donación total a Dios y al hermano en cada situación.

Desde su entrada en el Seminario de los padres franciscanos en la ciudad polaca de Lvov, a su estadía en Roma, donde se ordenó sacerdote en 1918, y donde fundó la Milicia de la Inmaculada, movimiento espiritual y de evangelización cuyo fin es llevar a todas las personas a Dios a través de la Inmaculada.

Continuó viviendo su entrega cuando volvió a Polonia y fundó el convento Editorial más grandes de Europa, donde se producían mensualmente miles de copias del Rycerz Niepokalanej, revista “El Caballero de la Inmaculada”; hasta su viaje a Japón donde fundó una segunda ciudad en las afueras de Nagasaki y realizó la misma publicación en lengua nipona.

Desde el regreso a su país natal, donde se hizo cargo de la formación de los más de 700 frailes que vivían en el convento; hasta su entrada en el campo de concentración de Auschwtiz, donde vivió hasta el extremo su entrega, dando su vida por otro prisionero, un padre de familia, en el búnker del hambre, muriendo el 14 de Agosto de 1941, vísperas de la Asunción de la Virgen.

Dar la vida

El Papa san Juan Pablo II se expresó sobre Maximiliano Kolbe: “no murió, dio la vida” y la dio entregando su corazón, su mente, su cuerpo al servicio de la caridad y por amor.

Recordando el testimonio del Padre Kolbe, podemos decir que el secreto de su santidad y de su fecundo apostolado fue la Virgen Inmaculada. El modelo que iluminó y guió toda su existencia, que lo puso en camino por el mundo e hizo de su muerte heroica en el campo de exterminio de Auschwitz un testimonio espléndido cristiano y sacerdotal.

Maximiliano escribía: “En esta vida tenemos que dar el ejemplo más grande, de cómo amamos a la Inmaculada y al Señor Jesús porque «Dios es amor», (1 Jn 4,8), por lo tanto, estamos invitados a vivir plenamente este amor, como Jesús mismo nos enseña con su vida y con su entrega”.

Los santos son personas que vivieron el amor a Dios. Maximiliano vivió esa experiencia, y nos dejó muchos signos de lo que es el auténtico amor a Dios, a la Inmaculada y a los hermanos. Por eso podemos decir que Kolbe es un santo cercano.

Así lo sentimos los miembros del movimiento de la Milicia de la Inmaculada (http://www.mi-international.org/) y de tantos Institutos fundados a partir de su espiritualidad, como Misioneras de la Inmaculada Padre Kolbe (http://www.kolbemission.org/).

Tras las huellas de Kolbe

Somos un Instituto Secular, donde laicas consagradas (Misioneras) y laicos agregados (Voluntarios) seguimos las huellas del Padre Kolbe en lo cotidiano, en nuestro trabajo profesional, en las misiones apostólicas, en el encuentro con los jóvenes, las familias y los niños; en los retiros y convivencias que llevamos adelante para distintas edades y especialmente, a través de la Prensa, de la revista María Misionera y de los libros producidos por nuestra Editorial: Ediciones de la Inmaculada.

Y así nos invita la Iglesia a recordarlo hoy: como un padre cercano y un ejemplo de vida. Maximiliano solía decir “¿Qué más podríamos desear? …penetrar activamente en nuestros ambientes, conquistar a las almas para la Inmaculada…” (Escrito Kolbe 1210). Que su mensaje de esperanza nos anime cada día más, ofreciendo las dificultades cotidianas y entregando nuestra vida hasta el extremo, por amor a Dios y a los hermanos. Sabemos que es posible realizarlo, por el ejemplo que nos dejó el Mártir de Auschwitz.

Particularmente le pedimos que interceda por los periodistas y por todas las familias.

* Hilda Cela Salomone es voluntaria de la Inmaculada Padre Kolbe en Tandil, Buenos Aires (contactoskolbe@gmail.com) y María Silvia Ylarri es Misionera de la Inmaculada en Rosario de Lerma, Salta (salta@misioneras.org)

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