Testimonio & Valores

La vida me engañó y mis definiciones de ética

La dicha nunca vino hasta mi olvido,
la vida me ha mentido, la vida me engañó.
De Angelis y Martel, 1946

Estos pequeños escritos suelen permitirme aclararme algunas cuestiones que se plantean en mi trabajo cotidiano. ¿Cuál es mi trabajo? Discutir -discuss- sobre ética todo el tiempo y escribir. Discuto con los autores que leo, discuto con adultos que trabajan en organizaciones y/o alumnos de posgrado.

En el ida y vuelta, no siempre tengo claro porqué o cómo discutiría algo que afirma el otro. Parece que así está hecho mi cerebro, primero concluyo (o intuyo) y luego tengo que “descular” mis propias razones.

¿Un nuevo mandamiento nuevo? Que el otro haga lo que tiene que hacer

Le cuento dos situaciones propias de las discusiones a las que me refiero. La primera. Supongo que, para acotar expectativas, al comenzar una capacitación en “Integridad” uno de los participantes pregunta:

-: El taller de ética ¿va a permitir que otros reconozcan el esfuerzo cotidiano laboral que uno hace?

-: Mmmmm…

La segunda. Mientras confeccionábamos en grupo un código de ética para una institución alguien propone que el primer renglón del código sea: “que el Estado haga lo que tiene que hacer”.

-: ¿Me habré equivocado de aula?

Algo subyace por igual en ambas situaciones. Puede ocurrir que alguien entienda la ética como el establecimiento de una situación generalizada de justicia, un mundo donde el otro me reconoce y cumple con su deber. ¿Será así?

“No sé si no quise, no supe o no pude”

Si soy de los que piensan que la diferencia entre bueno o malo es totalmente relativa, cuando de hecho me sucede que me convierto en víctima de una injusticia, ahí ya las cosas me dejan de parecer tan relativas y aparece la pregunta ética.

En cambio, no aparece de modo tan fácil la cuestión ética si esta implica hacerse cargo de la decisión que uno ha tomado, – incluso de modo pasivo.

La discusión sobre ética no tiene como objetivo lograr que los otros hagan lo que tienen que hacer y solucionar el mundo. El objetivo es reflexionar sobre la propia toma de decisiones y sus condicionamientos. ¿Y esta reflexión para qué sirve? Para tomar mejores decisiones, elecciones más libres, más auténticas, más humanas donde el otro sea considerado tan valioso como yo lo soy.

“La vida me engañó”

El otro día leía en LinkedIn el título de una nota que luego no pude volver a ubicar y decía algo así como “respeto porque quiero que me respeten”.

Si bien esa formulación parece muy similar a la regla de oro no lo es. Expresada en forma negativa la regla prescribe “no hacerle al otro lo que no te gustaría que te hicieran a vos”. Expresada en forma positiva está mejor en el Evangelio de hoy: “Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos” (Mt, 7,12)

Romano Guardini decía que la cortesía es “adelantarse en el respeto por el otro”. Lo que yo leo en esta afirmación de Guardini es que el que respeta se arriesga. Respeta porque considera al otro digno y valioso por anticipado, pero no sabe cómo responderá el otro, ni busca garantizar su respeto.

Actuar éticamente bien no tiene como resultado mecánico y lineal que el otro responda del mismo modo. El otro es libre.

Ud. dirá ¿y la confianza? ¿No exige reciprocidad? Si, pero reciprocidad no es sinónimo estricto de ética. Ser ético puede llevarte a un lugar donde justamente actuar bien produce que no confíen en vos.

Claro que todo esto desanima… ¿La vida te engañó?

Identidad y diferencia

Esto me lleva a postular mis definiciones de ética. No son definiciones de la ética como conocimiento filosófico sino, de la ética en sentido existencial, el su costado subjetivo y personal.

Mi primera definición es que la ética es el modo en que vos elegís lidiar con tu instinto de supervivencia; o más breve: el modo en que elegís sobrevivir.

Mi segunda definición es que la ética es mi honesto compromiso subjetivo con algo objetivo. Algo que está más allá de mi pequeñez como sujeto, algo que es más que yo mismo. Puede ser el otro, un Otro, una causa, un valor. ¿Y el superyó? No, Sr. Lector, no creo, ya nadie lo menciona. Sobreabunda, o bien el puro “ello”, o bien la supremacía del contexto cultural (el nuevo superyó).

La última definición que postulo es: la ética es el modo en que uno elige vivir la diferencia entre el bien y el mal. Es decir, la ética es mi identidad constituida sobre esa diferencia.

¿Qué le parece?

Sobre el autor

María Marta Preziosa

María Marta Preziosa

Dra. en Filosofía por la Universidad de Navarra. MBA por IDEA. Programa de Investigación y Docencia en Ética y Empresa. Facultad de Ciencias Económicas, Pontificia Universidad Católica Argentina

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