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¿Fue Jesús empresario?

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Escrito por Carlos Newland
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En esta nota se reflexiona sobre cual podría haber sido la profesión de Jesús antes de lo que se ha denominado su vida pública. Dada su alfabetización, carisma y conocimiento de las relaciones económicas y comerciales se propone que posiblemente fue un pequeño empresario dedicado a la construcción en zonas rurales.

De la ocupación de Jesús, antes de dedicarse de manera completa a la predicación religiosa, se sabe poco, ya que son escasos los datos que ofrecen los evangelios[1]. De alguna manera su vida aparece partida entre un antes y un después: a una larga etapa de preparación silenciosa durante unos 30 años, siguió una agitada fase pública que culminó con su muerte y resurrección, según lo relatado en los principales textos evangélicos.  Queda así la impresión de que sus actividades laborales, su vida social y religiosa durante su juventud e incluso madurez no tuvieron gran relevancia posterior.

En buena medida esta aparente discontinuidad es fruto del vacío de información y quizás interés que tuvieron los evangelistas en reseñar las primeras décadas de la vida de Jesús. De todas maneras, señalan que desde niño se interesó por entender e interpretar las escrituras, como muestra el episodio cuando, a los 12 años, sorprendió a maestros en el Templo de Jerusalén por sus conocimientos religiosos. Al mismo tiempo indican que Jesús sería más adelante cada vez más conocido por su sabiduría (Lc 2, 47). En su juventud ya sabría leer, una capacidad que muy pocos poseían en la época, lo que le permitiría acceder directamente a los textos sagrados[2]. Seguramente dedicó tiempo a enseñar La Torá a jóvenes en su sinagoga local. Su religiosidad lo hizo acercarse sin duda a su primo Juan, un ascético líder religioso con muchos discípulos, quien intentaría negarse a bautizar a Jesús por considerarlo su superior espiritual. Entre los seguidores de Juan se encontrarían algunos de sus futuros apóstoles, como Andrés y posiblemente Pedro. Muchos de estos eran pescadores, pequeños empresarios que poseían embarcaciones y contrataban empleados[3].  El círculo social en que se movió Jesús era pues de clase media: algunos de sus discípulos marcarían que para seguirlo debieron abandonar sus propiedades (Lucas 5,11)[4]. San Pablo parece marcar algo similar en el caso de Jesús- “Pues conocéis la generosidad de Nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza”.[5]

La actividad principal de Jesús en la mayor parte de su vida parece haber sido la de constructor, profesión que heredó de José, su padre adoptivo. En esta actividad debía operar con piedras y madera: el considerarlo carpintero es fruto de una mala traducción de la palabra griega tekton.[6] Su incuestionable capacidad de liderazgo y el hecho de que supiera leer (Lc 3, 16) son un primer indicio de que no se desempeñaría como un mero peón, sino que debe haber sido al menos un capataz y, más probablemente, un constructor/empresario. Jesús brinda una imagen que sólo cabría esperar de alguien que había tenido experiencia de gestión de obras:

««Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: «Este comenzó a edificar y no pudo terminar.» (Lc 14, 28-30)

Por otro lado, Jesús utilizó términos como “piedra angular” (Lc 20, 17) y señaló que un edificio debía ser construido sobre bases sólidas, como las de la piedra (Lc 6, 48-49)[7]. La cantidad de veces que menciona actividades ganaderas y agrícolas sugiere que trabajó en zonas rurales, posiblemente construyendo las torres de los viñedos que menciona en sus discursos. Sus referencias a la pesca manan posiblemente de su observación de la actividad principal de sus apóstoles: a esta actividad, como propietarios de embarcaciones, se dedicaban Andrés, Pedro, Santiago, Juan, Tomás, Natanael y Felipe (Ver Mc 1:20, Mt 4: 18-22 y Jn 21: 2-8).

Hay otra razón por la cual puede pensarse que Jesús realizó actividades de administración y gestión. Éstas son las innumerables menciones que hace a la actividad económica en sus parábolas y que deben haber surgido de su experiencia personal. Estas menciones denotan a alguien observando a los agentes económicos que toman decisiones sobre tareas encargadas a trabajadores, el financiamiento de emprendimientos y el uso eficiente de los recursos. La actividad de construcción, con sus obras acotadas en el tiempo, era un ámbito ideal para observar el ciclo de una iniciativa empresarial. Por otra parte, para los que escuchaban a Jesús sus ejemplos les serían familiares. La economía de la región era en gran medida una economía de mercado en el que los actores económicos interactuaban constantemente entre sí.

Los evangelios se desarrollan en el ámbito geográfico de la Provincia Romana de Judea y de la región de Galilea, perteneciente a la Provincia de Siria. Toda esta zona sería denominada más adelante Palestina. Con una población total cercana al millón de habitantes, en esta región prevalecía la mano de obra libre: aunque existía la esclavitud era minoritaria. Como en toda sociedad de la época predominaba como actividad la agricultura, la ganadería ovina y la pesca. Al interior de la agricultura sobresalían el cultivo de trigo, los viñedos, los frutales y los olivares.  Entre los servicios estaban los transportes, los hospedajes (posadas) y el comercio. En centros urbanos se desarrolló tanto una clase artesanal, como actividades religiosas y de gobierno, incluyendo las militares. La única urbe de dimensión mayor era Jerusalén, a la que se sumaban algunas ciudades costeras menores y muchos poblados pequeños, como Nazaret, el pueblo galileo donde Jesús vivió en su juventud.

Para trasmitir sus enseñanzas Jesús hizo uso de parábolas que utilizaba para explicar más claramente su doctrina[8].  Las parábolas consistían en pequeños relatos presentados con el objeto de ilustrar su mensaje religioso. Es claro que Jesús no tenía la intención de detallar la actividad económica y comercial que existía en la época, pero rasgos de esa temática están imbricados en muchos de sus relatos. El Galileo constata, por ejemplo, la existencia generalizada del trabajo asalariado y no algún sistema de prestaciones laborales de características feudales. En la “Parábola de los obreros de la viña” aparece en el trasfondo muy claramente que se negociaba un salario diario que estaba de acuerdo con el esfuerzo realizado por cada trabajador (Mt 20, 1-16). Como hubiera sido la opinión de cualquier empresario, Jesús marca que el trabajador debía esperar como un acto justo que le fuera pagado lo que había pactado al aceptar la labor y que esa era la obligación del empleador. En la parábola se contratan varios trabajadores a lo largo de la jornada, lo que implicaba que algunos laboraran menos horas que los otros. Pero el empleador le indica a su mayordomo que al final de la jornada les pague a todos por igual. Ante el enojo manifestado por los que habían trabajado más horas, el contratante proclama, como lo haría todo empresario, que él podía hacer lo que quisiera con su dinero. “¿No me es licito hacer lo que quiero con lo mío?” (Mt 20, 15). Creemos que posiblemente esta situación fuera vivida por el mismo Jesús, quien se apiadó de los jornaleros que inicialmente no habían podido ser contratados y que habían esperado desocupados en el mercado. También pensamos que el hombre misericordioso relatado en la “Parábola del buen samaritano” puede haber sido su experiencia personal. En la parábola un hombre recoge a un individuo que ha sido asaltado, malherido y dejado por muerto en el camino. Éste, un samaritano en el relato, lo traslada a una posada y abona al posadero por adelantado la estadía necesaria para el restablecimiento de la víctima (Lc 10, 29-37). En otras parábolas también aparece descripta la actividad laboral o comercial. En el relato del hijo prodigo, el vástago de un rico propietario decide volver a la casa paterna luego de haber gastado su herencia, ya que allí los trabajadores estaban mejor compensados (Lc 15, 11-32). Las actividades de compraventa aparecen claramente en la “Parábola de las diez vírgenes”, que salen a adquirir aceite para sus lámparas incluso tarde por la noche (Mt 25, 1-13). Se sobreentiende que, aun a horas avanzadas, las tiendas o locales de venta del producto las atenderían. El uso de posadas pagas también se revela en el episodio del nacimiento de Jesús. Sus padres, José y María, se habían trasladado de Galilea al pueblo de Belén, cercano a Jerusalén, posiblemente para ser empadronados en un Censo, realizado para mejorar la recaudación tributaria romana. Pero no encontraron lugar en un albergue, por lo que tuvieron que dormir en un establo, lugar donde nació Jesús (Lc 2, 7).

Otra cuestión que aparece de manera recurrente en las parábolas es el ahorro que se canaliza hacia inversiones que generaban una ganancia. Implícita está la idea de que se posponía un consumo presente por un mayor consumo futuro. Aquí destaca en primer lugar la “Parábola de los talentos”, donde varios empleados reciben fondos para que obtuvieran con ellos algún retorno. El empleado más adverso al riesgo, que dejó inactiva la suma recibida, fue castigado por su falta de acción: se indica claramente que por lo menos podría haber llevado el dinero a banqueros que le abonarían un interés (Mt 25, 14-30). En otra parábola se muestra a un rico o empresario que efectúa inversiones para asegurar su futuro. Estas incluyeron reemplazar sus graneros de poca capacidad por otros más espaciosos para poder allí almacenar cómodamente sus granos y bienes (Lc 12, 16-21). En la “Parábola de los viñadores homicidas” se pone el ejemplo de una planificada inversión agrícola: un dueño de un campo planta una viña y le hace mejoras, como edificar una cerca, una torre (para vivienda y para vigilar los cultivos), y un edificio donde procesar la uva. Todo ello para arrendarlo a terceros y así obtener una rentabilidad por su inversión (Mt 21, 33-42). Finalmente, en una serie de parábolas cortas y parecidas Jesús ilustra que, ante la oportunidad de un gran negocio, los agentes económicos deciden desprenderse de sus activos de modo de contar con la liquidez necesaria para hacer posible la inversión (Mt 13, 44-46).

La práctica de la época de ofrecer y tomar préstamos es bien presentada en la “Parábola de dos deudores”, por 500 y 50 denarios respectivamente. Allí aparece la potestad de condonar deudas ante la imposibilidad de cobro (Lc 7, 41-43). En la “Parábola del siervo malvado” de nuevo aparecen dos casos de deudores morosos, uno por la enorme suma de 10 mil talentos y otro por 100 denarios. En el primer caso, un acreedor ante la falta de pago de un deudor decide que en lugar de rematar sus bienes y venderlo junto a su familia, perdonarle la deuda. Ese mismo deudor a su vez no perdona a alguien al que le había prestado una suma mucho menor. En el relato aparece la posibilidad de refinanciar una deuda en caso de no poder cancelarla (Mt 18, 23-35). En la “Parábola del siervo sin entrañas” se muestra que, en un negocio de venta de alimentos, se entregaba a clientes trigo y aceite a crédito.   Ante la perspectiva de ser despedido un mayordomo hace arreglos con los deudores condonándoles las deudas presumiblemente a cambio de empleo o favores futuros (Lc 16, 1-13). Obviamente la condonación de deudas era un hecho que ilustraba muy bien su presentación de un Dios Misericordioso que perdonaba a las personas las faltas que habían cometido.

Un aspecto de la economía que sobresale al analizar los evangelios es que en Palestina el uso de la moneda estaba muy difundido: en los textos la mayor parte de las actividades aparecen monetizadas, incluyendo la entrega de Jesús a las autoridades religiosas por parte de su discípulo Judas, al que el Sanedrín le pagó como compensación 30 monedas de plata (Mt 26, 15). El numerario más común y utilizado en todo el Imperio Romano era el denario (de 3,6 gramos de plata), que imitaba a otra moneda más antigua, todavía en uso y de origen griego, el dracma.  Jesús en la “Parábola de los obreros de la viña” menciona a un empleador que decidió pagar el jornal de un denario a sus trabajadores (Mt 20, 1-16).  En otra parábola describe el caso de una mujer que poseía 10 dracmas, posiblemente parte de su dote de casamiento. Al perder un dracma lo buscó incansablemente hasta encontrarlo (Lc 15, 8-9). También Jesús menciona numerario de menor valor, como es el caso de la “Parábola de la viuda pobre” (Lc 21, 1-4). Allí detalla que los acaudalados pagaban fuertes sumas como impuestos religiosos al templo, fondos que se depositaban en su tesoro. Pero resalta el caso de una viuda que entregó dos monedas de cobre, denominadas “blancas”, y que eran equivalentes a menos de 1% de un denario. Lo notable es que la mujer hizo su contribución en metálico y no directamente con una paloma u otra ave.  Lo habitual de la realización de pagos en metálico al Templo también aparece cuando ciertos recaudadores le preguntaron a Jesús si él no estaba evadiendo la contribución, por lo que Jesús indicó a su discípulo Pedro que efectuara el pago por ambos, aun cuando lo consideraba injusto. Lo hizo entregando un estatero, una moneda de plata de origen griego equivalente a cuatro denarios (Mt 17, 24-27). En otra ocasión algunos fariseos y herodianos le preguntaron si era licito pagar los impuestos al gobierno romano. Como respuesta Jesús les pidió que le mostraran un denario, y señalo que en su cara estaba la imagen del Cesar y que por lo tanto correspondía pagar el tributo (Mc 12, 13-17). Finalmente, no puede dejar de mencionarse el episodio donde Jesús expulsó a los cambistas que operaban en la entrada del Templo de Jerusalén (Mt 21, 12-13): la función de estos intermediarios era, además de ser auxiliares en la recaudación del impuesto del Templo, permutar las monedas romanas y griegas que por sus imágenes no podían ingresar al centro religioso, por otras judías o tirias, permitidas.

Monedas de oro circulaban en menor medida como es obvio dado su valor. Una de ellas, la mina (equivalente a 100 denarios), es presentada en la “Parábola de los talentos” donde un propietario entrega esa moneda a algunos de sus empleados para que la invirtiesen en su ausencia (Mt 25, 14-30). Finalmente debe mencionarse que las 30 monedas de plata que recibió Judas por entregar a Jesús eran probablemente siclos de plata, cada una de ellas con un valor cuatro denarios (Mt: 26, 15). Seguramente el Sanedrín las había extraído del tesoro del Templo.

¿Fue Jesús empresario?

A la pregunta sobre a qué se dedicó Jesús antes de que tomara como su ocupación full time la predicación de su doctrina, caben pocas posibilidades: pensamos que lo más probable es que fuera un empresario con emprendimientos de construcción propios, o un mayordomo o administrador de otro empresario. Es muy difícil imaginar a Jesús como un simple jornalero. La experiencia laboral del Galileo, como su inserción social y sus amistades, sin duda impactaron en su predicación y en sus parábolas en particular. En un aspecto Jesús se asemeja a un radical emprendedor empresarial: pide a los seguidores que tomen un enorme riesgo personal para fundar una nueva empresa, la Iglesia, que parecía a todas luces destinada al fracaso.

Otra razón es que en la manera de predicar y presentar su doctrina Jesús se asemeja más a un hombre práctico (como lo sería un empresario[9]) que a un teólogo sofisticado o a un miembro de la clase sacerdotal. Su mensaje es de alguien que observa su entorno social y económico de manera realista y con actitud proactiva, con una postura empírica e intuitiva. No aparenta ser un soñador idealista extático.[10]

La posible actividad empresaria de Jesús en Galilea explica posiblemente por qué no logró gran éxito su predicación en ese territorio. En esa época, como en la actual, parecería poco creíble que un constructor bien conocido localmente se transformara de pronto en un gran líder religioso. Pensamos que la sentencia pronunciada por Jesús “En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria” (Lc 4, 24) se entiende mejor en el contexto de las actividades que realizó en la primera y larga etapa de su vida. Las personas que allí lo escucharon y no quedaron impresionados por su mensaje expresamente afirmaron escandalizados que poco podría esperarse de alguien que era un constructor local (Mc 6,4).

Agradezco la lectura y los comentarios recibidos de Gustavo Irrazábal, Francisco Bastitta Harriet, Carlos Taubenschlag, Cristina Corti Maderna, Carlos Hoevel y Alberto Espezel.

Referencias
[1] Se utilizó en este trabajo la edición española de la Biblia de Jerusalén. Las citas los cuatro evangelistas son mencionados así: Mt es Mateo, Lc Lucas, Mc Marcos y Jn Juan. Al lado del evangelista citado se detalla el capítulo y versículos correspondientes. A los efectos de este estudio se han consultado también la versión Reina-Valera de la Biblia, ya que ha mantenido términos originales sin simplificarlos.

[2] Sobre su capacidad de lectura ver John Meier (2000) Un judío Marginal. Nueva Vision del Jesús Histórico, Tomo I, Estella, pp. 282-290.

[3] John W. Schoenheit (2015) “The Calling of the Disciples” The Sower Magazine  1st quarter, en:  https://thesowermagazine.com/the-calling-of-the-disciples/

[4] Luis Rivas (1992) “El nivel social de los primeros cristianos”. Criterio LXV (2009): 516-519.

[5] Segunda Carta a los Corintios 8: 9. Ha sido común interpretar esta cita con relación a una renuncia a los privilegios divinos. Sin embargo, San Pablo la menciona en un capítulo en que está invitando a que los cristianos sean generosos en sus colectas, lo que indudablemente afectaba los fondos que podían destinar a otros bienes.

[6] Su profesión solo aparece mencionada en Marcos 6: 3. Este evangelio fue escrito en griego. Sobre la profesión de José ver Mateo 13:55. Ver también Ken Campbell (2005) “What was Jesus´Occupation?” Journal of the Evangelical Theological Society 48:3  pp. 501-519. Seguramente en esta cuestión tuvo alguna  influencia  el evangelio apócrifo  del Pseudo Tomás que relata la supuesta infancia de Jesús. Allí detalla un milagro que habría realizado en la carpintería de José, reparando un madero mal cortado.

[7] Buchanan (1964) ha indicado (p. 203) que por estas citas parece reflejarse que Jesús fue un constructor/contratista. George Wesley Buchanan (1964) “Jesus and the Upper Class” Novum Testamentum 7:3,   pp. 195-209.

[8] Cuando los discípulos le preguntaron a Jesús porque usaba parábolas su respuesta no es muy clara, pero subyace la idea de que hacían más accesible la comprensión de su doctrina (Mt 13, 10-15).

[9] En nuestra opinión.

[10] José Descalzo (1986) Vida y Misterio de Jesús de Nazaret I Los comienzos, Ediciones Sígueme: 302-304

Sobre el autor

Carlos Newland

Lic. en Economía (UCA) y Dr. en Historia (Univ. Leiden). Fue rector de la UADE y del ESEADE. Es decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la UCA.

Responder a Uriel X

3 comentarios

  • muy interesante y claro!!. Np hay pruebas ni testimonios de ¡a vida de Jesus, antes de sui retiro al desierto, su bautismo y el onicio de su presicacipn, pero el articulo recopila «pistas» valederas que pertenecia a la clase media constituida por peqieños u medianos empresarios que recurrian al trabajo libre asalariado

  • Gracias por compartir esta enseñanza, hay cosas que ha compartido que son nuevas para mí. Necesito mayor sustento de lo que Mi Maestro fue e hizo antes de comenzar su ministerio, para seguir sus pisadas.

  • Sin dudas Jesús fue un emprendedor con mentalidad empresarial. Probablemente el empresario haya sido Pedro, y esa fuera una de las muchas razones por la que lo eligió como primer Papa.