El impacto transformador de La Cocina del Trabajo
“Todas las personas tienen capacidades y potencialidades; lo que faltan son oportunidades”. La frase de María Celina Malvazo, directora de DE LA NADA Asociación Civil, no es solamente una definición. Es una convicción construida durante más de dos décadas de trabajo acompañando a jóvenes y mujeres que buscan salir adelante a través de la educación y el empleo.
Esa mirada es la que dio origen a La Cocina del Trabajo, un emprendimiento social que transforma capacitación en oportunidades reales de inserción laboral y que demuestra que detrás de cada persona hay talentos que muchas veces sólo necesitan una puerta abierta para desplegarse.
La iniciativa forma parte de DE LA NADA, una organización con más de 26 años de trayectoria en Luján y General Rodríguez, cuya misión es acompañar a quienes desean construir un futuro mejor a través de programas de formación, apoyo al emprendedurismo y a emprendimientos sociales que permiten convertir el aprendizaje en experiencia concreta.
Cuando la realidad marca el camino
La gastronomía llegó a la organización durante la crisis económica de comienzos de los años 2000, cuando DE LA NADA impulsó programas de microcrédito para personas que habían perdido su trabajo. La mayoría de quienes solicitaban esos pequeños préstamos elegían emprender actividades vinculadas a la cocina: panificados, pastelería o elaboración de alimentos. Fue entonces, que aquella realidad les mostró un camino.
“Nos preguntamos por qué no profesionalizar lo que las personas ya sabían hacer”, recuerda su directora. Así nació la escuela de oficios gastronómicos, donde hoy se forman ayudantes de cocina, panaderos, pasteleros, camareros y organizadores de eventos.
Sin embargo, el proyecto fue mucho más allá. Desde el principio entendieron que acceder al trabajo requiere también otras herramientas: aprender a trabajar en equipo, comunicarse, resolver conflictos, asumir responsabilidades y desarrollar confianza en uno mismo.
Esa confianza suele ser uno de los primeros desafíos. Muchas personas llegan con incertidumbre, dudas y la sensación de que determinadas oportunidades están reservadas para otros. Por eso, uno de los momentos más emotivos del proceso ocurre durante las entregas de diplomas.
“Muchas veces es el primer título que reciben en su vida”, cuenta María Celina. Y detrás de cada certificado hay historias que conmueven. Hijos que entregan el diploma a sus madres, nietos que acompañan orgullosos a sus abuelas, familias enteras celebrando un logro que trasciende una capacitación. Es el reconocimiento de un esfuerzo, la prueba tangible de que sí se puede.
El gran obstáculo: conseguir la primera oportunidad
Con el tiempo apareció otro desafío: muchos alumnos completaban su formación, pero se encontraban con una barrera frecuente en el mercado laboral: la falta de experiencia. ¿Cómo conseguir trabajo si nadie brinda una primera oportunidad? La respuesta fue crear La Cocina del Trabajo, un servicio de catering pensado como un puente entre la capacitación y el empleo. Allí los estudiantes y egresados pueden participar en eventos reales, aplicar lo aprendido y sumar experiencia profesional.
Lo que para una empresa es un servicio gastronómico, para muchos participantes representa mucho más. Significa atender por primera vez a cientos de personas, trabajar junto a un equipo profesional y descubrir que son capaces de asumir responsabilidades, que antes parecían inalcanzables.


