La santidad aguarda a los empresarios; el llamado universal a la santidad a través de Enrique Shaw.
Con ese título, un diario del 12 de septiembre de 1996 resumía el tradicional Foro Almuerzo de ACDE. El invitado era Mons. Jorge María Mejía, entonces secretario de la Congregación Vaticana para los Obispos y uno de los colaboradores más estrechos de San Juan Pablo II.
En un tiempo en que la Iglesia impulsaba con fuerza el protagonismo de los fieles laicos, Mons. Mejía sorprendió a las cerca de 200 personas reunidas —más del doble de lo habitual— con una afirmación que parecía desafiante: Juan Pablo II quería proponer ejemplos próximos de santidad y deseaba que se pudiera invocar en los altares a un empresario que hubiera sido santo no al margen de su vocación, y mucho menos en contra de ella, sino a través de ella. Mejía opinó que se podría promover la beatificación de Enrique, quien “nunca dividió su actividad de empresario de su compromiso cristiano, con sencillez, sin aparato, sin hacer bandera”. Cabe mencionar que él mismo lo había asistido como amigo y sacerdote en el período final de su vida.
Aquellas palabras encuentran un eco elocuente en el mensaje que el Santo Padre León XIV envió a la 31.ª Conferencia Industrial Argentina en noviembre de 2025, al focalizar sobre el ejemplo luminoso y cercano del venerable siervo de Dios Enrique Shaw. Su misiva culminó con estas palabras de aliento para los industriales: “La santidad debe florecer precisamente allí donde se toman decisiones que afectan la vida de miles de familias. El mundo necesita empresarios y dirigentes que, por amor a Dios y al prójimo, trabajen en favor de una economía al servicio del bien común”.
Los párrafos anteriores sirven de introducción para recordar que el 25 de julio de 2005, la Arquidiócesis de Buenos Aires abrió oficialmente la investigación diocesana para la causa de canonización de Enrique. Evocar la apertura de la causa trasciende la mera efeméride cronológica. La finalidad de este artículo no es únicamente rememorar una fecha en el calendario o un hito administrativo eclesiástico, sino volver a encender la chispa del llamado de todos los bautizados a la santidad.
Un antecedente decisivo
Mucho antes de iniciarse el proceso canónico, un grupo de amigos y colegas de sus años en ACDE y Acción Católica comprendieron que la vida de Enrique merecía ser conocida. Con esa convicción acudieron a Ambrosio Romero Carranza para que escribiera su primera biografía. Romero Carranza era un historiador, jurista y fundador de la revista Rumbo Social, inspirada en la Doctrina Social de la Iglesia.
En 1984, se publicó Enrique Shaw y sus circunstancias. Más que narrar una vida ejemplar, aquella obra se pregunta explícitamente si el plan de vida de Enrique no estaba dirigido, precisamente, a alcanzar la santidad (pág. 217 – 2.ª ed. – 1998).
El desafío que asumió ACDE
Luego del citado Foro Almuerzo de septiembre de 1996, y con el consentimiento de su esposa, Cecilia Bunge, quien se encontraba también presente, nació la Comisión Enrique Shaw en ACDE. Dicha comisión llevó a cabo un paciente trabajo de recopilación documental e investigación histórica durante años, con notable discreción y perseverancia.
Al año siguiente, en 1997, ACDE solicitó ser considerada formalmente como actora de la causa e inició las gestiones propias de la etapa preliminar a la apertura del proceso de canonización.
Su patrimonio documental
Toda causa de canonización se sostiene sobre hechos, documentos y testimonios. En el caso de Enrique, buena parte de ese patrimonio documental sobrevivió gracias a un gesto sencillo de Cecilia. Lo recuerda su hija Sara:
“Mis hermanos eran muy pícaros… un día mi mamá vio que les habían recortado las estampillas a las cartas. Entonces guardó todos los papeles en unas cajas y los llevó a la oficina. Gracias a eso hoy existen esos papeles. Siempre digo que fue una inspiración del Espíritu Santo”.
Sus cartas, apuntes personales y meditaciones, que bien pudieron perderse, terminaron convirtiéndose en una pieza fundamental para reconstruir la vida espiritual y humana de Enrique.
Breve historia de la causa
El sitio www.enriqueshaw.com recoge en uno de sus apartados la causa de canonización, su cronología y la documentación oficial. Para evitar la transcripción de lo que en ese espacio figura detallado y supervisado, se invita al lector a repasar los sucesos desde 1997 en adelante hasta llegar a diciembre de 2025, cuando el Papa León XIV autorizó la promulgación del decreto sobre el milagro atribuido a la intercesión del Venerable Siervo de Dios.
Un legado para los empresarios de hoy
El Concilio Vaticano II enseñó que la santidad constituye la vocación de todo bautizado. El Papa Francisco retomó esa enseñanza en Gaudete et exsultate, recordando que todos son llamados, “cada uno por su camino”.
En un nuevo aniversario de la apertura de la causa, su difusión no pretende imponer un modelo empresarial idealizado ni exigir una imitación fiel de su vida. Como decía el beato Carlo Acutis: “Todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias”. Dios no nos llama a repetir exactamente lo que hizo otro santo, sino a descubrir nuestro propio sendero a la luz del Evangelio.
La causa de Enrique también nos habla de los lazos humanos que la hicieron posible: del ímpetu de sus amigos para aportar sus testimonios y lograr que esa primera biografía fuera escrita; del cuidado de su familia como custodia de sus escritos; y de ACDE, una comunidad de dirigentes que entendió que resguardar la memoria de uno de sus socios fundadores era una forma de servir a la Iglesia y de ofrecer al mundo un testimonio de la vocación empresarial vivida con profundo
