Meter los pies en el barro: la lección de Coco Oderigo para transformar realidades desde el liderazgo
En una de las ponencias más conmovedoras del 29° Encuentro Anual de ACDE, Eduardo “Coco” Oderigo, fundador de Los Espartanos, desafió a la dirigencia a salir de su zona de confort. A través de historias de reinserción, segundas oportunidades y fe en acción, demostró cómo el deporte y el sentido de pertenencia pueden quebrar los círculos de la exclusión social.
El verdadero compromiso social y la responsabilidad de conducción exigen, en muchas ocasiones, trascender los límites de la teoría y la comodidad de las oficinas. Para transformar de raíz las problemáticas estructurales que aquejan a nuestra comunidad, los líderes están llamados a asumir un rol activo y disruptivo.
Durante el cierre de la primera jornada del 29° Encuentro Anual de ACDE, bajo el lema “Lo esencial ahora”, se vivió un momento de profunda introspección humana. Eduardo “Coco” Oderigo, abogado penalista y fundador de la Fundación Espartanos, compartió un testimonio de vida que sacudió los cimientos racionales del auditorio.
A través de su experiencia impulsando el rugby en contextos de encierro, el especialista ofreció una clase magistral sobre segundas oportunidades y confianza radical.
¿Qué significa para un líder salir de su propio metro cuadrado?
Oderigo comenzó su relato interpelando directamente la pasividad con la que muchas veces se abordan los mandatos éticos o las lecturas cotidianas del Evangelio. Frente al mandato de visitar a los presos, el abogado comprendió que la simple asistencia formal o el acompañamiento pasivo resultaban insuficientes para generar cambios reales.
La verdadera transformación exige una actitud que el expositor define de manera sumamente gráfica: salir del propio metro cuadrado y meter los pies en el barro. Esta decisión se materializó al ingresar a una cárcel de máxima seguridad bonaerense para enseñar rugby, un deporte que lo apasionaba y que servía como canal de conexión.
Lejos de especular con los riesgos o dejarse guiar por el temor, el proyecto se inició construyendo puentes de confianza absoluta con las personas privadas de su libertad.
¿Cómo el sentido de pertenencia revierte el ciclo de la destrucción?
Al ingresar al penal, el panorama era desolador: los internos destruían las instalaciones y el patio de deportes permanecía inundado y cubierto de basura de forma permanente. Ante la burocracia estatal que exigía complejos expedientes para reparar un caño roto, el equipo de voluntarios y empresarios decidió de manera directa.
Gracias al convencimiento y al aporte del sector privado, aquel espacio marginal se transformó en una cancha de césped sintético, aulas, gimnasio y un auditorio de primer nivel. La respuesta de los internos ante esta mejora material reveló un concepto de management social clave: el desarrollo de un profundo sentido de pertenencia.
- Cuidado de lo propio: Aquellas instalaciones que antes eran vandalizadas pasaron a ser cuidadas, pintadas y mantenidas de forma minuciosa por los propios detenidos.
- Reconocimiento de la dignidad: Al verse valorados a través de infraestructura de calidad, los internos modificaron radicalmente su conducta hacia el entorno.
- Crecimiento del proyecto: Lo que comenzó con apenas diez personas en un pabellón alberga hoy a miles de participantes integrados a dinámicas de educación, espiritualidad y empleo.
¿Qué nos exige la realidad al mirar el otro lado de la vía?
Uno de los momentos más profundos de la disertación consistió en la lectura de una célebre reflexión del autor Federico Gallardo acerca de los privilegios de origen. El texto expone una cruda comparación simétrica entre dos realidades de nacimiento que conviven separadas únicamente por una delgada línea o una vía de tren.
Por un lado, describe la vida de quien nace en una cuna abrigada, recibe un beso en la frente, accede a títulos universitarios y entrevistas laborales. Por el otro, retrata el destino de quien nace en un colchón húmedo, convive con la violencia familiar, el analfabetismo y el acero frío de las armas.
Oderigo invitó al auditorio a formularse un interrogante ético devastador: ¿qué hiciste tú para nacer de este lado de la vía y qué hizo el otro para nacer del suyo? Reconocer que el punto de partida no es igual para todos obliga a la dirigencia a deponer los juicios morales y a trabajar activamente en reparar las brechas sociales.

¿Qué realidades particulares enfrentan las mujeres en contextos de encierro?
Con el paso de los años, la Fundación Espartanos expandió sus fronteras institucionales para abordar de manera específica la compleja realidad de las cárceles de mujeres. El expositor advirtió que la mujer privada de su libertad enfrenta un contexto de abandono y un peso de culpa familiar significativamente mayor al del hombre.
Mientras los pabellones masculinos reciben numerosas visitas de madres y parejas, las cárceles de mujeres suelen experimentar una desoladora soledad en sus jornadas familiares. Para ilustrar el poder del perdón, Oderigo relató la historia de Saira, una joven espartana que llevaba siete años distanciada de su padre tras su detención.
Durante un partido de rugby en La Plata, la joven se desprendió de los prejuicios y los rencores acumulados para fundirse en un abrazo incondicional con su progenitor. Este perdón recíproco, sellado en pocos segundos y sin reclamos, demuestra que el amor humano tiene la capacidad de sanar los vínculos más dañados por la crisis.
¿Qué significa “contrabandear a Jesús” en medio de la adversidad?
El testimonio sumó una arista profundamente espiritual al relatar la vivencia de Juan Pablo, un directivo que pasó ocho meses detenido injustamente en un penal. Lejos de asumir el rol pasivo de víctima ante la grave injusticia sufrida, el empresario decidió convertirse en un protagonista activo dentro de su pabellón.
Utilizando su formación y su fe, Juan Pablo comenzó a evangelizar celda por celda a sus compañeros, despertando en ellos la necesidad de la práctica sacramental. Ante las trabas burocráticas que demoraban la autorización formal para que ingresara un sacerdote, Oderigo y el padre Jorge Fraile tomaron una determinación audaz.
Decidieron eludir los laberintos administrativos de la institución para llevar la comunión, un acto que el expositor denominó con gracia “contrabandear a Jesús”. A través del tejido de un alambrado perimetral de la cancha, en medio de un descuido de la guardia, el sacerdote logró administrar la Eucaristía al detenido.
Esta imagen potente recuerda que las urgencias del alma humana deben prevalecer siempre por sobre las formalidades o los plazos dictados por las estructuras burocráticas.
¿Por qué la actitud define la diferencia entre ser víctima o protagonista?
La última gran lección de la ponencia se estructuró a partir de una conversación real ocurrida en el hospital del Servicio Penitenciario de la provincia. Allí coincidieron Jesús, un joven que se quejaba amargamente por el abandono sufrido en su infancia, y Nicolás, un interno con un diagnóstico terminal de cáncer.
A esa interacción se sumó Diego Allers, un veterinario oriundo de San Antonio de Areco que padece Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad degenerativa sin cura. A pesar de encontrarse en una silla de ruedas y enfrentar un diagnóstico fatal, Allers asiste regularmente al penal para brindar su propio testimonio de vida.
El veterinario desafió de forma directa a los internos en el hospital: “Yo todas las mañanas me levanto y decido ser protagonista, agradeciendo un día más de vida y saliendo al encuentro de otros”. Su actitud transformó la compasión en una profunda admiración, demostrando que la libertad interior no depende de las circunstancias.
¿Cuál es el principal desafío que nos llevamos del testimonio de espartanos?
El cierre de la presentación de Oderigo dejó flotando en el auditorio un llamado urgente a revisar la mirada con la que juzgamos el potencial de nuestros semejantes. La labor de la dirigencia con valores no debe limitarse a administrar lo que existe, sino a profetizar y edificar sobre las capacidades ocultas de las personas.
Para guiar esta tarea, el abogado penalista recurrió a una célebre y pedagógica sentencia del pensador alemán Johann Wolfgang von Goethe. La máxima afirma: trata a una persona como es y seguirá siendo lo que es; trátala como podría llegar a ser y se convertirá en lo que está llamada a ser.
La responsabilidad del líder radica, en última instancia, en brindar las herramientas y el entorno seguro para que cada ser humano despliegue su vocación inalienable.
