¿Noticias falsas, fake news, desinformación al comienzo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, aún antes que existiera la Argentina?
Sí. Así lo detaca Beatriz Bragoni, doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires, profesora titular en la Universidad Nacional de Cuyo y miembro de Número en la Academia Nacional de la Historia en su libro “Conspiraciones”.
El comienzo tanto de la Argentina como de Chile no fue sencillo. No solamente por las profundas disputas sobre si seguir perteneciendo o no al Imperio Español, declarar la independencia, qué régimen adoptar, qué territorios incluir, quiénes debían ser los aliados en el mundo, sino también quiénes debían liderar, al menos, una primera instancia para comenzar a ordenar este gran alboroto.
Allí ingresa el libro de Bragoni. Sobre el futuro de Chile, Mendoza y Buenos Aires hay una asociación clara entre las figuras de Juan Martín de Pueyrredón, José de San Martín y Bernardo O’Higgins. Dentro del campo patriota como enemigos se ubican los hermanos Carrera: José Miguel, Juan José, Luis y, notable, Javiera.
Vamos a ser esquemáticos. Aplicamos la cláusula caeteris paribus como lo hacen los economistas, ya que el ramillete de actores, personajes y proyectos sería inabarcable en este espacio. El enfrentamiento de los miembros de la Gran Logia de Buenos Aires y sus hermanos santiaguinos contra los Carrera constituyó un frente en paralelo contra quienes siguieron apoyando la adscripción a un orden español.
Este conflicto se llevó ante todo en el plano de la política y se proyectó a la difusión de panfletos. Muy lejos de un periodismo profesional, propio de la segunda mitad del siglo XX, las imprentas acompañaban a los ejércitos para desprestigiar o satirizar al oponente.
Pueyrredón en su carácter de Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, tenía particular celo sobre el estado de opinión desde Montevideo hasta Santiago de Chile. Los calificativos despectivos hacia su persona, San Martín y O’Higgins eran cotidianos. Despotismo, tiranía, monarcas sin corona, eran apelativos usuales para desprestigiarlo a él y a sus aliados. ¿Quiénes encabezaban esta oposición? Los hermanos Carrera. Así, Pueyrredón acusaba a los editores de periódicos de instalar un “despotismo de la opinión” en base a “noticias falsas que han privado de autoridad para defender los derechos de la nación”. Se refería a la “prensa incendiaria” como un peligro para el débil orden existente. La Gaceta de Buenos Aires fue el órgano gubernamental y el canal usado por el Director Supremo para atacar y contrarrestar la acción de los Carrera.
Estos no se quedaban atrás en el cruce de epítetos ya que calificaban a Pueyrredón, San Martín y O’Higgins de “bárbaros asesinos”. Los brulotes incitaban a que “mueran los tiranos para que la patria sea libre e independiente”. Clamaban “venganza” y azuzaban el “odio eterno a los déspotas de Sud América”. No es esto tomado del diario de la semana pasada. Es de la segunda década del siglo XIX.
Ahora, si bien los términos y las actitudes limitadas en el campo del discurso pueden ser similares, si miramos con amplitud, la realidad es bastante diferente. No era un juego de amedrentamiento ni eran cruces de teclados ásperos como los hay hoy en día. Los hermanos Juan José y Luis Carrera fueron fusilados en Mendoza en 1818 por orden de Toribio Luzuriaga, gobernador local adscripto a San Martín. Este acto permitió amainar, aunque no puso fin la acción de José Miguel y Javiera, quienes continuaron conspirando, aunque con menos brío. José Miguel moriría también fusilado en 1821 en el contexto de las guerras civiles que estallaron a partir de 1820.
El libro no es extenso, está muy bien escrito y es de fácil lectura. Es muy útil para refrescar que los conflictos no son nuevos. Y que la política no es sencilla. Ni lo será.
Bragoni, Beatriz. Conspiraciones. Noticias falsas y justicia revolucionaria en el origen de la Argentina. Edhasa, Buenos Aires, 2026
