Actualidad

El tiempo es hoy

Listen to this article

“Cien años son una eternidad” dijo un niño de 10 años y alguien de 100 años afirmó “son efímeros”. Una hermosa perspectiva para enfrentar el desafío del tiempo.

A veces me despierto en esos días que me interpelan, entonces levanto la vista para ver el día de mañana convencido que tendré el tiempo necesario para el abrazo que hoy no te di. Vuelvo la mirada hacia ayer convencido que hice todo lo posible para abrazarte, pero no lo hice.

En ese intercambio de miradas entre el pasado y el futuro descubro que aquello que más necesitamos lo convertimos en postergable; suponemos que el tiempo estará ahí y nosotros también.

Podés o no elegir dedicar tiempo a leer en voz alta cuentos y contar la historia de la familia a tus hijos o a tus nietos en su infancia.

Podés o no elegir compartir el asado del tercer viernes con esos compañeros con los que estudiaste hace 30… 40… 50 años.

Mientras el asado se va haciendo en la parrilla, te sentás a una mesa con cinco amigos para jugar al truco. Mezclás las cartas, la mano a tu izquierda corta el mazo y repartís… Cada uno levanta sus tres cartas que el azar puso sobre la mesa. Allí están, vos ocupado con tus cartas, tus compañeros esperando que levantes la mirada y así comenzar el ritual del truco, una charla llena de gestos y señas para decidir la estrategia.

Las cartas van cayendo sobre la mesa al ritmo del diálogo que dice y no dice, entremezclándose la charla y las risas… Llega el pica pica, un diálogo entre dos… y alguien canta “falta envido”. Termina el juego.

Te invito a detener la lectura un instante: sentarte con la espalda derecha, los pies bien apoyados, cerrá un instante los ojos y sentí tu respiración. Ahora imaginá que estoy delante tuyo, me mirás a los ojos y me saludás con tu mirada. Yo te respondo “¡Gracias por estar aquí!”

Viajemos…

Una mañana, en un lugar muy distante, al amanecer, justo antes de despertar, Don Zoilo escucha una voz que le susurra al oído “¿qué sucederá mañana cuando te despiertes?, ¡si es que te despiertas! Mañana a esta hora vendré.” Entre sueños vio una mano rozar su corazón, fría como el metal. “¡La parca!”, gritó abriendo los ojos.

Se levantó cubierto por un sudor frío, distraído apoyó primero su pie izquierdo en el piso, condenado repitió enojado “por qué si aún no soy viejo. ¡Nunca pedí saber cuándo!”.  

En la mesa lo espera la Emilia, su pareja, alista el mate y ceba el primero, entre los aromas que intensifican los sabores del desayuno.

“¿Qué pasa Zoilo?” No responde, se esconde en su dolor pero no puede ocultar los gestos de su rostro, de su voz entrecortada. “¿Fue una pesadilla?” Insiste ella ofreciéndole un mate.  Él repite “nada”, pero ella sabe que le esconde algo.

Don Zoilo con el mate en la mano mira el jardín a través del ventanal lleno de flores de primavera. Una lágrima, igual a la que dejó caer cuando se fue Manuela, su mamá, destella mientras desciende por su mejilla con la luz del sol que inunda la cocina.

La Emilia sigue la lágrima y su mano va al encuentro de la de Don Zoilo, sin más, él larga prenda y ella le dice “¿La parca? Fue una pesadilla. Pero… ¡No! ¿Qué vas a hacer desde ahora hasta mañana, cuando deberías despertar? Porque mañana ya no tendré con quien compartir un mate.”

Con la misma incertidumbre de las cartas que pusiste en juego en el partido de truco Don Zoilo se enfrenta a todos sus pendientes.

El alma de Don Zoilo comienza a llorar, es el calor de la mano de la Emilia que le recuerda todo aquello que dejó para mañana, sus ausencias. Él la ama. La Emilia le ceba el segundo mate y le dice “Me alegra que después del primer mate no salgas corriendo al trabajo, debería agradecerle a la parca.”

Estar presente es mucho más que estar. Podrías repartir las cartas, levantarlas, pasar las señas y ganar el juego. Eso estará muy lejos de un partido de truco entre amigos, falta esa charla que se acompaña con unos mates o unos Fernet. Eso hace sentir memorable el juego. Algo cambia, nos abrimos.

Seguramente, como a mí, te intriga qué hará Don Zoilo. ¿Duele imaginar ser él? A veces, luego de llegar al final de un párrafo es bueno proponer detenerse un segundo en silencio, como cuando ves las tres cartas ocultas en la mano imaginando cómo las usarás.

No solo mi experiencia es la que te quiero compartir, también los hallazgos de la ciencia, como a través de la escala “Do you Know?”, (desarrollada por Marshall Duke y Robyn Fivush, de Emory University), encontraron que los niños que conocen su historia familiar perciben que son parte de algo más grande, siendo más resilientes, pueden moderar mejor los efectos del estrés.

La Emilia y Don Zoilo formaron una familia. “Zoilo, nuestra familia sobrevivió a muchas dificultades como el abuelo de tu abuelo Benigno. Nuestros hijos llorarán tu ausencia mañana y luego hablarán de vos a tus nietos y ellos a sus nietos” la Emilia, entre lágrimas lo consuela y se consuela.

Junto a Norma, mi esposa, durante la infancia de nuestros hijos y nietas les relatamos la historia de nuestras familias. Por supuesto, también nunca dejamos de leerles cuentos, compartir con ellos esos lugares imaginarios para abrir con ellos las puertas del diálogo filial. Imagino que ellos nos recordarán en esas historias como yo recuerdo a mi abuelo Benigno en las suyas.

Asumir la experiencia de Don Zoilo como propia te pone frente a la Emilia, te desafía como me desafió a mí. ¿Qué pensás que podría cambiar Don Zoilo en esas 24 horas? Y vos ¿Qué harías? Tal vez decidas… no hacer nada o enviar un mensaje o hacer una llamada. Es tu decisión, y eso está bien

El juego del Truco tiene esa extraordinaria particularidad que se debe jugar con el rostro descubierto, los gestos tienen el mismo peso que las palabras, y esas tres cartas que sostenés con las manos no te dicen qué sucederá hasta que la última la arrojes sobre la mesa. Cómo jugarlo siempre es tu elección, puede ser tan solo competir o gozar del maravilloso ritual del truco.

Ahora sos Don Zoilo, ese personaje que se sumerge en el juego. Ser él te lleva a transformar la mesa en un lugar de encuentro indispensable. Elegirás el orden de las cartas y cada una llevará un desafío y una historia … Envido… Truco… Falta envido…

Al final, te levantarás habiendo disfrutado del sabor de estar presente y compartir el juego junto a la Emilia. Ganes o pierdas, la parca nunca podrá llevarse tu ser que vive en los demás.

Sobre el autor

Pablo A Bevilacqua Mayan

Analista de Sistemas. Gestión de Riesgos. Gerenciamiento de Activos Físicos del Estado. Asesor en CONICET.
Gestión de Riesgos del Estado con Financiamiento BID. Insurance Broker Management (CEO - Insurance's Broker) Insurance Product Development Portfolio Development Training Work Groups Staff Training In Company.

Deje su opinión