Enrique Shaw Valores

El trabajo nos transforma

Escrito por Pablo Lamas
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En uno de sus pensamientos, volcados en sus notas, Enrique Shaw escribe: “Debemos identificarnos con nuestro trabajo. Nuestro trabajo es una parte o proyección de nosotros mismos”. En otras notas de esta serie sobre el pensamiento de Enrique se ha hablado acerca del trabajo y su sentido aunque hoy es importante profundizar en un aspecto más del problema. Evidentemente Enrique no sostiene que la dignidad de la persona nace de la productividad o que alguien es solamente su cargo, su empresa, su oficio o su rendimiento. Lo que dice es que el trabajo no es, ni puede ser, una actividad exterior a la vida sino que es uno de los lugares donde la persona se expresa, se forma y se despliega.
Por eso agrega: “Un carpintero, un constructor, un agricultor, no solamente saben dónde son necesarios, sino por qué son necesarios y cómo son necesarios”. El trabajador maduro no ejecuta tareas sueltas sino que comprende su lugar en la obra. Sabe qué hace, por qué lo hace y qué bien produce aquello que hace. Ahí el trabajo se torna pleno de sentido y de orgullo.
Aristóteles puede ayudarnos a pensar esto desde su idea de naturaleza. Para él, la plenitud de una realidad consiste en pasar de la potencia al acto: una semilla no se realiza conservándose semilla, sino llegando a árbol; las capacidades humanas no se realizan quedándose como posibilidad sino haciéndose hábito, obra, carácter. En ese sentido, el proyecto profesional es uno de los campos donde nuestras potencialidades se actualizan. En el trabajo ejercitamos la inteligencia, la paciencia, la creatividad, la prudencia, la fortaleza, la justicia. En el trabajo se desarrollan nuestras virtudes, nuestro carácter, nuestro espíritu de servicio. Transformar cosas es algo que pasa mientras somos transformados por el modo en que las transformamos.
Esto vale para cualquier oficio. El carpintero no sólo hace una mesa: aprende precisión, proporción, paciencia ante la materia, humildad ante lo que no sale. El constructor, al levantar una pared aprende de orden, proporción, resistencia, coordinación. El agricultor, al sembrar aprende a esperar, a comprender los ciclos y los ritmos de la realidad. El empresario, al dirigir una organización se forma o se deforma en cada decisión, en cada conflicto, en cada modo de tratar a las personas.
Por eso Enrique insiste en que debemos ser capaces de “enlazarnos intelectualmente con nuestro ambiente, de penetrar en él, de conocer los procesos dentro de los cuales nos movemos y vivimos, de saber lo que todo ello significa, de tener un sentido de causa”. Esta última expresión es decisiva: tener un sentido de causa. Profesionalizar una empresa no consiste en llenarla de procedimientos sino en lograr que las personas comprendan el sentido de lo que hacen. Que no sean piezas sueltas de una máquina, sino protagonistas conscientes de una obra común. Cuando el trabajo pierde ese sentido, aparece la desconexión: “yo sólo cumplo”, “a mí no me corresponde”, “hago mi trabajo”, “que decidan otros”. Pero cuando la persona entiende por qué es necesaria y cómo es necesaria, el trabajo se vuelve fecundo. El cansancio y la rutina se ordenan a un bien mayor y, aunque no desaparecen, cobran sentido.
El Evangelio lo muestra diáfano en la parábola de los talentos. El siervo infiel no es condenado por haber perdido, sino por haber enterrado. Recibió algo y lo devolvió intacto, estéril, sin historia. Tuvo miedo de ponerlo en juego. No lo trabajó. No lo hizo fecundo. No lo volvió un medio para transformar su persona y la realidad.
El trabajo es, para el empresario cristiano, una forma de participación en la obra creadora de Dios y un camino concreto de crecimiento personal. Allí los talentos recibidos se prueban, se ordenan y se multiplican.
Enrique nos recuerda que nuestro trabajo es proyección de nosotros mismos. Por eso debemos preguntarnos en qué nos estamos convirtiendo mientras producimos. Porque los talentos son recibidos para que seamos mejores mientras transformamos la realidad.

Sobre el autor

Pablo Lamas

Profesional (Abogado – Mag. Propiedad Intelectual) orientado al desarrollo de negocios y la gestión y gerenciamiento de proyectos complejos. Con 10 años de experiencia en la industria farmacéutica en distintas funciones y posiciones.

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