Estamos de acuerdo. Maduro es un dictador, su poder es ilegítimo y criminal, la devastadora crisis económica, la deriva autoritaria, la corrupción son de su primaria responsabilidad.
Me llamo’ la atención, en un artículo interesante, la definición que el derecho y sus corolarios sean considerados Old school.
otros actores políticos del resto del mundo se han mostrado ambiguos: que sí, que Chávez y su sucesor no eran un dechado de virtudes democráticas, pero que cuidado porque el derecho internacional no prevé estas cosas, que no está bueno como antecedente y que la soberanía de los países es muy importante. Old school.
Aplaudir sin crítica la “expedición punitiva” estadounidense en Venezuela puede ser un enorme error político y moral. Porque el mensaje que se transmite es este: la fuerza vale más que las reglas, siempre que la usen “los nuestros”.
Si se acepta esta lógica, estamos dando argumentos a todos los demás. A China cuando dice que Taiwán es una “provocación” que hay que arreglar. A Rusia cuando sigue vendiendo su cuento de la “desnazificación”. De nuevo a Estados Unidos cuando deciden que Groenlandia debe ser ocupada “por la seguridad del Ártico”, que Dinamarca no garantizaría.
La cuestión no es ser puro.
La cuestión es defender la alternativa, dejarla siempre sobre la mesa. El derecho internacional hoy en día es tratado como un adorno, un inútil broche o una molestia ridícula. Es fácil ser cínico y decir “solo cuentan los misiles”, “los tribunales internacionales son inútiles”, “las reglas son papel”.
Pero si se renuncia a las normas entre Estados, ¿cuánto tiempo lleva renunciar a las reglas, incluso en nuestra casa, incluso dentro en nuestra empresa?
Y aquí hay un detalle decisivo de la operación especial de Trump en Venezuela: si un “ataque de guerra” comienza sin autorización del Congreso —porque es “demasiado lento”, porque “existe el riesgo de filtraciones”— entonces no solo estás atacando un objetivo, estás aniquilando el control democrático sobre el poder. Estamos diciendo que el Parlamento – con el control que ejerce- es un obstáculo cuando se trata de ser “eficiente”.
Así es como se prepara el terreno, el caldo de cultivo, para el autoritarismo: con la retórica de la eficiencia y la rapidez. La fuerza puede parecer efectiva de inmediato, pero es una eficacia que cuesta caro: porque normaliza la arbitrariedad. Y cuando la arbitrariedad se vuelve normal, tarde o temprano se vuelve en contra. Hoy todas nuestras miradas están puestas en Taiwán, Groenlandia y, por supuesto, Ucrania, además de otras situaciones geopolíticas altamente alarmantes.
La Old school permitió, entre otros, que:
- Augusto Pinochet fuese arrestado en Londres en 1998 por violaciones a los derechos humanos ocurridas durante su dictadura en Chile, basándose en el principio de justicia universal; fue liberado por razones humanitarias y regresó a Chile, donde enfrentó procesos judiciales posteriores sin ser condenado antes de su muerte.
- El Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia pudo sentenciar al exgeneral serbio Radislav Krstic a 35 años; a Vidoje Blagojevic a 15; a Vujadin Popovic y a Ljubisa Beara a cadena perpetua; a Drago Nikolic a 35 años; a Ljubomir Borovcanin a 17; a Vinko Pandurevic a 13, a Radivoje Miletic a 19, y a Milán Gvero a 5 años de prisión.
- El expresidente serbio Slobodan Milosevic también fuese acusado por el genocidio de Srebrenica, pero murió en prisión sin haber terminado su proceso judicial.
Norberto Bobbio – profesor en mi facultad, filosofo del derecho, politólogo, senador vitalicio – en su Ética y Política” nos preguntaba:
¿Cuáles son los principios y los sustentos de una ética política? El fin justifica los medios. ¿Siempre? ¿Pero quién justifica el fin? ¿La ética política es la ética de los resultados? ¿Pero de todos los resultados? ¿Y los principios? ¿Se puede reducir el buen resultado al éxito inmediato? ¿Si queremos distinguir y analizar los resultados, tenemos que volver una vez más a los principios? ¿Cuál es el criterio con que evaluamos la ética política?
