Actualidad y coyuntura

León XIV y el poder de la diplomacia

Escrito por Said Chaya
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Dentro de unas pocas semanas, el Papa León XIV realizará una visita a la Argentina, la primera de un Sumo Pontífice en casi 40 años. León XIV, al igual que sus antecesores, se proyecta como un referente global, no por las capacidades militares o económicas de la Iglesia, sino por el liderazgo ético que lleva adelante en el mundo, que incluso lo ha llevado a disentir y contraponer sus opiniones con algunos de los líderes más poderosos del planeta. En este contexto, ¿cuál es la agenda internacional del Santo Padre? ¿Qué características tiene su propuesta?

El cuerpo diplomático de la Santa Sede se cuenta entre los funcionarios de política exterior mejores formados del mundo; además, el alcance de las nunciaturas, con representación en casi 130 países y organizaciones internacionales, es auténticamente global. Lejos de sostener un posicionamiento meramente protocolar, el Papa León XVI entiende a la diplomacia vaticana como una herramienta para promover los valores evangélicos, especialmente el de la misericordia, como afirma en Magnifica humanitas, en el contexto de problemáticas humanas de impacto global. En ese sentido, a través de su vocación universal, la Iglesia le recuerda al mundo la importancia de defender la dignidad de la persona y dar voz a los pobres, los migrantes y las víctimas de los conflictos armados alrededor del globo. Para el Papa, la tarea diplomática se apoya en tres pilares: la paz, que es más que una tregua y es concebida como una purificación del corazón; la justicia, orientada a atender las desigualdades y proteger a los más vulnerables; y la verdad, evitando ambigüedades y encarando un lenguaje franco.

Por otro lado, siguiendo la lógica de León XIV, los conflictos armados no son simplemente momentos de tensión seguidos por períodos de “paz armada”, donde la tecnología y los recursos económicos se ponen al servicio de la maquinaria de la guerra con el objetivo de generar temor en el enemigo. Aunque el cese del fuego entre dos grupos en pugna es una cuestión importante en el contexto de un conflicto, la verdadera solución a las guerras proviene de una nueva mentalidad basada en la humildad. Se trata de una nueva mirada del otro, de forma tal que emerge como un rival humanizado, con su lógica y sus objetivos. Ello no quita que, en ocasiones, ese paso no sea incómodo o que carezca de dificultades. Esto permite que el encuentro sea realmente efectivo: no solo permitirá una mayor fluidez en el diálogo, sino que además pondrá más cerca negociaciones que puedan arrojar resultados reales, cimentando contextos de paz más estables.

Aunque su pontificado ha comenzado recientemente, el Papa León XIV ya ha dado pruebas concretas de adhesión a esos principios diplomáticos. Ha llevado su mensaje en sus viajes pastorales, atendiendo a las problemáticas específicas en cada lugar que visitó, promoviendo una aplicación geopolítica concreta a los focos de conflicto. Los itinerarios a Turquía y el Líbano, junto con la reunión en Asís, estuvieron atravesados por la importancia de resguardar el diálogo con otras creencias religiosas. En sus visitas a Camerún y Angola, habló de la importancia de la reconciliación nacional en naciones atravesadas por la guerra. En su paso por Tenerife y también en Lampedusa, abrazó a los desplazados que llegaron a Europa, empujados por las necesidades en sus países de origen.

León XIV se aleja del paradigma realista de las Relaciones Internacionales: invita al recurso del multilateralismo, denuncia la carrera armamentista y advierte sobre el carácter incondicional del Derecho Internacional Humanitario. Eso no lo vuelve ingenuo ni menos pragmático: reconoce las asimetrías de poder y cómo las estructuras de pecado generan violencia real, pero al mismo tiempo invita a poner en marcha instituciones creíbles y discursos honestos, con marcos jurídicos obligatorios. La paz y la justicia no son fruto de la ingenuidad, sino resultado de la resistencia activa al mal promovida por los más valientes.

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Said Chaya

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