Valores

Los tesoros ocultos en el campo, descubiertos en el Mundial

Escrito por Carlos Barrio
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“El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo”  (Mt. 13, 44)

 

Ha terminado el campeonato mundial de fútbol. España ha sido un merecido y justo ganador, en todo sentido. Su juego fue vistoso y muy efectivo. Argentina por su parte tuvo una excelente actuación, pero fue superada con claridad por España.

El ciclo llevado adelante por Messi, los jugadores y su técnico, Lionel Scaloni, en todos estos años ha sido brillante, lleno de logros y satisfacciones. Pero ha habido una declinación, que se vio reflejada en el juego y el resultado de la final.

El sentimiento de impotencia ante un resultado negativo es capaz de despertar enojos y generar una ira interior que, en muchas ocasiones, puede terminar siendo incontrolable.

La palabra ira deriva de Ὀργή (“ira”) y μῆνις, “furor”, “cólera que mata” y esto es lo que muchas veces ocurre.

Me ha entristecido ciertas reacciones de violencia de algunos jugadores argentinos al terminar el partido. Las comprendo, pero no las justifico.

Esta cólera que mata también la podemos observar en muchas otras expresiones ajenas al fútbol, como el trabajo, la empresa y la política.

Lo ocurrido en la final del mundial es un hecho muy valioso y revelador para reflexionar sobre la forma cómo reaccionamos ante la frustración de un resultado no deseado, que esperábamos con mucha ansiedad y convencimiento.

La cólera que mata, surgió en muchos de nosotros con fuerza y determinación. Son nuestras sombras escondidas, con las que no nos hemos contactado, hasta que ciertas circunstancias las sacan a flote y se manifiestan con toda su crudeza.

“Todos tenemos la tendencia innata a desarrollar una sombra, compuesta por las características personales que han sido rechazadas y reprimidas, y que no registramos como propias, pese a percibirlas con gran claridad en el mundo externo.”[1]

Anselm Grün y Meinrad Dufner citan un antiguo cuento alemán (“Los tres idiomas”) recopilado por los hermanos Grimm, que ilustra un camino para observar nuestras sombras y transformarlas positivamente[2]. Dice este cuento que un joven vuelve tres veces a su casa a ver a su padre, cada vez que ha aprendido un nuevo idioma. Y así va descubriendo el idioma del ladrido de los perros, el del canto de los pájaros y el del croar de las ranas, los que representan la gradual confianza en sí mismo.

Quiero detenerme en el idioma de los perros, en el que el joven llega a un castillo donde decide pasar la noche, pero sólo puede alojarse en la torre del mismo, en la que están encerrados unos perros feroces, que ya han devorado a varias personas. Sin embargo, el joven no se acobarda y entra en la torre, en donde los perros comienzan a ladrarle furiosamente. En esas circunstancias el joven decide dialogar con ellos y del mismo va surgiendo la calma y la confianza mutua, y así los perros terminan revelándole su secreto: ladran con furia porque guardan un tesoro allí escondido. A partir de esa confianza mutua los perros van guiando al joven de a poco, hasta encontrar el tesoro escondido.

Los citados autores señalan que “allí donde ladran los perros, donde nos alarman los pensamientos, donde las emociones nos sacuden, donde nos someten los sufrimientos, donde nos rozamos con otros hombres y no vemos solución posible a nuestros conflictos, donde los síntomas de una enfermedad esperan su nombre, allí hay también un tesoro escondido […] Precisamente allí, donde se nos ladra y alarma, debemos cavar en busca del tesoro […] Debemos estar muy atentos a nuestros sentimientos, a la alarma de nuestras emociones, a nuestras desproporcionadas reacciones, a nuestras susceptibilidades, a los lugares donde nos sentimos impotentes y frenados, y a los lastres de nuestro cuerpo; entonces también nos será descubierto cómo podemos llegar al tesoro escondido. ”[3]

Hay que reconocer que, al finalizar el partido de Argentina y España, los perros feroces alojados en mi interior, se manifestaron con mucha tristeza y también enojo. Me hacía eco de sus ladridos y no podía dominarlos ni dialogar con ellos. De alguna manera, me dominaban y sometían.

Pude observar que varios jugadores de la selección argentina, soltaron también sus perros feroces en el campo de juego, persiguiendo con cierta violencia a algunos jugadores de España, por motivos que nunca serían justificables.

Debemos reconocer que todos llevamos perros furiosos en nuestro interior, con los que deberíamos contactarnos y dialogar, para lograr que nos conduzcan hasta el tesoro escondido que custodian.

Por tal motivo me pregunto, ¿cómo son mis perros feroces? ¿qué tesoros esconden que aún no he descubierto? ¿Cuándo se manifiestan?

¿Cuántos ladridos llevo dentro mío que no he revisado? ¿Cuántos perros distingo en mi trabajo? ¿De qué forma se expresan? ¿Los dejo sueltos sin detenerme a observarlos o dialogo con ellos para encontrar el tesoro que ocultan?

El cuento del Principito nos señala un camino para conducirnos hasta nuestro tesoro. Allí el zorro le pide al principito:

  • “Domestícame”.
  • “Es una cosa demasiado olvidada -dijo el zorro. Significa “crear lazos”.
  • ¿Crear lazos?, le preguntó el principito.
  • “Sí, dijo el zorro … si me domesticas mi vida se llenará de sol.”[4]

Necesitamos domesticar nuestros perros furiosos para descubrir el tesoro que esconden. “Sólo se conocen las cosas que se domestican”[5], nos enseña el zorro del principito.

Sólo dialogando y generando un vínculo con nuestros perros feroces y sus ladridos podremos encontrar el tesoro que esconden. Tengo que reconocerlos y vincularme con ellos para hacerlos míos, sacándolos de mis sombras, de la torre del castillo.

  • “Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes.”[6], dijo el zorro al principito.

Las sobre exigencias diarias nos llevan a no detenernos ni reflexionar. Nos alejan de nuestro autoconocimiento, dificultando un diálogo auténtico interior con las sombras que se encuentran en la torre del castillo.

Me pregunto ¿qué debería hacer para vivir contactado con lo más auténtico de mi ser, dejando de mostrar sólo una imagen impostada de mi persona?

Nos dicen Anselm Grün y Meinrad Dufner que “mientras persista en el intento de encubrir mis puntos débiles, mis sombras, lo negativo, jamás podré establecer con los otros más que contactos superficiales.”[7] Nunca podré transformar en tesoros mis sombras. Ya que “todo lo que se reprime o se aparca queda restado de la vitalidad … cuanto más encadenemos los perros tanto más furiosos se vuelven.”[8]

¿Hacemos lugar en nuestro trabajo para escuchar los ladridos de los perros furiosos que nos habitan?

¿Existe en la empresa una cultura que nos ayude a aprender el lenguaje de los perros o sólo los apartamos y encerramos en la torre?

¿Qué estilo de liderazgo y comunicación prevalece en mi trabajo? ¿Se permite expresar la apertura y vulnerabilidad o sólo lo políticamente correcto?

¿Es posible generar una cultura de vínculos, si la gran mayoría de los trabajadores no encuentra un ámbito para compartir sus ladridos y tesoros?

Para José Kentenich el camino “… no es extirpar sino ennoblecer … trabajamos demasiado con el motivo del temor, y por eso educamos tantos lisiados, por eso somos también nosotros tan inválidos, no logramos ir más allá de un cierto límite de nuestro modo de ser.”[9]

Sólo desde la confianza mutua podremos construir vínculos que nos lleven a desenterrar los tesoros ocultos en nuestro campo, para vivir con alegría y renovada vitalidad.

[1]Alicia Schmoller, “La Sombra”. (Ed. Kier, 2015), pág. 19

[2]Anselm Grün y Meinrad Dufner, “Una espiritualidad desde abajo” (Ed. Ágape, 2011), pág. 63.

[3]Anselm Grün, “Transformación” (Ed. Lumen, 1997), pág. 30-31

[4]Antoine de Saint-Exupery, “El Principito”. (Ed. Emecé, 2009), págs. 79-80.

[5]Idempág 80.

[6]Idempág 80.

[7]Anselm Grün y Meinrad Dufner, “Una espiritualidad desde abajo” (Ed. Ágape, 2011), pág.55.

[8] Idem 64

[9] José Kentenich. “Textos Pedagógicos” (Ed. Nueva Patris, 2008), págs. 365, 374 (texto tomado del Hombre redimido -1935), 100-101

Sobre el autor

Carlos Barrio

Abogado (UBA) con una extensa carrera en el sector legal de multinacionales. Coach Profesional (Certificación internacional en el Instituto de Estudios Integrales). Posee posgrados en Harvard y UBA.

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