Socios y escritores

¿Qué valor tiene lo que hacemos? El sentido del liderazgo

Escrito por Gustavo Calveiro
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Una reflexión de Gustavo Calveiro, autor de ¿Hay Futuro! Liderando desde la incertidumbre

¿Qué sentido tiene lo que hacemos? A partir de esta pregunta, Calveiro reflexiona sobre el propósito de su primer libro y los cuatro sentidos que descubrió en el camino: aportar a las necesidades de una sociedad atravesada por la incertidumbre, acompañar la soledad de los líderes, inspirar el protagonismo y, finalmente, encontrar un sentido personal en el acto de escribir, escuchar y aprender del otro.

A continuación, una transcripcíon de la reflexión de Gustavo Calveiro


Víctor Frankl decía que es la vida la que espera algo de nosotros, que el hombre no necesita vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta o una misión que merezca la pena. Mi primer libro, ¿Hay futuro! Liderando desde la incertidumbre, es el resultado de un proceso que no tenía como propósito un libro, sino que fue una consecuencia de un camino, deseado, por cierto, pero consecuencia al fin. ¿Cuál es el sentido de escribir un libro? Yo entendía que no era para mí, sino que debía ser para los demás, y que debía ser útil para quienes hoy enfrentan decisiones en este contexto de incertidumbre continua.

Había otras sensaciones dentro mío que no eran tan claras, y las ideas fueron caminando conmigo desde el principio. Entonces, hice lo que se hace en la incertidumbre, define un rumbo, una lógica de contenidos y una dinámica para elaborar el libro. Y comencé a recorrer un camino y, sin controlar nada, descubrí cuatro sentidos que hoy les quiero compartir. Primero, encontré sentido para las necesidades de la sociedad en este momento. Es una sociedad que vive en una incertidumbre continua y fuera de control, Palabras que quedó anticuada, y hoy la estamos cambiando por dialogar, entender, estimular y motivar para hacer que algo pase.

Me di cuenta que a la sociedad le sobran oráculos del fin del mundo laboral, y le faltaban propuestas, enfoques, métodos basados en la experiencia, pero que contemplen todas las necesidades, en el que desarmemos la incertidumbre a partir de conversaciones inteligentes. Y sumé más de 20 voces a la mía, porque la mía sola era insuficiente. Ese fue el primer sentido.

Segundo, encontré sentido en acompañar la soledad del líder. Los líderes del mundo empresario hoy viven en instancias de soledad al enfrentarse a la incertidumbre, pues el contexto que tienen por delante es inédito, y cuando quieren abrazarse al pasado, no encuentran en la experiencia una fórmula análoga.

A ese líder hoy hay que ayudarlo a organizar, animar, estimular voluntades hacia un destino o una dirección determinadas, con muchas incógnitas en el camino. A él le quise aportar una propuesta metodológica, impulsándolo a valorar el error, porque es el precio de caminar en equipo, y necesita equipos honestos que conversen para detectar problemas y resolverlos. Ese fue mi segundo sentido. Pero cuando hablo de equipos, me estaba faltando el tercer sentido, inspirar protagonismo a sus equipos. Porque la incertidumbre la contrasta en protagonistas con coraje, convicción, creatividad, resiliencia.

El líder invita al protagonismo, pero solo puede comprometerse con el compromiso de cada uno de los protagonistas. Ambos, líderes y protagonistas, van a resolver con capas de emocionalidad y racionalidad un tránsito por ese desconfort de reaprender continuamente y adquirir valor. Lo que los va a distinguir va a ser el amor y la pasión por lo que decidieron hacer, y la actitud con la que van a enfrentar aquellos que no eligieron hacer, pero se presentó. Esto tenía sentido también, pero me faltaba algo más. ¿Qué sentido tenía para mi vida?

Fueron muchos años de mi vida liderando proyectos, desafíos, intentando armonizar objetivos, metas y propósitos de organizaciones con mi propósito personal y mi fe. Y era esta la que justamente me ayudaba siempre a discernir cuando las cosas no surgían tan claras, pero siempre tenía al otro demasiado postergado. Me aclaró la situación cuando empecé a preparar mi transición de salida del mundo corporativo y encontré en el mentoring un espejo basado en el otro, que metodológicamente me obligó a pagar bastante del ego y la autosuficiencia que tenía, y que sigo atento para que esté siempre presente, y darme cuenta escuchaba bastante poco. Ese ejercicio que comencé tres años atrás cambió la mirada, me sorprendió, alimentó esas voces, esas conversaciones, y me di cuenta que por ese lado estaba el camino. Y ahí estaba mi misión, en poner a disposición lo aprendido para ese otro postergado”.

Sobre el autor

Gustavo Calveiro

Advisor y Mentor con más de 40 años de experiencia en lograr que los desafíos complejos de organizaciones y personas sean posibles.

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