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Seguir siendo humanos: diálogo en torno a Magnifica humanitas

Escrito por Portal Empresa
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En el marco del encuentro “Seguir siendo humanos”, organizada por el Centro Cultura Charles Péguy, el presidente de ACDE, Víctor Valle, junto a especialistas y diplomáticos, analizó el impacto de la inteligencia artificial. La urgencia de formar el carácter, evitar el “neo-taylorismo” y posicionar el criterio humano como el verdadero motor de la innovación.

 

La inteligencia artificial (IA) dejó de ser una promesa de ciencia ficción para convertirse en el tejido sobre el cual se construyen los negocios del presente. Sin embargo, su avance exponencial no solo interpela las métricas de eficiencia, sino la identidad misma del ser humano en las organizaciones.

Para debatir este cambio de paradigma se llevó a cabo el encuentro “Seguir siendo humanos – Diálogo en torno a Magnífica humanitas”, un espacio inspirado en la encíclica del Papa León XIV.

Organizado por la Fundación Camino Educativo y el Centro Cultural Charles Péguy, con el apoyo de la Escuela de Gobierno de la Universidad Austral y de ACDE, el panel central contó con la destacada participación de Víctor Valle, CEO de PIEPER AI y presidente de ACDE; Roberto Bosch, diplomático y exembajador argentino en España; y Jorge Vilas Díaz Colodrero, director del Observatorio de IA de la Universidad Austral. La moderación estuvo a cargo de Itatí Cabral, directora de Junior Achievement.

 

La IA llegó para quedarse: ¿Optimismo o distopía?

Víctor Valle inició su intervención desmitificando el fenómeno tecnológico actual. “La IA no es una moda pasajera, no es un hype. Llegó para quedarse”, afirmó de forma tajante. El empresario explicó que la capacidad de cómputo y la complejidad de los modelos avanzan a una velocidad exponencial, transformando radicalmente lo que las máquinas pueden hacer.

Sin embargo, Valle advirtió que la factibilidad técnica no debe confundirse con la obligación estratégica u ontológica. “No porque es posible hacerlo, las empresas deben hacerlo sí o sí. No hay que subirse por miedo a quedarse afuera, sino con criterio y con un para qué”, subrayó.

El presidente de ACDE compartió su experiencia al interactuar con distintas comunidades globales de tecnología, marcando un fuerte contraste en la percepción del futuro. Mientras que en ciertos círculos de Silicon Valley predomina un clima de pesimismo y visiones distópicas sobre la desaparición masiva del empleo, en grupos como Catholics in AI (Católicos en IA) el enfoque es superador. “Cuando uno tiene centrada su identidad como hijo de Dios, no tiene que temerle a nada. La IA viene para jugarme, ampliarme y desafiar mi sentido común”, reflexionó.

 

El peligro del “neo-tailorismo” y la reducción del hombre a datos

Uno de los mayores riesgos que enfrentan los líderes actuales es el sesgo productivista. Valle introdujo un concepto clave acuñado en los debates académicos recientes: el riesgo de caer en un “neo-tailorismo digital”. Esta distorsión ocurre cuando las empresas adoptan la IA exclusivamente para automatizar procesos y maximizar rendimientos de corto plazo, reduciendo a las personas a perfiles de comportamiento, consumos o simples puntos de datos.

“Los hombres de empresa, tengan o no formación teórica, llevan la filosofía a la práctica en cada decisión. Es fundamental implementar la IA con sentido y no automatizar por automatizar”. — Víctor Valle.

El directivo diferenció la cultura corporativa promedio de Wall Street —muchas veces presionada por la eficiencia inmediata— de la mirada del ejecutivo argentino, a la que definió como intrínsecamente más humana. “Nuestra cultura tiene mucho donde apalancarse positivamente. Tenemos desarrolladas habilidades sociales, vinculares y familiares que no son reemplazables por la IA, frente a sociedades que cayeron en la falacia del productivismo y degradaron sus vínculos profundos”, afirmó con optimismo.

 

El “Humano en el loop”: crear versus delegar

Para ilustrar cómo están reaccionando los países ante esta tecnología, Valle citó un reciente estudio de la firma Anthropic (creadora de Claude). El informe divide a los usuarios globales en dos grandes grupos: aquellos países que usan la IA para delegar su criterio y eliminar el esfuerzo de pensar, y aquellos que la utilizan como un elemento expansivo para aumentar su creatividad, iterar y diseñar cosas nuevas.

El dato destacado para la región es el salto cualitativo de la Argentina. En el último año, el país superó el promedio mundial en el uso de herramientas de IA destinadas a la iteración y la cocreación.

Para el presidente de ACDE, el rol del empresario es justamente fomentar este segundo uso. “Siempre debemos estar parados en lo que se denomina el ‘humano en el loop’ (el humano en el círculo), poniendo el criterio y el carácter ante cualquier propuesta o decisión del algoritmo”, enfatizó.

 

Desempleo, reskilling y la nueva Responsabilidad Social Empresaria

La reconversión laboral y el impacto en los puestos más jóvenes (junior) es otra de las alertas encendidas. Al automatizarse las tareas cognitivas básicas de análisis e investigación, se corre el riesgo de vaciar la base de aprendizaje de las organizaciones. “Sin juniors hoy, no tendremos seniors en el futuro. Además, si reemplazamos agresivamente los procesos, se pierde la memoria institucional tácita que reside en las personas”, advirtió Valle.

En este contexto, la Responsabilidad Social Empresaria (RSE) adquiere una nueva dimensión ética y estratégica: el reskilling o la reconversión de habilidades.

 

Habilidades clave para el futuro del trabajo:

  • Pensamiento crítico y curiosidad.
  • Creatividad y resolución de problemas complejos.
  • Empatía y habilidades vinculares.
  • Conocimiento general y sistémico de la materia.

Valle insistió en que las empresas deben ser proactivas en este puente formativo, blanqueando y abrazando el hecho de que sus colaboradores ya usan la IA en el día a día, potenciando a los “superusuarios” para elevar el nivel de todo el equipo.

 

El poder, la geopolítica y el valor de la subsidiariedad

El panel enriqueció la mirada humanista desde la óptica diplomática y académica. Roberto Bosch vinculó el desarrollo de la IA con la cultura del poder y los textos de Romano Guardini, señalando que el gran peligro actual es el anonimato y la dilución de la responsabilidad ética en las decisiones tecnológicas.

Para Bosch, las soluciones globales no vendrán exclusivamente “de arriba hacia abajo” o mediante burocracias internacionales, sino desde la base social. “La solución es la subsidiariedad. Empieza por cómo ejercemos el pequeño poder cada día, sigue en la familia como primera escuela de responsabilidad y justicia, y se traslada a las empresas y clubes antes de llegar al Estado”, explicó el diplomático.

Por su parte, Jorge Vilas Díaz Colodrero desmitificó el concepto de “inteligencia” en las máquinas, prefiriendo el término “inferencia algorítmica”. Advirtió que el modelo económico actual tiende a reemplazar el juicio moral por la eficiencia absoluta, volviendo obsoleto lo ineficiente. “Tareas propiamente humanas como la contemplación, la solidaridad y el cuidado del otro son, bajo esa métrica, ineficientes. Por eso, el papel de la educación y la universidad no es enseñar habilidades técnicas que vencen rápido, sino formar el carácter y el criterio”, concluyó el académico.

 

Conclusión: una ventana de oportunidad para Argentina

Hacia el cierre del encuentro, los disertantes coincidieron en que la IA nos obliga, paradójicamente, a definir con mayor nitidez qué es lo que nos hace verdaderamente humanos. Lejos de una mirada apocalíptica, el escenario se presenta como una oportunidad histórica para el país si logra conjugar su talento con una visión ética y estratégica.

“Por lo menos desde que nací, estas son las mejores condiciones históricas para la Argentina”, concluyó Víctor Valle. “La tecnología nos acercó al mundo y tenemos lo que hace falta: una cultura vinculante rica, talento, valores claros y los recursos naturales y energéticos que abastecen la cadena del futuro. Si hacemos las cosas medianamente bien, el camino es el progreso”, agregó.

 

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