Testimonio & Valores

El empresario y sus competidores

El presente extracto es un adelanto del libro ‘Un empresario en plenitud: Enrique E. Shaw’, de Sara B. Critto de Eiras. Fue extraído del Capítulo 2: Su pensamiento inspirador sobre la empresa y su misión.

Enrique Shaw respetó a los competidores no produciendo vidrio en demasía para venderlo a bajo costo para dejar afuera del mercado a los rivales. Aunque también cuando fue informado por el jefe de ventas sobre la existencia de una falta de ética de uno de los directores de las Cristalerías que se encontraba casado con una de las dueñas de una empresa competidora, puso los medios para que este director no continúe en ese puesto (entrevista personal CASINELLI, D. 2015).

Admitida pues la triple finalidad de la empresa, abordemos algunas de las aplicaciones de dichos principios:

a) Dijimos que la primera es «producir». Afirmación, a primera vista, banal. Pero si es así, consecuencia lógica es que la productividad (siempre que ésta no se obtenga a expensas de la salud o de la dignidad de los trabajadores) debe ser impulsada, pues adquiere un significado no solamente técnico y financiero, sino humano y aún moral. Esto es de aplicación no solamente a los obreros y a los factores externos a la empresa (legislación del trabajo, régimen impositivo, etc.) sino a los Dirigentes de Empresa, que por lo tanto tienen la obligación de ser eficientes y de rodearse de gente que lo sea. Si alguno no lo es, aún en el caso de ser el único propietario de los medios de producción de su empresa, falta a su deber, pues perjudica a la colectividad.

b) La segunda parte del primer objetivo es que los bienes producidos satisfagan auténticas necesidades humanas. Hay una jerarquía en las necesidades de una población determinada en un momento dado. No es lo mismo, en momentos de hambre por ejemplo, invertir dinero en aumentar la capacidad de producción de leche que en la de perfumes, aunque esta última pudiera ser más rentable . Por necesidades humanas se entiende las de los integrantes de todas las categorías sociales. La riqueza económica de un pueblo no consiste solamente en la abundancia total de los bienes, sino también, y más aún, en su real, eficaz y justa distribución para garantía del desarrollo personal de los miembros de la Sociedad, en lo que consiste el verdadero fin de la economía nacional (Juan XXIII, Carta encíclica Mater et Magistra, 1961: párr. 13).

c) Uno de los elementos constitutivos de una comunidad de trabajo dijimos que era proveer retribuciones adecuadas a los integrantes de la empresa. Pero esto no quiere decir que la empresa sea «una sociedad de beneficencia». Como toda persona física o moral tiene deberes, a veces muy graves, de caridad, pero normalmente si por cambios en la técnica, por ejemplo mayor uso de petróleo en lugar de carbón, quedan disminuidas las posibilidades de trabajo de los mineros de carbón, debe facilitárseles nuevos empleos a los mismos pero no necesariamente (salvo graves circunstancias y en tal caso con apoyo del Estado, es decir de toda la comunidad) mantener indefinidamente la producción de bienes que no se van a vender, pues ello significaría alterar el equilibrio de los fines de la empresa.

d) Se habla mucho, y con razón, de la necesidad de la unión de las clases sociales o de todos los integrantes de un mismo país frente a tal o cual peligro o flagelo social. La empresa, que es un lugar natural de encuentro donde miembros de los más diversos sectores de la sociedad durante varias horas por día tienden a un fin común, por lo tanto no debe ser un lugar donde se creen o intensifiquen las oposiciones de intereses o luchas de clase sino, al contrario, debe ser un campo e instrumento de un nuevo orden social donde se favorezca la unión de los hombres entre sí.

Sería una exageración, como hemos visto, asignar a la empresa un fin únicamente social y decir que su objetivo es producir hombres y no bienes; ello equivaldría a confundirla con una comunidad religiosa o una escuela. Pero es un error aún más grave dejar totalmente de lado el aspecto social de la empresa en provecho de su carácter económico y eliminar de ella todo contacto desinteresado, todo elemento propiamente humano, como lo hace la economía clásica capitalista (Joseph Folliet). De los bienes de carácter humano el primero que hay que procurar, el más eminente de todos, el que busca todo grupo en la medida en que tiende a su unidad, es la paz. La paz en la empresa significa comprenderse y ayudarse, la buena voluntad entre todos los que contribuyen a hacer la empresa lo que es, el trabajo en común en las condiciones lo más humanas posible de salarios, de higiene, de organización, de ejercicio de la autoridad” (SHAW, 2010: 99-100).

“Creo que en los momentos que vivimos las más urgentes aplicaciones de estos principios son: 1) Voluntaria reforma interior de la empresa, de modo de establecer el diálogo con sus obreros, interesándolos en la vida de la empresa, haciendo que las relaciones se establezcan teniendo en consideración la verdadera dignidad humana, tendiendo así a una comunidad de empresa. 2) Organización profesional que permita una democratización de la economía en que la libertad esté resguardada mediante un conjunto orgánico de instituciones autónomas. 3) Una economía ordenada y dinámica, y que, sometida a la ley moral, provea la base material del bien común y de la paz social” (SHAW, 2010: 32-33).

“Para lograr la comunidad a que aspiramos son necesarias varias condiciones, pero sobre todo es indispensable un auténtico y fraternal espíritu comunitario. Este está compuesto por muchos elementos, por los diversos aspectos con que se proyecta sobre la tierra una verdadera caridad. En nuestro país, uno de los que tal vez son hoy más necesarios que nunca es el querer COMPRENDER (“corazón capaz de comprender, de sentir la miseria de los otros y la nuestra, que eso quiere decir «misericordioso»”)” (SHAW, 2010: 193; 48). Así el Papa Francisco recientemente afirmó: “Todas las actividades humanas, también la empresarial, pueden ser un ejercicio de la misericordia, que es participación en el amor de Dios por los hombres” (FRANCISCO 2016, papa-francesco_20161117_conferenza-uniapac.pdf).

Es decir que lo económico es un medio que debe alinearse y someterse a lo social. Actualmente algunas empresas reconocen e invierten en actividades donde se promueve la cohesión social y la empatía que facilite conocerse entre sí los empleados a fines de que los integrantes busquen comprenderse y así sinérgicamente conseguir los objetivos en común. Enrique construyó en base a lo común y no acentuaba las diferencias y contradicciones que dividen. De este modo colaboró en hacer mejor la vida a los demás y a ser el primero en buscar “las soluciones adaptadas a las realidades siempre mudables” (SHAW 2010-47).

Sobre el autor

Sara Critto de Eiras

Sara Critto de Eiras

Abogada (UCA) y Magister en Matrimonio y Familia por la Universidad de Navarra (2012). Además realizó la Maestría en Derecho y Economía en la Universidad de Buenos Aires.

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