Management & Capital Humano

¿Equipo de trabajo o trabajo en equipo?

Marisol Cuadrado
Escrito por Marisol Cuadrado

Quizás sea uno de los términos más usados en nuestro mundo organizacional. El camino recorrido en estos escasos 20 años de trabajo en diversas modalidades, relación de dependencia, voluntariado, independiente, etc. me motivaron a compartirles algunas reflexiones fruto de mi búsqueda de felicidad durante mis horas de trabajo. Muchos añoramos y cada día intentamos aportar a la construcción y/o generación de equipos de trabajo con la centralidad en la persona.

Nosotros nos disponemos y orientamos todos los medios que tenemos a nuestro alcance para que cada uno encuentre “su lugar”, desde el cuál pueda poner en el equipo lo mejor de sí mismo, sus dones, talentos, sueños, capacidades y aptitudes, desplegando todas sus posibilidades de crecimiento personal y profesional.

Nuestra cotidianidad operativa, nos plantea multiplicidad de relaciones entre quienes participamos en un espacio de trabajo. Nos podemos preguntar ¿Cómo se construye el trabajo en equipo? Si dos personas tienen que interrelacionar laboralmente, ¿alcanza para construir equipos de trabajo? Persona e interrelación son conceptos vitales en la construcción de equipos de trabajo. El pensamiento económico dominante considera a las personas desde una perspectiva individualista y atomística. Pensamiento que no ha sido capaz de dar cuenta de los fenómenos económicos complejos (típicos de una economía globalizada y dinámica). Sus relaciones se instrumentan en busca del interés personal. Autores contemporáneos como Luigino Bruni y Stefano Zamagni (2003), sostienen que esa perspectiva no logra explicar los fenómenos complejos que acontecen en las organizaciones. Ellos reconocen en la persona su ser relacional, como tal se desarrolla en post de su relación con los demás. La definen con valores como comunión, gratuidad, relación, solidaridad.

Partiendo de esta realidad, la interrelación se sustenta en el principio de la gratuidad entendiéndose como don de si, y por lo tanto una persona se relaciona con otra distinta a sí misma ya no en función de lo que el “otro” le puede servir o dar para la organización (relación instrumental) sino desde lo que el otro puede y está llamado a dar, desde el sentido intrínseco.

  • Valorar cada persona cada idea,
  • Construir relaciones cada día,
  • Compartir experiencia, tiempo y darse uno mismo,-Ser el primero en ayudar a los demás,
  • Apoyar con acciones, no sólo palabras,
  • Relaciones con los competidores desde la lógica de la cooperación,

Son los pilares de la comunión en el trabajo, que concretan el trabajo en equipo, una propuesta concreta de la Edc, que se funda en la teoría que sostienen Zamagni y Bruni.

Valorar a cada persona, cada idea: Se comparte con libertad y generosidad talentos, ideas y capacidades a favor del crecimiento personal y profesional, de cada uno en particular y del equipo. Cada persona desde su disposición interna y con los medios que tiene a su alcance para encontrar “su lugar”, desde el cual puede dar lo mejor de sí, dones, talentos, sueños, capacidades y aptitudes; desplegando todas las posibilidades de crecimiento humano. Se crea un clima que favorezca la comunicación fluida, abierta y sincera, para expresar como se sienten los miembros del equipo, (lo que pasa por su corazón), nos reconocemos personas siendo la diversidad una riqueza, con el desafío de encontrar el don de la diversidad del otro. Esto nos desafía a realizar un proceso personal de aceptación primero a nosotros mismos, luego para con los demás; sino se puede caer en la pretensión de que “el otro sea como nosotros queremos”.

El desafío es que cada uno pueda ser auténtico, pueda ser quien es con todas sus virtudes y debilidades, por eso es clave generar y mantener un clima de respeto, confianza y apoyo recíproco. Se propone aportar a generar la posibilidad de que las personas se descubran, focalicen y utilicen al máximo su propio potencial para generar soluciones nuevas, creativas y vitales frente a las dificultades. Se trata de darse, dar lo mejor de cada uno. También se realiza el intercambio de ideas (de lo que pensamos) con todos, incluso con los que no comparten esta mirada. Los aciertos se van incorporando con el fin de que sean parte de la esencia e identidad de la comunidad de trabajo y los desaciertos se consideran como aprendizajes que permiten crecer, se intenta integrarlos para evitar repetirlos. En organizaciones con cultura profesional, se promueve que la dimensión técnica sea secundaria, que se nutra de las capacidades y relaciones humanas.

Construir relaciones cada día: Se procura generar encuentros con el otro, la cultura del encuentro requiere de nuestro esfuerzo, hay dificultades, y miradas encontradas, proceso que vale la pena de vivir porque genera efectos positivos, quienes lo vivencian se sienten plenos, vitales, se estimula su crecimiento, madurez y fluidez. Se identifican como comunidad laboral que genera innovación, creatividad y productividad y sostienen que son los que optimizan el desempeño y logran mejorar e incrementar los resultados. Reconocen la necesidad de revitalizar el ser y hacer. Muchas veces implica pasar de la obligación al compromiso, de las tareas a los resultados, de la asignación al desafío creativo, de lo individual al equipo y del salario a la pasión por el trabajo. Realizan experiencia de un estilo de trabajo dinámico, divertido, ágil y profesional. Promueven en las personas y en la cultura organizacional nuevas formas de pensar, de sentir, de analizar, de solucionar y sobre todo de actuar; generando un estilo de trabajo interdependiente y participativo; que crea un desarrollo humano integral, con dinamismo y entusiasmo que genera un cambio en la cultura. Se experimenta el trabajo desde el compartir y el sentir; con un proceso de reflexión y análisis siendo los trabajadores sujetos de su cambio personal y comunitario; que genera liderazgo participativo.

Compartir experiencia, tiempo y donación de uno mismo: Partiendo del concepto de persona y su consideración de tal como un todo incluyendo sus circunstancias, el trabajo se vive desde la realidad personal cotidiana, incluso con el presente personal. Se generan espacios con la finalidad de compartir gratuitamente y con libertad, la posibilidad de expresar como se está, que se está viviendo, para mejorar la comprensión entre los miembros del equipo, siendo la confianza el valor que lo permite. Además se instrumentan reuniones con la finalidad de comunicar sobre la calidad de las relaciones interpersonales incluyendo las situaciones cotidianas difíciles. Si bien se dispone y se usa la tecnología, con regularidad se procura que los encuentros sean presenciales.

Creemos que la manera concreta de valorar a cada persona por motivos intrínsecos, genera un compromiso mayor que el que se logra por medio de incentivos, o como el que se busca con distintas técnicas de gestión de recursos humanos. Además se generan bienes relacionales, según Benedetto Gui (1986), las relaciones interpersonales producen bienes que no tienen precio, pero sí, un gran valor, se refiriere a los bienes en la relación entre las personas.

Desde esta perspectiva, cuando en las organizaciones elaboran los cargos y funciones, alcanzan una escucha profunda y sincera de los empleados y toda la comunidad laboral. En las organizaciones que gestionan desde el paradigma tradicional, muchas veces son aspectos que en la cotidianeidad quedan afuera por falta de tiempo. Y por sobre todo disfrutamos del trabajo y en ese tiempo que no estamos con nuestros seres queridos, nos reconocemos con el otro y comenzamos a generar lazos de fraternidad.

Sobre el autor

Marisol Cuadrado

Marisol Cuadrado

Contadora con postgrado en Administración (UBA), diplomada en Doctrina Social de la Iglesia con Orientación en Liderazgo Público y acompañamiento de procesos comunitarios. Participa de Economía de Comunión.

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