En primera persona

Fundación Pescar, la ‘franquicia social’ que transforma empresas y a los jóvenes

En la antesala de ArgenThink, la Jornada Anual ACDE Joven, Carlos Estivill responde a Revista Empresa el alcance de Fundación Pescar, entidad en la que es Coordinador de Programas y sobre la que expondrá en la jornada del martes 6 de noviembre.

¿Cómo funcionan los Centros Pescar?

El modelo de desarrollo es básicamente el de una franquicia social. Los centros funcionan dentro de las empresas y se nutren permanentemente de la cultura corporativa de cada uno de nuestros socios en la implementación. El hecho de que los jóvenes se capaciten dentro de las compañías es uno de los fuertes diferenciales que tiene Pescar en relación a otras iniciativas de capacitación tanto gubernamentales como del tercer sector.

Tenemos que entender que la brecha por la que los jóvenes en situación de vulnerabilidad de nuestro país no consiguen empleo no es técnica ni de conocimientos, es cultural y social. Lo que hacemos en los Centros es nivelar la cancha para que tengan las mismas oportunidades. Trabajamos con chicos que muchas veces no tienen un sólo familiar con un trabajo formal. Para ellos, conocer una empresa, que los mismos empleados los capaciten, compartir el almuerzo con ellos, sentirse parte, son hitos fundamentales a la hora de percibir sus posibilidades reales de integración laboral.

Los Centros tienen una duración entre 5 y 9 meses dependiendo de cada compañía y del momento del año en que comienzan. La formación se estructura en 3 áreas: formación personal (40%), formación técnico profesional (40%) y uso de nuevas tecnologías (20%). En lo que se refiere al desarrollo personal, apuntamos a la consolidación de un proyecto de vida sólido y realista, que esté ligado al trabajo como elemento estructurante, integrando la posibilidad de desarrollar estudios superiores. Este apartado es el mismo en todos los centros, a diferencia de lo técnico que se estructura en función de las particularidades de la empresa y de su área de negocios. En la capacitación profesional, son los mismos empleados los que voluntariamente participan como capacitadores, con quienes desarrollan tareas en sus sectores y quienes los acompañan en su trayecto.

¿Qué tipo de empresas se buscan a la hora de hacer un Centro y que beneficios tienen para también para el sector empresario?

Desde la Fundación trabajamos con multinacionales, con PyMes, con Universidades y con otras organizaciones. Entendemos que todos tienen el potencial para aportar y sumarse al desarrollo de un Centro Pescar o de otro de nuestros programas. Tenemos empresas socias que no tienen capacidad de financiar un centro, pero sí canalizan su voluntariado corporativo a través de uno. Otras son nuestros socios a partir de la puesta a disposición de sedes de capacitación en sus instalaciones. Otros están empezando con un programa de empleo a término fijo de 3 meses con egresados nuestros para poder darles la primer posibilidad de trabajo formal. No hay una fórmula única. Estamos en un momento de desarrollo en el que lo que buscamos son aliados confiables, en los que por supuesto, nosotros también inspiremos confianza.

¿Cuántos Centros Pescar están funcionando en la actualidad? ¿Cuántos jóvenes participan anualmente en el programa?

Hoy tenemos 26 Centros Pescar en 7 provincias y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En las implementaciones que son estrictamente Centros Pescar, tenemos 450 jóvenes en formación, que se suman a más de 300 en otros programas de capacitación integral.

¿Podría comentar alguna anécdota o experiencia personal en donde se vea claramente cómo dar herramientas adecuadas y una oportunidad puede favorecer la inclusión de sectores vulnerables en la economía formal?

Las historias de superación de los egresados del programa realmente son cientas desde que comenzamos. Hoy tenemos jóvenes que pasaron por Pescar que son bioquímicos, jefes de contaduría de las empresas donde trabajan, médicos. Todo a partir de haber tenido la chance de trabajar, y de empezar desde un empleo formal la construcción de su proyecto de vida adulto.

Más allá de esto, se me vienen 2 ejemplos concretos que tienen que ver con el efecto multiplicador de nuestro accionar. El primero tiene que ver con una participante que lamentablemente sufre la pérdida de la madre, que era la jefa de hogar. Ante esta situación, la hermana más grande le pide que deje Pescar para ir a trabajar como vendedora ambulante con ella. Esto para nosotros era una deserción casi segura. Terminó con la hermana trabajando en la misma empresa donde ella se estaba capacitando, con ella terminando el secundario y su formación, y con ambas siendo compañeras de trabajo hasta hoy. En la misma línea, muchos casos empleados de una compañía que le han conseguido entrevistas laborales a los egresados en otras empresas, y que los siguen acompañando.

El segundo ejemplo tiene que ver con lo que se genera en la previa a un Centro Pescar, y que nos pasa cada vez más. Por lo general la convocatoria se realiza en los últimos años de colegios secundarios de gestión pública o privada con población en situación de vulnerabilidad que sean cercanos a la sede de funcionamiento. Con las empresas que trabajamos hace tiempo, es recurrente realizar el proceso de selección en las mismas escuelas año tras año. En determinadas localidades, nos empezó a pasar que tenemos jóvenes que se cambian de colegio para poder participar. ¿Se imaginan cambiándose de colegio en el último año sólo por tener la oportunidad de tener una entrevista para entrar a un curso de capacitación?.

¿Qué iniciativas públicas y privadas serían necesarias para dar escala a estos proyectos de integración social?

En línea con el ejemplo anterior, hoy por cada 20 cupos de capacitación disponibles tenemos alrededor de 200 inscriptos. Es un universo inabarcable desde el tercer sector, a pesar de que cada vez llegamos a más jóvenes. Esto es lo que necesitamos revertir. La escala viene dada de la posibilidad de generar nuevas alianzas. Desde Pescar estamos seguros que hay gente que puede comprometerse con la realidad del empleo juvenil en Argentina que hoy no lo hace. Y en una enorme proporción, no lo hace porque no sabe que lo puede hacer, ni qué tiene para aportar. Esto vale tanto para el sector privado como para el público.

En relación a las políticas públicas, siempre nos paramos en lo mismo.La importancia del primer empleo puede compararse con la de una buena nutrición en los primeros años de vida. Esto quiere decir que vamos a ahorrarnos como estado y como sociedad muchísimos recursos en políticas reactivas si operamos en serio, con estrategias sólidas y metodologías probadas en ese preciso momento. Hay varios programas del Ministerio de Trabajo por ejemplo, que no terminan de dar los resultados esperados. Para eso tenemos que estar las organizaciones de la sociedad civil. En un punto la transferencia de buenas prácticas tiene que darse, esperemos que más pronto que tarde. Cuando abrimos nuestros resultados de empleabilidad efectiva de los egresados, que hoy está en un 75%, hay interlocutores que realmente les cuesta creerlo.

En lo que se refiere al sector privado, es una cuestión de cambio de paradigma que viene sucediendo. Por un lado, las políticas de sustentabilidad en el último tiempo se están alineando con el core del negocio, y por otro en muchas compañías el área sigue siendo un apéndice poco integrado.
Pintar un jardín de infantes, construir una solución habitacional, donar alimentos al comedor de la zona. Siguen siendo opciones más que válidas y necesarias, pero además de las opciones netamente filantrópicas que se puedan llevar a cabo, también necesitamos que se sumen a encontrar las soluciones de los problemas que venimos arrastrando hace tiempo y que además se están agudizando. Este es un poco el desafío. No aportar sólo plata, que si bien es fundamental, está más que claro que no alcanza. Abran a sus empleados a la sociedad, abran las empresas a la sociedad, pongan en evidencia qué es lo que mejor hacen. Creo que esa es una de las contribuciones sustanciales que necesitamos del sector privado.

La digitalización de las empresas está provocando fuertes cambios en el ecosistema del trabajo: ¿Qué valores y enseñanzas enseñan a los jóvenes para prepararse a este nuevo escenario?

Desde Pescar partimos de una premisa básica que es no preparar a los jóvenes para UN trabajo sino para EL trabajo. Esto supone la necesidad permanente de verificar y monitorear nuestro accionar con las prácticas del mercado, que como ustedes saben bastante mejor que yo, son dinámicas y cambiantes. No es casual que destinemos la misma cantidad de tiempo en formarlos en un área técnica que en desarrollar sus habilidades blandas. Esto es una declaración de principios sobre dónde creemos que está el origen de la dificultad para insertarse, pero mucho más importante, sobre dónde está la garantía de que pueda sostenerse en el mercado de trabajo.

En todos nuestros Centros se desarrollan módulos de e-learning, integramos la capacitación con los contenidos online que pueda tener cada una de las empresas, y sobretodo, hacemos hincapié en hábitos de uso de la tecnología. En los grandes y medios centros urbanos de Argentina no tenemos diferencias tan sustanciales en parámetros de acceso a la tecnología por estrato social. Lo que tenemos son diferenciales de uso, y a eso tenemos que apuntar.

Hace un tiempo se publicó un estudio sobre los riesgos que la automatización del empleo y la inteligencia artificial podían generar para el empleo. De una lista de 40 países en estadio de desarrollo intermedio, Argentina era el más expuesto. Como en otras áreas, lo que no podemos esperar es a que llegue la ola para aprender a nadar.

¿Qué mensaje puede dejarles a los jóvenes socios de ACDE y otros jóvenes empresarios y emprendedores?

Creo que es un tanto presuntuoso “dejarles un mensaje”, pero aprovecho para tratar una cuestión final. Desde Pescar capacitamos a los chicos en varios temas, pero hay algunos que para ustedes son realmente obvios: cómo vestirse para ir a una entrevista, cómo hacer un cv, cómo hablar con un compañero de trabajo o con un jefe en un entorno laboral, cómo usar una bolsa de trabajo web. El problema no es que para ustedes sean obvios, el problema es que para ellos son demasiado extraños. Probablemente, cuando ustedes iniciaban sus trayectorias laborales, había parte de estas cosas que aún no sabían. La diferencia probablemente sea que tenían a quién preguntarle. Y esa es una de las cuestiones que podemos traspolar a muchísimas de las cosas que vivimos como país. ¿Con un 50% de la economía en negro, cómo queremos que los jóvenes que están en los 2 o 3 deciles inferiores de la pirámide de ingresos sepan cómo manejarse en un trabajo formal?.

Por último, aprovecho para invitarlos a acercarse a la Fundación Pescar. Estoy convencido que vamos a encontrar la manera de trabajar juntos.

Sobre el autor

Pedro Ylarri

Pedro Ylarri

Periodista especializado en economía y negocios. Trabajó en medios como la Agencia DyN, Editorial Perfil y El Cronista Comercial. Hoy es director de yCon Media y profesor de la UCA. Miembro del staff de redacción de Portal Empresa.

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