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¿Grieta y pobreza dos caras de la misma moneda?

Gustavo Carrara
Escrito por Gustavo Carrara

Monseñor Gustavo Carrara presenta los apuntes del panel “Grieta y pobreza: ¿dos caras de la misma moneda?”, realizado durante en XXI Encuentro Anual ACDE, en el que participaron Norma Morandini, Roberto Lavagna, Alfonso Prat-Gay y él mismo.

En nuestro país resulta imprescindible para la amistad social superar la grieta con los últimos, con los más pobres. Esta grieta – si se puede llamar así- es más profunda que las grietas políticas o ideológicas. “Sobre todo  será necesario abandonar una mentalidad que considera a los pobres –personas o pueblos-, como un fardo, o como molestos e inoportunos, ávidos de consumir lo que otros han producido.”[1]

Como dice Adela Cortina el rechazo al pobre es un desafío para la democracia.[2] Es que vivimos un proceso de deshumanización acelerado. Se niega al prójimo. Se elige quien es prójimo y quien no lo es. Se levantan muros.

Estamos en un encuentro de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa. En el ADN de su constitución – basta recordar  la figura de Enrique Shaw- está el buscar incorporar la mirada del Evangelio en el mundo de las empresas.

¿Cómo mira Jesús a los más pequeños, a los más pobres? Recordemos la escena evangélica de la ofrenda de la viuda: “El Evangelio nos presenta un acontecimiento muy pequeño, algo que pasó en dos segundos, y fue tan rápido y se realizó tan secretamente, que nadie se enteró. El único que se dio cuenta fue Jesús. Él lo valoró y así se lo hizo notar a los discípulos. Y de allí se convirtió en un gesto grande, en una enseñanza para todos… Dos moneditas que no hicieron ruido como hacen las monedas grandes de plata, pero su tintineo resonó como una plegaria en el Corazón de Jesús. Ella confió y se jugó entera a poner toda su esperanza en las manos de Dios. Su lógica fue: si yo estoy mal, voy a ayudar a otro que esté peor que yo y con este gesto le voy a rogar al Señor que se acuerde de mí y bendiga a mis hijos”[3]

En los barrios populares hay una multitud de estos gestos. Es así que ese pan que con sudor y esfuerzo se ganó para llevarlo a la mesa familiar, en las manos invita a ser compartido y es por eso que donde comen ocho comen diez, o bien se da esa tendencia a recibir en el seno de la familia al que está enfermo y viene de lejos, o ese juntarse para ayudar a hacer la losa del vecino para que su familia viva con más dignidad. Alguien se podría preguntar ¿Cuánto pesan esos humildes gestos frente a tanta injusticia y tanto dolor? Si estamos como Jesús a la pesca de estas pequeñas obras de amor, descubrimos que son muchas y que son mucho más “eficaces” que esa “mano invisible” que dicen que todo lo solucionará, pero que nunca termina de llegar a las periferias existenciales.

Jesús sienta a su mesa, nos invita a pasar de la generosidad a la comunión, a buscar la amistad con los pobres. Jesús nos invita a dejarlos de ver como objetos, y a empezar a reconocerlos como sujetos.

¿Qué quiero decir con esto? Únicamente esta familiaridad a la que nos invita Jesús, permite descubrir en profundidad que los pobres no sólo dan que pensar, sino que piensan; no sólo despiertan sentimientos, sino que sienten; y sobre todo no sólo padecen la injusticia sino que luchan contra ella, son protagonistas en la búsqueda de la justicia social. Esto no es populismo, es simplemente respetar al otro en cuanto otro, su cultura, su lenguaje, su modo de razonar, su ritmo, sus símbolos.

Por consiguiente “En este diálogo sobre el desarrollo, todas las visiones son necesarias, pero en especial aquellas voces menos escuchadas, las de las periferias.” [4]

La deuda social es la gran deuda de los argentinos, no se trata solamente de un problema económico o estadístico. Es principalmente un problema ético que nos afecta en nuestra dignidad más esencial. Detrás de las estadísticas –nunca hay que olvidarlo- hay rostros e historias. La deuda social genera graves daños sobre la vida concreta de personas, las hiere profundamente en su dignidad.[5] Es necesario proteger a los más frágiles frente a los modelos “exitistas” que no le encuentran sentido al invertir para que los que menos oportunidades han tenido, los menos dotados, los más débiles, se abran camino en la vida. [6]

Estamos hablando de poner en el centro de la discusión la dignidad humana. Pensando en el bien común necesitamos imperiosamente que la política y la economía, en diálogo, se coloquen decididamente al servicio de una vida digna para todos.

El trabajo es la clave de la cuestión social, la persona florece por el trabajo, es la clave a su vez del desarrollo. De aquí el imperativo ético de mantener las fuentes de trabajo, de crear nuevas en la medida en que aumenta la rentabilidad económica y de garantizar condiciones dignas para los trabajadores.[7]

Los argentinos estamos esperando que el mundo traiga inversiones y somos nosotros los principales inversores fuera del país. El Papa Pablo VI refiriéndose al uso del capital invitaba a valorar seriamente el daño que la transferencia de capitales al extranjero, por puro provecho personal, puede ocasionar a la propia nación.[8] ¿Cuántos miles de millones de dólares hay fuera? El capital podríamos decir también tiene patria.[9] Se debe invertir mayoritariamente donde se ha generado, y sobre todo mirando los niveles de pobreza en los que vivimos.

 

Referencias

[1] CA 28  SS. Juan Pablo II: “Centesimus Annus” Carta Encíclica en el centenario de la Rerum Novarum. 05/01/1991

[2] Adela Cortina. Aporofobia, el rechazo al pobre. Un desafío para la democracia. Paidós.

[3] Cardenal Jorge Mario Bergoglio, Buenos Aires, 7 de agosto de 2003

[4] Papa Francisco. Carta al Cardenal Turkson con motivo de la conferencia internacional “De Populorum Progresio a Laudato Si”. 23 de Noviembre de 2017.

[5] Cfr. Cardenal Jorge Mario Bergoglio. Charla en el seminario sobre “Las Deudas Sociales”. 30 de setiembre de 2009.

[6] Cfr. Papa Francisco. Evangelii Gaudium. Nº 209

[7] Cfr. Papa Francisco. Carta al Cardenal Turkson con motivo de la conferencia internacional “De Populorum Progresio a Laudato Si”. 23 de Noviembre de 2017.

[8] Cfr. PP 24. SS. Pablo VI, Populorum Progressio Carta encíclica  sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos. 26/03/1967

[9] Cfr.  Cardenal Jorge Mario Bergoglio. Charla en el seminario sobre “Las Deudas Sociales”. 30 de setiembre de 2009.

Sobre el autor

Gustavo Carrara

Gustavo Carrara

Monseñor Carrara es obispo auxiliar de Buenos Aires e integrante del Equipo de Sacerdotes de Villas de Emergencia (Vicario Episcopal para la Pastoral de Villas).

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