Testimonio & Valores

¿Por qué toleramos (o no) la corrupción?

María Marta Preziosa

No soy un traidor a los de mi clase.
Soy un ejemplo extremo de lo que un trabajador puede lograr.

Thomas Shelby, Peaky Blinders (S.4. Ep.4)

Mucho tiempo atrás, con ocasión de una capacitación in company en temas de ética y compliance para todo el personal de una empresa, viví una situación inesperada. El equipo comercial no estaba dispuesto a firmar el código de ética. En medio del taller, se levantaron todos juntos tras su líder y abandonaron la sala. El argumento esgrimido para no firmar rondaba alguna cuestión legal. Pero lo interesante fue que, en el resto de los asistentes al taller -que sí firmaban y con ello aceptaban formalmente no recibir regalos de ningún proveedor- cundía la desazón:

– “Ellos pueden recibir beneficios extra y nosotros no”.

El longplay de la envidia- Lado A

Es así, parece que el deseo de acceder a un lugar “privilegiado” por la cantidad de oportunidades de recibir “incentivos extra” puede ser uno de los motivadores para estar tanto a favor, como en contra de la corrupción. Según de qué lado estés.

Déjeme contarle estimado lector, alguna que otra conversación de aula y taller. No quiero ser auto referencial, pero es que el debate con adultos (unos 400 por año) es la ocasión más apropiada que dispongo para reflexionar sobre el discurso moral que circula en nuestra sociedad.

Envidia – Lado B

En otra oportunidad, luego de explicar la noción de conflicto de intereses e ilustrar con un ejemplo que estaba en los diarios de esa semana, un participante me espetó:

– “Quizás Ud. critica por envidia. ¿Por qué él no puede disfrutar de lo que logró y se merece?”

¡Interesante!

Circula por ahí una línea argumental que vincula de modo lineal el esfuerzo realizado (trabajo, estudios) con los logros y beneficios obtenidos (cargos, sueldos, lugares privilegiados). En este sentido, por ejemplo, se manifestó el presidente hace poco: el mafioso prepotente gana algo sin hacer nada y encarece las operaciones de la empresa.

¿Cuál sería el argumento entonces? La corrupción no es tolerable si “la ejercen” quienes no han hecho méritos suficientes para estar donde están y, por consiguiente, es tolerable si hubo esfuerzo y méritos para llegar a ese lugar en el que es posible beneficiarse con la corrupción. Es decir, transitando el imaginario vector envidia-privilegio como clave de interpretación del discurso la conclusión sería: para algunos, la corrupción no es tolerable porque solo algunos privilegiados acceden a sus “beneficios” y, para otros, no es tolerable que todos quieran acceder a ellos.

¿Qué piensa Ud. Lector? No sé, para mi esta es una pista para seguir investigando.

La grieta y la corrupción

Otro motivo-argumentación para tolerar (o no) la corrupción en considerarla una forma de “equilibrador” social. En realidad, esta “explicación” transita, creo, el mismo vector envidia-privilegio. A ver, ¿Ud. que dice?

En una ocasión un participante comentó sobre un fraude ocurrido en el lugar donde trabajaba por un centenar de millones. El resto aplaudió.

– ¿Por qué aplauden?

– Porque sacarle algo al que tiene demás, está bien.

En esta línea, es muy interesante el planteo de la serie británica Peaky Blinders (BBC, 2013-…). Dicen que es la anti-Downton Abbey (NBC, 2010-2015) ya que no muestra castillos ni nobleza, sino la clase obrera en Birmingham en los años 20. Una potente combinación de buena música con inmigrantes, pobreza, guerra, hollín, mafia, yunques, apuestas, alcohol, fábricas, comunismo y desempleo.

El líder de la familia Shelby, gitana, marginal, busca denodadamente salir de los negocios ilegales y violentos que han hecho de su familia una banda poderosa, temida y adinerada que controla policías y jueces. Pero ese esfuerzo de tratar de pertenecer a la sociedad respetable y aristocrática, que incluye una fundación para la caridad, es vano. Tommy Shelby no lo está logrando y casi le matan a su hijo:

-: …aprendí algo en estos últimos días. Esos h*** de p*** son peores que nosotros. Políticos, jueces de m***, señores y damas de la sociedad. Son peores que nosotros y no importa cuán legítimos lleguemos a ser, nunca nos admitirán a sus palacios debido a lo que somos, a quiénes somos y al lugar de m*** de dónde venimos. Nuestra Ada [su hermana comunista] “se avivó” con eso de la revolución. Supo que se trata de obtener lo que quieres a tu manera. (S. 3. Ep. 6)

¿Queremos un cambio cultural?

Mucho para pensar y actuar. El mérito, la suerte, la envidia, el esfuerzo, el privilegio, la equidad, la movilidad social, las oportunidades, la identidad.

¿Le parece la corrupción se resuelve con prisión o incentivos económicos?

Seguiremos indagando.

Sobre el autor

María Marta Preziosa

María Marta Preziosa

Dra. en Filosofía por la Universidad de Navarra. MBA por IDEA. Programa de Investigación y Docencia en Ética y Empresa. Facultad de Ciencias Económicas, Pontificia Universidad Católica Argentina

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3 comentarios

  • Primeramente debo presentarme; soy hombre comùn,(de a piè que le dicen), no tengo amplios estudios ni tìtulos, pero ya llevo caminando 71 años sobre la tierra, haciendo males Indeseados y bienes conscientes, y opino que desde que nacemos, somos sometidos a dualidades; frio/calor : placer/dolor y podrìamos seguir hasta agotar el espacio, pero el bien y el mal es necesario que convivan sobre la tierra, y es necesario adaptarse a èsto, pero no aceptar el mal, sino considerarlo como una presencia indeseable en nuestros caminos, es necesario saber que està allì, para apartarnos de èl o abrazarlo segùn nuestros deseos, que son tendientes al bien ò al mal, como habremos aprendido en nuestra infancia, asì es necesario que se destaquen èstas dos formas de personalidades, y cada uno tendrà su paga por parte de la vida misma.(todo vuelve, dicen).-

    • Si, correcto, todo vuelve, por eso para que el bien vuelva debemos dejar de ser indiferentes y luchar contra el mal.
      No tolerar la falta de transparencia ni el mínimo acto de corrupción.
      Mientras quienes pensemos y actuemos así seamos una infima minoría no habrá esperanzas de aspirar a una sociedad mejor.
      Asumámoslo.

    • Si, correcto, todo vuelve, por eso para que el bien vuelva debemos dejar de ser indiferentes y luchar contra el mal.
      No tolerar la falta de transparencia ni el mínimo acto de corrupción.
      Mientras quienes pensemos y actuemos así seamos una infima minoría no habrá esperanzas de aspirar a una sociedad mejor.
      Asumámoslo.