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Requiem al Sistema Argentinófago

Cuando un viernes genial hizo olvidar con creces un sábado bárbaro.

Nuestro teatro Colón albergó un viernes genial el 30 de noviembre. Cicatrizó la pústula de un sábado 24 vergonzante y bestial. Ambos “productos made in Argentina”. La joven y creativa que emerge enhiesta y esperanzadora entre décadas de tinieblas, y la vergonzante y moribunda del estilo corrupto y atado con alambre. Sorpresa: derroche de arte infinito sobre el escenario del Coliseo fruto de calidad, talento, creatividad, esfuerzo, y vuelo sutil. La emoción fue luz al final del túnel. Hasta en la calle una protesta acordada, dejó expresar la diversidad sin piedras ni edificios destrozados. Paralelizando con Machado, Serrat y Fidanza referenciando la España, hay un argentino que quiere vivir y a vivir empieza. Jóvenes no contaminados de pasado, intuyen la Patria distinta por la que no transitaron.

Las primeras notas de ARGENTUM fueron parto simbólico del Requiem al Sistema Argentinófago. ¿Los jóvenes músicos y bailarines habrán sido el nuevo amanecer liberador de las conductas argentinofágicas? Un país donde las dosis no funcionan, las normas devienen en inútiles pues los que debieran aplicarlas, faltan a su deber aduciendo que no es políticamente adecuado. Cambalache de Discepolín asimilando a un burro con un gran profesor, el mejor alumno asimilado al peor por la carencia de aplazos.  ¿Tiempos de fervor creador, de paz engarzada en el esfuerzo y de la razón de la sindéresis (todo ser humano posee la aptitud de distinguir lo que está bien de lo que está mal) desplazarán a la violencia ya cotidiana? ¿Empezó el velatorio del hartazgo y la búsqueda sensata de la vuelta a la vida?  Una caótica minoría violenta finge, exagera, carece de escrúpulos, corrompe. El barrabravismo de forajidos hace trizas los valores sociales que son solo para la “gilada” e invade a la ciudadanía con accionares cavernarios. Reclamos legítimos acuñados durante años se transforman en impaciencias de vida o muerte. Los autores de violencia exigen la magia que convierta el sapo tolerado siempre, en el príncipe jamás poseído. El diálogo es enarbolado como una bandera a la cual jamás van a honrar. Desde el escenario la reflexión toma la forma de música.

Lo posible será sólo sin violencias. La Argentina beligerante luce rancia, inarmónica, e inmoral.  Algunos abrazan el desinterés con un miope “Quélevachaché”. No pocos aplican sus energías únicamente a la protesta. Los restantes simulan de victimarios perennes y alquilan sus anatomías ocupando metros cuadrados. Hoy los argentinos claman por protección ante la utilización como materia prima ambulante en denigrantes actividades deportivas, políticas, o sindicales.

 

EPÍLOGO PRETENDIDAMENTE ESTIMULANTE

Un vistazo al finalizado G20 percibe como una épica jamás construida por esta Argentina y su gente. El esfuerzo, la coordinación, el coraje y la calidad de haberlo sacado mucho más que a flote es un blasón incuestionable. Queda para mí que el shock emotivo nació producido por el coraje de la música, el baile, la coreografía del mundo que vendrá. ¿Un intangible alimento del alma se ha convertido en el mojón No. 1 de la era POST ARGENTINÓFAGA? El piberío talentosísimo liberando dosis enormes de alegría contagió la paleta de culturas allí presente. Sentí que empezábamos a desmalezar violencias. Me dejé volar e imaginé que retornan emociones positivas archivadas. Seguramente nuestra recuperación, no tendrá la velocidad mágica del reclamo del ciudadano común. La tolerancia para el bienvenir será parte de la receta. Empatía, creatividad, perseverancia y ausencia de arrogancia son los elementos del futuro. Argentina tiene – desorganizado – un stock maravilloso las 3 primeras, y habrá que ejercitar el bajo perfil para la 4ta. Desde las tinieblas del blanco y negro pasamos a un Technicolor de matices en este universo monocromático y con problemas inéditos. El tamaño de los cambios y la problemática exige a gritos unidad y fusión de nuestros esfuerzos. No hay lugar para fingir, ni para la exaltación vana de emociones batarazas, ni de hablarle al ciudadano vociferando. La negación de la verdad y el engaño serán por fin desvalores absolutos así como la tristeza crónica, la solemnidad acartonada y el pesimismo “por las dudas”.

La corrupción ya solo genera repugnancia en la sociedad. El castigo social será igual o peor que el penal. ¿Quienes se arrimarán socialmente a estos artífices del manejo desquiciado de los bienes del Estado? Argentina puede y debe exhibir su enorme talento para gestionar las emociones profundas. La alegría explícita matará la parquedad, la búsqueda incesante de la felicidad hará crecer el retorno de las inversiones de los insensibles. El tango dejó no fue lamento, y sí música de avanzada el sábado. Humor, capacidad de sonreir, nuestra exclusiva aptitud para lo gregario así como la medida ironía filtrando lo grotesco serán motivo de exportación a un planeta apto.  Quedará – ´por acuerdo tácito – estrictamente prohibido el  bajonear en todas sus presentaciones, especialmente el erosionar las expectativas de los jóvenes. Nuestros magisters en espontaneidad, que vuelen y floten sobre sus proyectos y fabriquemos un 2019 subrayando todo lo positivo. No poca patología nos lega la dosis acre de desesperanza exagerada por muchos que comunican. Sostengamos la fe en el inmenso Dios de cada uno. El concretar en obra la declamación de antaño, nos demanda volver a creer para volver a poder. Amen.

Sobre el autor

Ignacio González García

Ignacio González García

Contador, Catedrático Consultor, Síndico del diario La Nación y Director de IDEA.

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